El modelo de Kübler-Ross describe un recorrido que inicia con la negación, un mecanismo de defensa temporal donde el cerebro rechaza la realidad para amortiguar el impacto inmediato. A esta le sigue la ira, una fase dominada por la frustración, el resentimiento y reclamos ante la injusticia de la situación.
Posteriormente surge la negociación, un periodo en el que la persona intenta buscar soluciones ficticias o pactos internos para revertir el hecho. Al asimilar la inevitabilidad de la pérdida, se entra en la etapa de la depresión, caracterizada por una profunda tristeza, aislamiento y desmotivación, una respuesta que los expertos catalogan como natural y no necesariamente como un trastorno clínico. Finalmente, el proceso culmina con la aceptación, el estado de calma donde se asimila la nueva realidad y se aprende a convivir con la ausencia.
A pesar de la popularidad de este esquema, la salud mental contemporánea enfatiza que estas fases no se transitan de manera secuencial ni rígida. Los pacientes suelen experimentar retrocesos, saltarse etapas o manifestar varias de ellas de forma simultánea.
Debido a esta flexibilidad, la psicología moderna ha incorporado enfoques alternativos. Entre ellos destacan Las 4 Tareas del Duelo de William Worden, que propone un rol activo para el doliente (aceptar la realidad, procesar el dolor, adaptarse al entorno y reubicar emocionalmente el vínculo), y el modelo de Bowlby y Parkes, centrado en el tránsito desde el estupor inicial hasta la reorganización de la vida.
Los especialistas coinciden en que el duelo es un proceso único para cada individuo. Sin embargo, advierten que si el dolor se vuelve inmanejable o se genera un estancamiento emocional prolongado, acudir a profesionales de la salud mental es el paso fundamental para sanar de manera saludable.
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