El folclor vallenato viste de luto tras el fallecimiento de Náfer Donato Durán Díaz, cariñosamente conocido como ‘Naferito’, quien murió este martes, 29 de septiembre, a los 93 años de edad en la Clínica Alta Complejidad de Valledupar a raíz de complicaciones cardíacas.
La emblemática figura, coronada como Rey Vallenato en 1976, deja un vacío irreparable en la música tradicional colombiana al ser miembro de una de las dinastías más respetadas del género y el artífice musical del histórico debut discográfico de Diomedes Díaz.
Una dinastía de leyenda
Nacido en el municipio de El Paso (Cesar) el 26 de diciembre de 1932, ‘Naferito’ heredó la vena artística de sus padres, Náfer Donato Durán Mojica y Juana Francisca Díaz Villarreal. Su hogar fue la cuna de grandes exponentes del acordeón, siendo hermano del legendario Alejo Durán —primer Rey Vallenato del Festival de la Leyenda Vallenata en 1968— y de Luis Felipe Durán.
De acuerdo con el periodista e investigador de música vallenata Agustín Bustamante, citado por El Tiempo, el talento de Náfer brotó desde sus años infantiles: "Naferito aprendió a tocar acordeón en un tornillo de máquina, primero que Alejo Durán. Es considerado el Rey del tono menor y en esa línea compuso dos joyas para enmarcar: ‘Sin ti’ y ‘Mi lamento (Clavelito)'".
El hito junto al ‘Cacique de La Junta’
Uno de los capítulos más determinantes en la historia discográfica de ‘Naferito’ ocurrió cuando se convirtió en el acordeonero que acompañó a un joven Diomedes Díaz en la grabación de su primer álbum de estudio, titulado ‘Herencia Vallenata’.
En esta producción fundacional para la carrera del ‘Cacique de La Junta’, el acordeón de Durán dejó huella en importantes registros musicales que hoy forman parte de la memoria colectiva de los colombianos, tales como:
- El chanchullito
- Teresita
- Muebles viejos
- Pobre negro
Padre de una numerosa familia y de un legado eterno
Además de su talento inagotable para la ejecución del folclor y la composición, Náfer Durán consolidó una extensa descendencia, siendo padre de alrededor de 22 hijos que hoy preservan su apellido y su arraigo cultural.
Con su partida, el Cesar y toda Colombia despiden a un pilar fundamental de la estirpe vallenata, cuyo acordeón y ejecuciones en el tono menor seguirán resonando en la historia dorada de nuestra música tradicional.
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Noticia al Día/Con información de El Tiempo
