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lunes, marzo 4, 2024
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37 mil metros cuadrados de pestilencia, indolencia y mentiras: El hueco detrás del Alejandro Borjas

La historia del hueco que está detrás del estadio Alejandro Borges, que sería el gran centro Coquivacoa es larga. Se lo ha tragado el tiempo, así como se ha tragado los sueños de cinco administraciones públicas, con presidentes que lo han ofrecido en campañas presidenciales.

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Los terrenos que están detrás del estadio Alejandro Borges, cerca del cuartel El Libertador, una fosa que está ahí desde 1976 y que los maracuchos dicen que es más grande este hueco que el que le hicieron a PDVSA los que se llevaron 25 mil millones de dólares, y donde lo único que se ha desarrollado es el botadero de basura más grande del país, se trata de un cuento que una vez echaron con un triste final.

De aquello que se habló de que sería el desarrollo de un parque temático como el que existe en Carabobo o Margarita, con un proyecto deportivo, cultural y turístico, que incluyera el espacio para albergar el Sistema Regional de Orquestas y seguir desarrollando sus talentos, solo se hizo una gigantesca letrina, donde arrojan todo tipo de desperdicios, escombros, animales muertos, comida en mal estado de restaurantes y hoteles y hasta muertos que allí se han localizado.

El hoyo más grande del país se lo ha tragado el tiempo. El que está al lado del estadio Alejandro Borjas. (Foto: José López)


Así lo pensó la primera administración del presidente Carlos Andrés Pérez y por ahí comenzaron las ambiciones y mentiras para ‘tapar” la gigantesca “tronera” que cavaron donde se invirtió una millonada.

El hoyo más grande del país se lo ha tragado el tiempo, así como se ha tragado los sueños de cinco administraciones públicas, con presidentes que han ofrecido en campañas políticas lo que sería el Gran Centro Cívico Coquivacoa del Zulia con referencia internacional, una de las obras urbanas más imponentes de Venezuela, que fue ideada en 1976 durante la administración del presidente Pérez, con la que se buscaría brindar a la segunda ciudad del país un espacio similar al teatro Teresa Carreño en Caracas. No pasó de ser solo un deseo.

Una ambición y muchas mentiras

Se habló para entonces de un concepto desarrollado por el Estudio de Arquitectura AT, que conformaban los arquitectos Cecilia Ferrer, Ramón Pérez y Rosario Giusti, que sería desarrollado en un área de 37 mil m2, para levantar un moderno complejo urbanístico con un centro comercial, centro deportivo cultural, una plaza cívica y de recreación, un centro de convenciones, un hotel de 25 pisos con 350 habitaciones, el teatro municipal para dos mil 500 personas, una biblioteca para 259 usuarios simultáneos, torres de oficinas y dependencias municipales.

Décadas de abandono y pestilencia en la ciudad, con el relleno sanitario más grande, profundo y hediondo del país. (Foto: José López)


La ambición era gigante y las mentiras fueron mayores. Cada administración pública que llegaba le agregaba al proyecto más y más obras que no se realizarían, mientras se seguía llenando de basura el hueco y también de mentiras.

Maqueta y hueco hediondo

La obra no pasó de la maqueta durante las gestiones de CAP, Luis Herrera Campíns, y el gobierno de Jaime Lusinchi, quien paralizó los trabajos que tenían un presupuesto estimado de 300 millones de bolívares (casi 48 millones de dólares a tasa preferencial de la época), cuando se adelantaba la excavación para los cimientos y el área de estacionamientos.

Escombros botan en una vía interna y luego son arrojados al hueco, sin que haya ningún tipo de control. (Foto: José López)


De ahí en adelante, han transcurrido décadas de abandono y hediondez, contando entonces la ciudad con el relleno sanitario más grande, profundo y putrefacto del país ubicado en el área urbana.

Las gestiones municipales y regionales, van y vienen y la crisis de aseo urbano en la ciudad ha encontrado en la excavación del Coquivacoa un improvisado e intermitente relleno sanitario clandestino, que cada cierto tiempo detona oleadas de indignación que terminan en operativos de limpieza o incendios que consumen la basura depositada, con severos daños para la salud de quienes habitan en la zona donde está ubicado.

Sueños van y sueños vienen

Tiempos en el 2014, cuando el entonces secretario de Cultura de la Gobernación del Zulia, Giovanny Villalobos, se mostró el espacio al maestro José Antonio Abreu, quien de un vistazo vio una localidad idónea para edificar en Maracaibo un gemelo idéntico del Centro Nacional de Acción Social por la Música (CNASPM), que funge en Caracas como sede del Sistema de Orquestas Juveniles e Infantiles de Venezuela.


Se abrieron las puertas de par en par del Banco Interamericano de Desarrollo (BID), el cual financiaría la obra cultural con un aporte de 70 millones de dólares, para expandir los programas académicos y de entrenamiento para directores de orquestas, intérpretes y especialistas de la música, así como para promover la proyección internacional de las orquestas y músicos.

No pasó de una limpieza del terreno en 2014, luego que la Secretaría de Cultura de la Gobernación anunció públicamente en esa oportunidad, que en pocas semanas se iniciaría la recuperación de la fosa para el ambicioso proyecto.

Pero lo único que ha crecido en el sitio es monte, plantas, neumáticos de desecho, chatarras, escombro, basura de todo tipo, tal como un relleno sanitario, donde se refugian indigentes a sus alrededores y a donde también fueron a parar las mentiras y ambiciones políticas de personeros de cinco décadas atrás.

Javier Sánchez
Luis Pérez

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