Togüito, el superbebé protector de los animales maltratados 16: Pinto, el perro guardián de la señora Freda (Cuento infantil, Alberto Morán)

Togüito, el superbebé protector de los animales maltratados 16: Pinto, el perro guardián de la señora Freda (Cuento infantil, Alberto Morán)

Pinto, el perro guardián de la señora Freda

Pinto, el perro guardián de la señora Freda

El ventilador giraba silencioso conectado al enchufe mediante una improvisada extensión de cable deteriorado. El chorro de aire sacudía el cabello y las sabanas de la señora Freda rendida en la cama. Pinto, su perro guardián, le velaba el sueño a todo lo ancho de la puerta del cuarto, hasta que la mascota igual que ella sucumbió a la intensa modorra.
Freda estaba acostumbrada a descansar la siesta con el mismo sopor de las noches tranquilas en el Pueblito Flor de Cactus; y el día de la tragedia, le sirvió la comida a Pinto, después se sirvió ella y luego cerró la casa con seguro y se fue con su mascota al dormitorio.
Habría transcurrido una hora, el cable del ventilador soltaba chispas y echaba humo. Freda y Pinto continuaban dormidos. La extensión tomo fuego y las llamas siguieron al enchufe. El ventilador dejó de girar. Las paredes comenzaron a tomar candela. Pinto despertó y viendo humo se activó sin ladrar. Le llegó a la señora Fedra y la olfateó. La humareda y las llamas seguían expandiéndose.
Pinto tensó el rabo con la lengua afuera y ladró. Freda se torció en la cama e hizo: “shhh” para que el animal se callara; el perro siguió latiendo. Freda abrió los ojos. El cuarto estaba nublado y las llamas amenazaban con devorar la vivienda.
La señora se aterró. Se levantó corriendo, resbaló, cayó y perdió el conocimiento. Pinto ladraba sin saber qué hacer. María Teresa y Sebastián descansaban en el porche de su casa con Togüito, que a esa hora se tomaba un tetero de leche de cabra. Escuchaban a Pinto latir pero no les llamó la atención. Togüito, por el contrario, se tomó el biberón y no se durmió, permaneció atento, los gritos de Pinto le producían un mal presentimiento.
El perro guardián continuaba latiendo, la gente se comenzó a incorporar a sus actividades de rutina. María Teresa y Sebastián dejaron en el porche al bebé sin querer dormir. El niño pensaba y repensaba en los ladridos de Pinto.
Togüito, en vista de su mal corazonada, aplicó la estrategia de siempre, lloró duro intentando que sus padres lo escucharan y regresaran a verlo, con la esperanza de que advirtieran a Pinto ladrando sin parar; su mamá no le hacía caso, hasta que por fin, Sebastián dijo: “Mi amor ve a ver que le ocurre al bebé”, y cuando María Teresa fue en busca del niño, volvió a escuchar los ladridos solo que esta vez los sintió agonizantes, sin fuerzas y eso la hizo acercarse donde Fedra y vio que se incendiaba el interior de la vivienda.
-¡Sebastián! -gritó-, el hombre corrió creyendo que se trataba del hijo.
-¡¿Qué le sucede a Togüito?! -preguntó.
-¡A Togüito no!–dijo María Teresa-. ¡A la señora Freda se le quema la casa!
Sebastián ante la noticia, también gritó: ¡Auxilio, se quema la casa de Freda! Y los vecinos salieron presurosos de sus viviendas. María Teresa corrió con su hijo Togüito al cuarto protegiéndolo del humo. Y lo acostó en su cunita.
La gente intentó romper puertas y ventanas con intenciones de rescatar a la señora, ya el fuego ocupaba las diferentes entradas. Togüito, en ese momento, había lanzado la sabana de su colchoncito del lado afuera de la cunita simulando una cuerda, descendió y se marchó presuroso con el chivito Saltarín.
Llegó a la montaña, entró y salió de la supercueva secreta, se ajustó la supercapa en el cuello y levantando su puñito derecho lanzó su grito justiciero: “¡Santooosss Caramelooosss!”, y continuó convertido en el superbebé protector de los animales maltratados.
El superhéroe jineteaba a Saltarín, el superchivito blanco más veloz de la sierra, ataviado del superpañal desechable, el supergorrito hundido en forma de careta, los superbotines de algodón, el superchupón escudo atado al bracito izquierdo y armado de las superespinas de cardón.
En la casa de Freda, mientras esperaban el Cuerpo de Bomberos, los vecinos empataron varias mangueras e hicieron una larga, para echar agua a las llamas, pero no lograron extinguir el fuego.
Togüito llegando emitió su grito justiciero: ¡Santooosss Carameloooosss! Y la gente le abrió paso. El superhéroe no se detuvo, siguió de largo y se lanzó con el superchivito Saltarín por una ventana y cayó dentro de la casa en llamas.
El superbebé buscó entre la humareda y vio a Freda tendida en el piso inconsciente, y a Pinto, el perro guardián, sobre ella; protegiéndola del fuego el animal se le colocó encima y también se desmayó, no le importaba ofrendar su vida por la de su dueña, pero en eso llegó el defensor de los animales.
El paladín montó a Fedra en Saltarín y la sacó por la ventana. Enseguida regresó por Pinto y de la misma manera lo rescató y se lo entregó a los vecinos.
Evacuados Freda y su perro guardián, Togüito se dirigía a la montaña cuando se encontró con el Cuerpo de Bomberos. El superbebé siguió a la supercueva secreta, entró y salió vestidito de cocoliso para regresar a su casa como un niño indefenso, ocultando de esa forma su verdadera identidad de protector de los animales.
María Teresa todavía estaba con su marido Sebastián viendo a los paramédicos reanimar a Fedra y a su perro, cuando recordó: “Mi hijo”, la señora corrió a verlo en su cuarto y tomándolo en brazos, dijo: “ayyy este muchacho sí que está puro humo” y lo llevó a la bañera quitándole el pañal desechable.

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Composición gráfica: José Manuel Pernía – Euglys Parra