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Violador en serie: Hace 38 años Pocaterra asoló a Maracaibo y murió decapitado

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En noviembre de 1984, un rumor de terror comenzó a pasear por las calles marabinas. Las mujeres estaban aterradas, porque se decía que un violador y sádico las andaba ultrajando. Hace 38 años Pocaterra comenzó un ciclo de horror que culminaría con la cruda justicia carcelaria en el temible recinto penitenciario de Sabaneta, en Maracaibo, estado Zulia.

Dice la voz de la calle, esa que asume la vida a través del café de esquina y mañanero, que Ángel Pocaterra nunca debió haber salido de prisión.


Apenas cumplidos los 18 años, este prolífico depredador sexual fue condenado a 30 años de prisión por violación y asesinato, aunque nunca admitió sus culpas:


“Yo no violé ni maté a nadie”; dijo en el interrogatorio posterior a su detención, “lo que sí hice fue vender los aires acondicionados”, le soltó a los escépticos policías, quienes sí sabían de su prontuario.

Ya detenido, conoció a Freddy Rivero, personaje que se convertiría en cómplice de sus delitos. Condenado a un largo encierro, estos dos personajes logran, tras cumplir 22 años y 6 meses en la cárcel, salir en libertad por redención de la pena.

“Estuve preso. Me redujeron la condena. Pagué, supuestamente, por dos homicidios, una violación y un robo. Pero lo único que hice fue vender los aires (del apartamento). La violación y los homicidios los cometieron otros”, repetía con frialdad y rematando siempre con un “yo sé que me van crucificar, traté de portarme bien pero no pude”.

El “no pude”, se tradujo en la violación de seis damas al norte de la capital zuliana entre los meses de julio y agosto del 2006. “En diciembre sólo encontré trabajo como chofer -diría luego de su detención tras desatarse la más importante cacería humana que los cuerpos policiales zulianos hayan realizado en su historia-, pero mi patrón vivía en la misma urbanización donde reside la jueza que llevó mi caso. Le dijo a mi jefe que yo estuve preso, a la semana siguiente, me botaron”.

Excusas frías de Pocaterra

La frialdad de Pocaterra fue de antología y se manifestaba en las declaraciones que daba a medios de comunicación y a la Policía. Gozaba de una fama al mejor estilo del sicópata estadounidense James Mason.

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En las urbanizaciones Maracaibo y Las Colonias y el edificio Yaruani en El Milagro, Pocaterra golpeó escondido tras su fachada de perito inmobiliario y como si se lo hubiese tragado la tierra, desapareció.

Su cómplice no corrió la misma suerte y fue capturado tras las denuncias y posteriores pesquisas policiales. Freddy Rivero delató a Ángel Pocaterra y señaló con precisión el escondite del depredador sexual: “… una vivienda de concreto, color rosado, rodeada de potreros y máquinas de arado, ubicada en la población de Caramacate, a 45 minutos de San Fernando de Apure”, describirían las crónicas de la época.

“Maracaibo puede dormir en paz”, declararían las autoridades policiales luego de su detención. El 7 de septiembre del 2006, Pocaterra era ingresado en el retén El Marite y al día siguiente, sería trasladado a la “grande”.

Fue un juicio carcelario rápido y fatal. Ángel Pocaterra después de tantas tropelías, moriría decapitado dentro de los muros del infierno de los violadores: la Cárcel de Sabaneta.

Juan Carlos Guillén

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