Con solo 15 años y cursando 4.° año de torno en la Escuela Técnica Capitán Anselmo Belloso, el joven asumió la carga económica de una familia golpeada por la enfermedad y la adversidad.
En un país donde el día a día empuja a tantos a ingeniárselas para sobrevivir, ver a alguien vendiendo en la calle no parece una novedad. Sin embargo, hay imágenes que sacuden el alma y nos obligan a detenernos.
Eso fue lo que logró un video viral de TikTok del usuario @elgalaxy500, quien mostró a un adolescente ofreciendo tortas con una particularidad que conmovió a miles: llevaba puesto, de forma impecable, su uniforme de clases. No era simplemente un joven comerciante; era un estudiante que, apenas salía del liceo, se iba directo a trabajar.


Para conocer la verdadera realidad detrás de este video, el equipo reporteril de Noticia al Día, no se quedó solo con la escena de la calle; fuimos directamente hasta su hogar, una humilde vivienda ubicada en el barrio Sur América del municipio San Francisco. Allí encontramos a Juan Oberto, un joven de apenas 15 años cuya mirada refleja una madurez que llegó antes de tiempo, pero también una dignidad inquebrantable.

Juan cursa actualmente el cuarto año de bachillerato en la Escuela Técnica Capitán Anselmo Belloso, donde se especializa en Torno. Sin embargo, en sus tiempos libres, su mejor amigo es el horno de la casa. Aunque la lógica diría que a su edad solo debería dedicarse a los libros, él asumió con total seguridad y certeza que el trabajo honra y tiene claro que lo que hace no lo hace menos que nadie; al contrario, dignifica su vida.
Esta labor la conoce desde hace tiempo, pues ya vendía dulces en el propio liceo, donde sus profesores y compañeros de grado se convirtieron en sus primeros clientes para apoyarlo.

El amor a su familia
La carga que Juan lleva sobre sus hombros se mueve por el motor más puro que existe: el amor a su familia. Su madre, una mujer humilde que lleva la educación grabada en el corazón y la vocación, nos contó cómo empezaron en este camino.
Hace tres años, ella salía a caminar junto a sus dos hijos para vender tortas en la estación de servicio conocida como "El Carro Chocado", cuyo dueño les permitió trabajar allí con gran sensibilidad humana, convirtiendo ese espacio en un segundo hogar. Lamentablemente, una artrosis severa en la rodilla empeoró a tal punto que hoy apenas puede mantenerse de pie, impidiéndole volver a las aulas o seguir caminando para vende las deliciosas porciones.

Al cuadro familiar se suma su abuela, una señora mayor que se encuentra postrada en una silla de ruedas por la misma enfermedad y que ahora presenta una parálisis esclerofacial. Al no poder ayudar debido a su salud y su edad, ve con profundo orgullo cómo su nieto da un paso al frente. Sin dudarlo, Juan asumió el control económico y el rol de protector del hogar.

La vida de los Oberto ha estado llena de pruebas difíciles. Son personas sumamente humildes que llegaron a tener sus comodidades, pero un día salieron de casa y al regresar se encontraron con que les habían robado absolutamente todo, dejándolos de manos vacías. A pesar de ese golpe, su fe permanece intacta.
Son profundamente creyentes en Dios, a quien le agradecen cada día y en cuya voluntad confían plenamente. En medio de los momentos más duros en la bomba de gasolina, cuando el cansancio se notaba en los muchachos porque las ventas no marchaban bien, su madre guardaba un secreto en el pecho: "En mi corazón de madre yo sabía que todo esto era temporal, que íbamos a salir de esto", recuerda con emoción.


El niño detrás del trabajo
A pesar del enorme esfuerzo diario, Juan sigue siendo un niño. Le apasiona jugar al fútbol, aunque hace poco sufrió una caída que le ha dejado fuertes dolores en la espalda, un malestar que sobrelleva sin detener la producción de sus tortas marmoleadas y la gran favorita de sus clientes, la de piña.
Por su forma de pensar y al no estar de acuerdo con muchas de las invitaciones o conductas de los jóvenes de su edad, no tiene casi amigos. Prefiere concentrarse en salir adelante, batallando con materias como Biología, que confiesa que le cuesta un poco, aunque añade con una sonrisa que "no es imposible".

En los últimos días, a raíz del boom en las redes sociales, la vida en el barrio Sur América ha cambiado. Juan admite sentirse un poco abrumado; todos quieren hablar con él y la atención puede ser agobiante, especialmente porque a veces la supuesta ayuda se queda solo en palabras de quienes buscan la foto.
Sin embargo, las bendiciones reales también han llegado: el joven influencer Egar Vidal le obsequió un horno pequeño con mesas y sillas para que comience formalmente su emprendimiento, mientras que empresarios de la ciudad se acercaron para regalarle un mercado completo de comida, garantizando tanto el sustento de la casa como la materia prima para sus tortas.

Juan Oberto es el retrato del valor sincero y particular. Un chamo valiente de San Francisco que no se amilana ante la adversidad y que demuestra que el uniforme escolar y el trabajo digno pueden convivir cuando se lucha por el bienestar de los seres queridos.
Arelys Munda
Imágenes y video: Leila González
Noticia Al Día