Domingo 16 de junio de 2024
Al Dia

El sobreviviente (1): Hace 32 años un expreso cayó al lago

Es abril, sentado con sobrecogedora tranquilidad, toma café en el cual moja un suave pan dulce, ¿Podemos hablar?, preguntamos, así…

El sobreviviente (1): Hace 32 años un expreso cayó al lago
Facebook Twitter Whatsapp Telegram

Es abril, sentado con sobrecogedora tranquilidad, toma café en el cual moja un suave pan dulce, ¿Podemos hablar?, preguntamos, así descubrimos la vida de El Sobreviviente, José López Linares.

Vive en paz. No tiene pesadillas. Un matrimonio feliz y dos bellas hijas. Tenía 20 años esa noche: la peor de todas, el bus de Expresos Maracaibo, placas CO-1354, había salido del Terminal de Pasajeros con sus puestos ocupados, los compartimientos de equipaje repletos, mujeres wayúu con mercancía para vender en Caracas. Antes de la desgracia hacían chistes porque algunos pasajeros se ponían cómodos para dormir quitándose los zapatos, desprendiéndose olores fuertes.

Cinco de abril de 1991, es viernes. Terminaba Semana Santa. El Terminal de Pasajeros atestado: quienes venían, otros saliendo. La noticia trágica era la muerte del Presidente de la Asamblea Legislativa, Elio Castellano, quien se desprendió de una lancha que iba saltando sobre las olas. Iba con tragos encima, no se sostuvo fuerte y cayó al agua. Setenta y dos horas después, su cadáver se halló flotando en dirección a una playa de altas palmeras y blanquísima arena.

23 de agosto de 1970

El quirófano de maternidad en la  Policlínica Maracaibo en Santa Rita, a una cuadra de Bella Vista, recibió a las 9 pm a Elva María Linares Labarca. Se trataba de un parto normal, sin embargo, hubo complicaciones. José López “El sobreviviente” enfrentó su primera lucha por la vida: nació ocho horas después, a las 5 de la mañana. En ese tiempo no había imágenes intrauterinas, no se tenía ecogramas tan nítidos y eficientes como los de ahora. Los médicos observaron que el niño tenía serias dificultades para cruzar el canal de parto, el cordón umbilical le rodeaba el cuello. Una mala actuación podía diezmar la vida del bebé. El sobreviviente lucha esas ocho horas hasta abrir los ojos y reventar el llanto como música, arrancando lágrimas de su madre.

Fue hijo único, criado por Elba María en la fe católica, siempre encomendado en sus oraciones. Infante lo llevó al preescolar El Sol, cerca de La Epifanía, de los dos a los seis años, luego, a Niños Cantores.

. Mi mamá trabajaba como auxiliar de Historias Médicas del Hospital Universitario y esa guardería le quedaba cerca, cuenta con voz pausada y afónica.

En Niños Cantores aprendió a tocar el violín, obtuvo su título de bachiller e ingresó a La Universidad Católica Cecilio Acosta.

5 de abril de 1991: Antes de subir al expreso

A las 5 de la tarde había presentado el examen final para aprobar el quinto semestre de Comunicación Social. Fui a mi casa a prepararme para el viaje, tenía planeado ir hasta Barquisimeto donde tomaría el tren para Valencia-Carabobo. Quería estar un mes por allá. Un bus salía a las 9 en punto de la noche. Mi madre me acompañó al Terminal, llegamos a las 8 pm – una hora antes- para confirmar la embarcación y acomodar las maletas. Había mucha gente, concluía Semana Santa, los minutos pasaron volando, rápido se dieron las 10 pm cuando llegaron dos unidades: uno con hora de salida para las 9 y, el segundo saldría a las 10, ambos llegaron a las 10 a un terminal atestado de gente.

No bien se había estacionado el Expreso de la tragedia cuando se llenó. El sobreviviente no encuentra puestos, va a la siguiente unidad, tampoco hay lugar, lo lógico era desistir, regresar a la casa, sin embargo, va al andén, se sienta en una banca, una mujer bajo las mismas condiciones se sienta a su lado, minutos después, alguien se acerca:

  • Aproveche, señora, varios pasajeros se bajaron del bus porque no les gustaron los puestos, El sobreviviente escucha la conversación que no es con él, ve la oportunidad de viajar, se levanta, toma su equipaje, sube al expreso, camina por el pasillo, ve desocupado espacio en los últimos asientos, llamados “La cocina” porque allí hace ruido y calor, prácticamente, están sobre el motor.
  • Me senté en el puesto del medio mirando el pasillo hasta la cabina del conductor, las luces del camino, minutos después subió la señora que estaba sentada a mi lado y dos más.

Por el canal de 80

Como 10 minutos estuvo estacionado en las adyacencias, según el ruido, metían más equipaje, inician el viaje, el bus toma por Haticos, pasa la cabecera del Puente, se ubica en el canal izquierdo con velocidad máxima de 80 kph, pegado a la isla que separa ida y vuelta. El sobreviviente observa las luces, las pilas quedan atrás, el camino de luces parece estar suspendido en la espesura de la noche, a los lados oscuridad, Pedro Rafael Mendoza Zabala, conductor, va rebasando autos que van por el canal derecho.

