Noticia al Dia

En 1895 cuando un auto corría 24 KPH iba volando

¡Paren todo! Imagínese que usted va caminando por la calle y un aparato con ruedas lo adelanta a la increíble, vertiginosa y espeluznante velocidad de un atleta trotando flojo. En el año 1895, eso no era un paseo dominguero; ¡eso era el futuro, compadre! Hoy en Noticia al Día le traemos la crónica de cómo un hombre desafió las leyes de la física de su época sin despeinarse (bueno, quizás un poco, por el viento a favor).

Resulta que Émile Levassor se consagró como el ganador de la primera carrera automovilística real del mundo. Olvídese de la Fórmula 1, los pits con telemetría satelital y los trajes antiflama. Aquí la cosa era a puro pulmón, bigote bien peinado y fe en Dios. El trayecto no era una pista cualquiera: era la mítica ruta de París a Burdeos y de vuelta. Un soberbio maratón de 1.175 kilómetros de puro asfalto rústico, tierra y miradas de terror de las vacas locales.

Levassor, montado en su bólido que parecía más bien una carroza a la que se le escaparon los caballos, completó la hazaña en poco menos de 49 horas. Sí, leyó bien: dos días enteros manejando sin parar, sin dirección hidráulica, sin aire acondicionado y, lo peor de todo, ¡sin una lista de reproducción en Spotify para no dormirse!

Lo que verdaderamente dejó a la sociedad de finales del siglo XIX con la boca abierta y pidiendo una dosis de sales para el desmayo fue la velocidad promedio: unos 24 km/h. Para ese entonces, ir a esa velocidad en algo que no fuera un caballo desbocado era considerado «ir volando» o estar poseído por alguna fuerza misteriosa. Los médicos de la época probablemente temían que a esa rapidez el cerebro humano se derritiera o que los ojos se le salieran de las órbitas al piloto.

Al final, Émile llegó a la meta, cansado pero victorioso, demostrando que esas «máquinas ruidosas» servían para algo más que asustar a los peatones. Así que la próxima vez que usted se quede atrapado en el tráfico de la tarde y su marcador digital le diga que avanza a duras penas, no se muerda las uñas; respire profundo y siéntase todo un pionero de la velocidad al más puro estilo de 1895.

PUBLICIDAD

PUBLICIDAD

LO ÚLTIMO

No hay noticias

Te Recomendamos