Políticos militares (Jesús Castillo Molleda)

Políticos militares (Jesús Castillo Molleda)

Jesús Castillo Molleda

Jesús Castillo Molleda

Los resultados arrojados por los estudios de opinión en Venezuela en los últimos seis meses reflejan que el 63.2 % de los ciudadanos encuestados han manifestado una pérdida de credibilidad y confianza del estamento militar, debido a su alta participación en asuntos políticos en detrimento de la Fuerza Armada Nacional, Aviación Militar Nacional, Guardia Nacional, Ejercito Nacional, acompañados por la Milicia conformada por 235 mil hombres aproximadamente (en todos los componentes).
Los ciudadanos manifiestan que las fuerzas armadas venezolanas han descuidado las funciones de la defensa de la soberanía del territorio nacional, espacio aéreo, insular, el combate al tráfico de drogas, búsqueda, rescate y protección civil en los casos de desastres y están entretenidos en ser escoltas de altos funcionarios, estar presentes en los centros de distribución de alimentos, en querer ser alcaldes, gobernadores, diputados, ministros, funcionarios públicos de alto nivel, y es que, actualmente más de 14 mil militares están asignados a la administración pública civil, a pesar de que el pasado 4 de febrero de 2016 se había anunciado que los mismos volverían a sus antiguas funciones en las fuerzas armadas. Sin embargo, el 33% del gabinete presidencial está conformado por militares, 10 gobernadores son militares, directores de alto nivel en dependencias locales, regionales y nacionales, embajadas, consulados, organismos financieros de salud, educativos, culturales, deportivos, científicos, los militares están desplegados en las principales dependencias públicas, cual les ha permitido saborear el poder desde otra perspectiva no militar, siendo para muchos beneficiosa.
Muchos jóvenes que aspiran entrar a las fuerzas armadas lo hacen para resolver un problema de subsistencia a corto plazo, debido a que el alto costo de la vida y las pocas oportunidades de empleo (por encima del salario mínimo) les hace emigrar a las fuerzas armadas pensando que tienen cubiertas las necesidades de alimentación, vestimenta, salud y con el sueño (a corto plazo) de formar parte de la clase militar privilegiada.
Las encuestas también reflejan que la población repudia las acciones emprendidas por algunos militares en funciones al actuar para controlar el orden público, en manifestaciones de calle, colas para adquirir alimentos, alcabalas, puestos fronterizos, oficinas de emigración, en los cuales algunos funcionarios cometen abusos en contra de los ciudadanos. Todo esto se agravó aún más con el decreto de cierre fronterizo, en donde las denuncias han crecido sobre los uniformados, sobre todo, en los puestos fronterizos de San Antonio en el Estado Táchira y Guarero en el Estado Zulia.
Por su parte, muchos militares activos han manifestado su preocupación por lograr que las fuerzas armadas vuelvan a ser respetadas y queridas por los ciudadanos (la Fuerza Armada Nacional para el año 2000 logró alcanzar niveles de aceptación por encima del 70%).
En otro orden de ideas, ante la crisis actual, se debaten muchas salidas, entre ellas, se ha puesto en manifiesto la posibilidad de que los militares actúen e inclusive se puedan repetir hechos como las intentonas golpistas de febrero y noviembre de 1992 o las del 11 de abril de 2003, en las cuales nada bueno ocurrió en Venezuela y derivó múltiples consecuencias.
En la actualidad, la situación nacional está en completo deterioro, tener puesto un uniforme militar causa indignación para gran parte de los ciudadanos, quienes los ven como unos oportunistas y no como una autoridad. Las fuerzas armadas representan para cualquier país una estabilidad en seguridad y defensa de la soberanía, lo que debería estar al servicio del país y no de los grupos políticos que las usan como movimientos y activistas políticos debido que representan un atractivo número de votos y estabilidad para evitar salidas no constitucionales. La mayoría de los miembros de los componentes de las fuerzas armadas están llamados a hacer mayores esfuerzos para rescatar credibilidad, confianza, respeto y concentrarse en las funciones inherentes a su cargo y para lo cual están constituidas, zapatero a su zapato. Quien quiera hacer política que asuma el rol de político y quien quiera ser militar que se forme y estudie para logarlo. Como lo dijo Mao Tse Tung “El peor enemigo de la revolución es el burgués que muchos revolucionarios llevan dentro”.
[email protected] @castillomolleda
S.H. Jesús Castillo Molleda (Profesor Universitario, Politólogo, Emprendedor, Locutor)