Lisbeth Rosado La sobreviviente

Tenía 23 años, Lisbeth Rosado, joven indígena, La sobreviviente. Un día después de la tragedia contró:

. Esa noche nos embarcamos: mi hermana, Digna Rosa López, y mi tía, Alba Rosa González, ambas murieron. Estuve media hora atrapada en el infierno, aquello fue tan horrible que muchas cosas no las recuerdo, dijo Lisbeth; algo crujió fuerte, el bus se fue contra la baranda, se detuvo, sentimos que se columpiaba suavemente, se movía como un chinchorro, pero, hacía un ruido extraño, se retorcían los hierros por dentro, por dos minutos, más o menos, se balanceó. Quienes comenzaban el sueño despertaron, quienes habíamos quedado congelados de espanto, reaccionamos, todos comenzaron a gritar y a levantarse. Entonces, el bus cayó.

Ella no sabe cómo salvó su vida. Dice que siempre rezaba pidiendo protección de Dios, esa noche en la profundidad de un lago helado, algo la impulsó a la superficie, salí disparada como un cohete, cuenta, al salir, respiró hondo, comenzó a nadar, encontró un morral lleno de grasa, se lo acomodó en el pecho, quedó flotando, escuchaba lamentos, voces, los pescadores acudieron a rescatar a las personas quienes pataleaban desesperadas, a Lisbeth Rosa la subieron a una lancha. Su hermana y su tía no aparecieron.

Panorama del domingo 7 de abril titula que 36 cadáveres fueron rescatados.

Una vida mística

El sobreviviente lleva una vida sencilla, para muchos llena de defectos, otros, ven virtudes en ese proceder, en su actuar inquieto, en veces desconectado, también como metido en su mundo. Es periodista reportero gráfico, se le reconoce con el mote de “Jololo”, una contracción de José López.

Católico, creyente, practicante, hijo entregado al cuidado de su madre.

  • Ella esperaba por mi para marcharse ese 5 de diciembre. Elva Maria murió a los 79 años, El sobreviviente salió esa tarde del trabajo, pasó a darle una vuelta, tosió dos veces, estaba acostadita, no me habló, me estaba esperando para poderse ir, a los minutos cuando la toqué, no la sentí, no se iba a ir sin antes sentir mi presencia (lágrimas dolorosas), gracias a Dios que me dio otro rato mas para acompañar a mi madre, hace cinco años se me fue, me dejó como legado la valentía, el esfuerzo, ella logró todo solita, lo que se proponía lo lograba, ella quería todo para mi, Dios me dio una gran madre a quien todos los días recuerdo.

A El sobreviviente le llegó el amor

Corrían los días de 2003, El sobreviviente había visto antes en los pasillos de la universidad a Adriana Chiquinquira López, sin hablarle, hasta ese día cuando una amiga los presentó. Se conocieron, por supuesto, la historia del milagro en el Lago la cautivó. Adriana vio un hombre bondadoso, que estaría con ella para formar un hogar. Así nacieron: Maria Milagros y Ana Milagros, dos niñas estudiosas, aplicadas, responsables y orgullosas de su padre.

Gastando las cuatro lochas

Caminamos juntos un largo trecho. Ese muchacho sobreviviente, ya un hombre hecho y derecho, le veo a diario a mi lado, he recibido sus atenciones, como la vez que en Los Captus, bajo un sol inclemente “me dio una  verga” – según los jodedores de internet es la primera causa de muerte de los maracuchos -, allí estuvo, nervioso, buscó el agua fría, caramelos para subir el azúcar o, cuando me llevaba remolcado en la moto con una cuerda y se olvidó arrastrándome tan fuerte que, por poco, salgo dando tumbos.

Hay quienes le refutan por sus hábitos con la austeridad de un monje.

  • Muchos te consideran pichirre ¿qué piensas de eso?, le preguntamos directos, sin edulcorar la píldora.
  • Debemos compartir en la medida que uno tiene. Tengo mi familia, mis dos niñas, de esas cuatro lochas que yo tengo, las tres tengo que pensar muy bien en qué las voy a gastar, las pertenencias que tengo también son de mi familia. He sido hijo único, tenemos fama de tender a ser egoístas, a pensar en uno mismo, uno tiene chance de corregir, de pronto me he estado limitando mucho, pero, es lo poco que uno tiene, el compartir debe empezar por casa.
  • También dicen que eres maniático
  • Uno tiende a hacer las cosas bien, digamos que bien a mi manera porque, precisamente, soy yo quien las hace, no somos esclavos de nadie, debemos hacer las cosas a nuestra manera, tal vez, por eso me llamen maniático.

Puede que haya quienes no valoren, no comprendan, no estimen a El sobreviviente. Eso carece de importancia. Habrá quienes si le estimen, quienes si sepan ver en su vida el mensaje, la lección. José López es agradecido con todos, con quienes le han querido, quienes le han ayudado y quienes le han despreciado.

  • He aprendido a querer mas la vida.

Esta es una conversación sin fin. De cincuenta y tanto pasajeros pocos sobrevivieron. He conocido a uno, le he tratado y al verlo, al comprenderlo, he sentido que también somos sobrevivientes.

Josué Carrillo

Noticias Relacionadas