Sábado 06 de junio de 2026
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Este señor era la voz de casi todos los muñequitos

Melvin Jerome Blanc no necesitaba usar su propio rostro para conquistar el mundo. Le bastaba con abrir la boca. El…

Este señor era la voz de casi todos los muñequitos
Este señor era la voz de casi todos los muñequitos
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Melvin Jerome Blanc no necesitaba usar su propio rostro para conquistar el mundo. Le bastaba con abrir la boca.

El nacimiento de las mil voces

Melvin Jerome Blanc nació en San Francisco en 1908. Desde muy niño descubrió que su garganta no era normal. Podía imitar cualquier acento, animal o motor. A los 16 años cambió la ortografía de su apellido de "Blank" (que significa blanco o vacío) a "Blanc" porque un maestro le dijo que nunca sería nadie y que su futuro estaba en blanco. El joven Mel decidió cambiar el guion de su vida para siempre.

El rey de la era dorada de la animación

En la década de 1930, Mel tocó las puertas de Warner Bros. Al principio lo rechazaron, pero su perseverancia venció al escepticismo. Pronto se convirtió en el motor invisible de los Looney Tunes. Si recuerdas tu infancia, recuerdas a Mel Blanc. Él era la voz de:

  • Bugs Bunny: Su icónico "¿Qué hay de nuevo, viejo?" nació de su ingenio.
  • El Pato Lucas: Un ceceo exagerado que escupía diversión.
  • Porky: El tartamudeo más tierno y famoso de la televisión.
  • Piolín y el Gato Silvestre: El tierno canario y su eterno perseguidor.
  • El Correcaminos: El veloz "¡Bip, bip!" que burlaba al Coyote.
  • Barney Mármol: En Hanna-Barbera, le dio alma al adorable vecino de los Picapiedra.

El milagro que salvó su vida

En 1961, un brutal accidente automovilístico dejó a Mel en un coma profundo durante tres semanas. Los médicos temían lo peor y las esperanzas se agotaban. Un día, su neurólogo intentó algo inusual. Se acercó a la cama y preguntó: "¿Cómo estás hoy, Bugs Bunny?".

Desde el fondo del coma, una voz débil respondió: "¡Qué hay de nuevo, viejo!".

El médico le preguntó entonces por Porky, y la voz respondió con su característico tartamudeo. Las personalidades que Mel había creado estaban tan arraigadas en su cerebro que fueron las que lo trajeron de vuelta a la vida. Tras despertar, grabó las voces de los Picapiedra desde su cama de hospital, rodeado de micrófonos y cables.

Un adiós con su frase eterna

Mel Blanc falleció en 1989 a los 81 años. Dejó un vacío imposible de llenar en la industria del entretenimiento. Para la historia quedó su última y más genial broma. En su lápida, por voluntad propia, se grabó el epitafio más famoso del mundo de la animación: "That’s all folks" (¡Eso es todo, amigos!).

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