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Noticia al Dia

Bachaquero y Mene Grande, un año durmiendo con la puerta abierta

Entre Bachaquero (municipio Valmore Rodríguez) y Mene Grande (municipio Baralt) no hay fronteras cuando la tierra tiembla. Para los habitantes de este eje hidrocarburífero y agrícola de la Costa Oriental del Lago, el tiempo se detuvo el 24 de septiembre de 2025. Desde aquel día, la vida no volvió a ser la misma: las fallas tectónicas locales abrieron grietas en el terreno y quebraron la paz de miles de familias que hoy sobrevivieron sumidas en la angustia.

El reporte del monitor oficial de la Fundación Venezolana de Investigaciones Sismológicas (FUNVISIS) al cierre del 23 septiembre, confirma la magnitud del enjambre que afecta directamente a ambas localidades:

  • 330 sismos acumulados entre el 24 de septiembre de 2025 y el 24 de septiembre de 2026.
  • 316 eventos de magnitud menor a 4.0 Mw y 14 sismos de mediana intensidad (entre 4.0 y 6.0 Mw).
  • Superficialidad extrema: 308 de los sismos se generaron a menos de 30 km de profundidad. Esta escasa profundidad es la razón de que en las calles de Bachaquero y Mene Grande los temblores se sientan como explosiones subterráneas acompañadas de ruidos secos y fuertes sacudidas.

Montañas partidas y ríos desviados entre Valmore Rodríguez y Baralt

El panorama geográfico en la zona rural que une a Mene Grande con Bachaquero es alarmante. La fuerza del movimiento no solo dejó cicatrices de grietas sobre la carretera San Timoteo – Mene Grande y los accesos internos a los campos petroleros; en los sectores rurales y pie de monte adyacentes a Mene Grande, la tierra sufrió desplazamientos severos.

Pobladores de caseríos intermedios reportan que laderas de cerros se deslizaron y que cursos de agua locales sufrieron desviaciones abruptas. En algunos tramos, los arroyos abrieron dos cauces distintos tras fracturarse el terreno original.

"El movimiento es brusco, la tierra retumba desde abajo y en algunos puntos el agua de los caños parece hervir por la liberación de gases acumulados en las capas del suelo" , relatan campesinos y residentes de las zonas rurales que conectan ambos municipios.

Más de mil familias viviendo en "cascarones"

El epicentro del impacto social se concentra de lleno entre Bachaquero y Mene Grande. En ambos municipios se contabilizan más de mil familias con viviendas seriamente afectadas en sus paredes, bases y techos.

A pesar de que los servicios públicos como la electricidad se han mantenido operativos en las zonas urbanas, las casas se han convertido en estructuras altamente vulnerables. La crisis económica ha obligado a las familias de menores recursos a "remendar" las fachadas y habitaciones colapsadas con lo que encuentran a la mano: láminas de zinc, horcones de madera, piezas de cartón y bolsas negras de plástico que hoy sirven de muros contra la intemperie.

Esta alteración física impactó de lleno en la rutina de las comunidades. La vida cotidiana dista mucho de ser normal: en el ámbito educativo, la precariedad y el deterioro estructural de los planteles han obligado a contingencias drásticas. En las escuelas que resultaron con paredes agrietadas y techos comprometidos, los niños solo están asistiendo a clases tres días a la semana, un esquema reducido diseñado para minimizar riesgos ante posibles colapsos mientras los docentes intentan avanzar con el calendario escolar en medio de la contingencia.

El miedo no da tregua

En los barrios de Mene Grande y Bachaquero es común ver a los vecinos dormir con las puertas abiertas o con pasadores flojos, preparados para evacuar en segundos ante la constante amenaza de un remezón mayor.

A un año del sismo inicial, los habitantes de Valmore Rodríguez y Baralt continúan clamando por asistencia gubernamental directa, evaluaciones estructurales rigurosas de las viviendas y planos de contingencia reales frente a un fenómeno geológico que aún no termina de asentarse.

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