Una madrugada de tangos (Josué Carrillo)

Una madrugada de tangos (Josué Carrillo)

Josué Carrillo

Josué Carrillo

A mí se me da por escuchar los tangos del maestro Simón Díaz. Me cuesta decirle tío. Hay quienes tienen esa facilidad para llamar tío a Simón Díaz, otros para usarlo a lo españolete, “ese tío” tal o cual. Mis tíos son otros: Elio, Francisco, Ricauter, Germán, Castor, Rubén. Decía que se me da por escuchar tangos. Hace poco, hasta medianoche, me acompañó mi amigo de siempre, Albertico Morán. Bajamos una cristalina botella de licor. A mí se me da por hacer un jarabe con jugo de naranjas o en Cubalibre , Albertico, le gusta seco, en copitas que le estallan en la garganta. Usa una doblecopa que lleva como amuleto y para calmar sus manías de usar vasos limpios o – mejor será decir- creer que todos los vasos están imperfectamente limpios. Esas tonterías se les aguantan a los amigos y, Albertico, es mi amigo. Final de la botella. La pantalla del celular marca las 12. Ya no somos aquellos chicos a quienes la noche comenzaba justo a esa hora.

Hoy, estar fuera de casa después de las 12 es un atrevimiento a no ser que sea 31 de Diciembre. Encendió su camioneta y se fue. Lo despidieron mis perros: la señora, Candy y el señor, Doky. Para mi la madrugada necesitaba volver a escuchar a Simón en “Por seguir tras de sus huellas/ yo bebí incansablemente/ en la copa de dolor”, y sigue en otro surco – el CD trae a propósito el sonido de los tocadiscos de antes – “Yo adivino el parpadeo /de las luces que a lo lejos /van marcando mi retorno”. Por debajo de la puerta entra el friito de las 4 am. Viajo a La taberna de Alfredo hace una pila de años. Víctor Villavicencio es ahora quien canta “Si arrastré por este mundo/ la vergüenza de haber sido/ y el dolor de ya no ser”.

Quedan dos dedos de Vodka, dos trocitos de mango verde, un gajo de naranja, me provoca un Belmont, la realidad me hace trampas, estoy permeado por el pasado, camino por Bella Vista, la llevo de la mano, vamos donde Las amigas, nos besamos para entendernos obviando las palabras, entramos al motel, Gardel, Villavicencio, Simón Díaz cantan en trío, los tangos se mezclan también, es un mismo tema, una madrugada que se adelanta a brincos en años vividos y por vivir, ya no quiero un Belmont, ahora quiero sus besos, ahora busco su voz… a mí se me da por contarles de mí. La última gota, amanece, he despertado en el ayer.

Josué Carrillo