Hermana Francisca, ejemplo de devoción: "Dios respondía sus oraciones"

Hermana Francisca, ejemplo de devoción cristiana: «Dios respondía a sus oraciones por los enfermos» (II)

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Hermana Francisca, ejemplo de devoción cristiana: «Dios respondía a sus oraciones por los enfermos» – Foto: Cortesía

Una vida consagrada a Dios, dedicada a los pobres y a la oración, en especial por la sanidad de los fieles. Muchos consideran que la Hermana Francisca tiene sobrados méritos para ser considerada una santa

Su nombre religioso permite inferir dónde se encontraban sus modelos de vida. San Francisco de Asís, ejemplo de sabiduría, simplicidad, pobreza, humildad y caridad; los ángeles custodios, enviados para auxilio de la humanidad. La hermana Francisca de los Ángeles eligió un nombre como religiosa y describió el camino que recorrería en esta tierra.

Escogió la congregación de las Hermanas de la Caridad Dominicas de la Presentación, fundada por Marie Poussepin, quien se dedicó al socorro de los desposeídos y que exhortaba a sus seguidoras tener «un vivo celo por la instrucción de la juventud, el cuidado de los pobres enfermos, el espíritu de pobreza y el amor al trabajo». 

El presbítero Danilo Calderón, canciller del Arzobispado de Maracaibo, señala que tuvo noticias de Francisca de los Ángeles por referencias de feligreses y de sacerdotes quienes hablaban de una hermanita “que visitaba a los enfermos, oraba por la salud de ellos y que orientaba a los fieles en la vida espiritual”.

 

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Luego, supo que otros padres ayudaban en la Casa de la Misericordia, fundada por ella, y que se turnaban para celebrar la eucaristía, que le tenían amor y devoción a la hermana Francisca. Fue así como se acercó a esta religiosa, llena de bondad y deseosa de dar más de sí, para la obra de Dios, en auxilio de los necesitados.

“Un día se me preguntó si estaba de acuerdo con ser capellán de la Casa de la Misericordia, a lo cual les respondí que yo estaba para el servicio, pero que debían solicitarlo al obispo porque ‘yo no me mando solo’. La hermana Francisca envió una carta al arzobispo de aquel momento, monseñor Ubaldo Santana, solicitándome como capellán, quien me autorizó para esa misión”, relata.

Esto ocurrió un año antes de que la hermana Francisca muriera, y desde su nombramiento el padre Danilo comenzó a asistir a la Casa de la Misericordia, para desplegar su labor como ministro del Señor. La confesión, orientación espiritual a quienes concurrían al lugar, celebrar cada sábado la eucaristía con el equipo de voluntarios, luego sería una misa cada día, lo cual le permitió en ese período ver la bendición que significaba para tantas vidas todo lo que allí ocurría bajo la dirección amorosa pero estricta de la hermana Francisca.

Pudo ver cómo pese a su avanzada edad, la religiosa seguía activa, participando de las rutinas, atendiendo a quien precisara de ayuda, de oración, de sanidad espiritual y física, coordinando las labores de caridad junto a sus colaboradoras.

 

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Cercanía con Dios y servicio al prójimo

“En nuestra fe cristiana existe una doctrina según la cual una persona va creciendo espiritualmente hasta alcanzar un alto grado y eso va por etapas. La hermana se consagró con la ilusión de vivir como la hizo la fundadora de la congregación. Conoció su vida y vio como ella se dedicó a socorrer a los necesitados”, refiere el presbítero Danilo Calderón.

Ella fue escalando, creciendo hacia adentro, en su vida de mujer devota, en la medida en que se entregaba más a las obras de caridad.  Vivió a la manera de Jesús, quien no vino para ser servido, sino para servir. 

“Cuando inició la vida religiosa le fue asignado trabajar en la escuela, en la educación. Enseñar al que no sabe, forma parte de las obras de caridad. Después de algún tiempo, en su crecimiento espiritual se suscitó en ella la inquietud y la necesidad de dar de comer al que no tuviera. Fue cuando se abocó a materializar una casa donde atender a los que tenían hambre y darles comida. Ella hacía bolsas con alimentos para estas personas, hacía listas con las voluntarias, para llevar un registro de cada necesitado”.

 

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Luego pensó en la obra de caridad de visitar a los enfermos junto a las voluntarias, oraba por su salud, les llevaba la comunión.

“Es decir, que su obra de caridad fue creciendo, ampliándose y diversificándose”, superando el estándar de la vocación de obediencia a Cristo. “Fue acercándose a lo que es una vida cristiana excepcionalmente espiritual. Algo muy elevado”.

«Las personas sanaban…»

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“Los fieles dan testimonio de que la hermana Francisco cuando le encomendaban orar por alguien, las personas sanaban. Dios escuchaba a la hermana Francisca y aquello que ella le pedía, Dios se lo concedía”, comenta el padre Calderón.

“Basta resaltar el ejemplo de Olga Tañón, que acudió a la hermana Francisca pidiendo por la salud de su hija y la jovencita, de forma excepcional, mejoró para sorpresa de los médicos. Por eso, cuando la cantante venía al país, la visitaba, conversaba con ella y ayudaba a la obra en beneficio de otras personas”.

Esos hechos hablan de una vida espiritual en crecimiento y va haciéndose más excepcional, más de lo normal.

También la hermana procuró atención médica para las personas, buscó médicos de diversas especialidades, que aceptaron participar en la obra. “Todos los pobrecitos que asistían eran atendidos y ayudados en la Casa de la Misericordia”.

 

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Tras los pasos de la santidad

El presbítero Danilo Calderón explica que, según el procedimiento de la Iglesia, le tocaría a una comisión que la Santa Sede designe, realizar un estudio sobre la vida de la Hermana Francisca. «Para ello se está haciendo un resumen de su vida, todo lo que hizo, para documentar la vida de la hermana Francisca. Puede ser una comisión que venga de Roma o que el Obispo designe acá».

Al ser consultado sobre una eventual proceso que lleve a los altares  a la fundadora de la Casa de la Misericordia, el sacerdote señala que su opinión es  «como la de cualquier persona que se vio favorecida por la ayuda de la hermana Francisca. Tuvo una vida santa, de oración, ella iba constantemente a la capilla del Santísimo y hacía oración delante de nuestro Señor. Eso forma parte de la vida cristiana y al hacerlo de manera constante, estable y permanente se considera una virtud».

En este contexto, la Iglesia Católica debe evaluar, además de su comportamiento, la armonía de las virtudes. Es decir, cómo fue creciendo en todas las virtudes cristianas. Fue pasando de su obra de misericordia al enseñar a quien no sabe y fue abriendo su misión a las otras áreas de la caridad, mientras se ocupaba de la edificación espiritual de todo aquel que recibía ayuda.

La congregación de las Dominicas de la Presentación de la Santísima Virgen  está dando los primeros pasos para plasmar toda la información sobre la vida de la Hermana Francisca, así como la recolección de los testimonios de quienes aseguran que, a través de ella, Dios les brindó sanidad y alivio.

El camino de santidad que inició en vida Francisca de los Ángeles y que impactó para bien a tantas personas, a siete años de su fallecimiento comienza a condensarse en páginas cargadas de testimonios y ejemplos de fe. 

 

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F. Reyes

Noticia al Día