Mis reservas sobre el Guri (Gilberto L. Cortés G.)

Mis reservas sobre el Guri (Gilberto L. Cortés G.)

Gilberto L. Cortés G.

Gilberto L. Cortés G.

En el año 1992 se presentó en Colombia una crisis energética de grandes magnitudes que generó racionamientos de 9 horas en Bogotá y hasta 18 horas en otras partes del país, todo esto debido al fenómeno climático de El Niño y a graves problemas de corrupción en las empresas encargadas del manejo eléctrico del país. ¿Quiere saber cuánto duró esta crisis?: desde el 2 de mayo de 1992 hasta el 7 de febrero de 1993, 281 días.

El caso de Venezuela muestra evidencias parecidas a aquellos tiempos con una diferencia, para esa fecha Colombia contaba con 26 plantas hidroeléctricas regadas por todo el país, nosotros tenemos básicamente 3 concentradas en el Caroní, todas en línea una sobre la otra, de allí se despacha electricidad para el 63 % de la población Venezolana.

El secreto de un sistema hidroeléctrico es que nunca puede quedar vacía la represa pues se deben detener las turbinas y comenzar de nuevo el protocolo de llenado de la misma, después de tener una cota determinada, entonces se procede al arranque de las turbinas, se ha apostado todo a que en las primeras lluvias ya podremos contar con suficiente agua para la generación eléctrica, sin embargo, a mí no me dan los números.

Otro aspecto importante es que el agua que entra a la represa debe ser superior a la que sale, en caso de no ser así ocurre lo que está pasando que se seca el embalse, para evitar esto, se aumenta la producción de energía termoeléctrica y se disminuye el turbinado en la hidroeléctrica en el verano, eso tampoco se está haciendo pues existen muchas termoeléctricas paradas por diversas razones.

Leyendo un poco al ecologista Leobardo Acurero, he llegado a la conclusión que Venezuela debe disminuir su dependencia del Sistema Hidroeléctrico del Guri por una simple razón: la depredación ilegal que se está haciendo desde 1975 en las cuencas del Rio Caroní y sus afluentes está convirtiendo al la selva  en un verdadero desierto, me explico: los ríos fluyen sin lluvias gracias a que sus cuencas boscosas se convierten en pantanos que almacenan agua la cual que se va drenando durante el verano hasta la siguiente época de lluvias, al no existir los bosques en las cuencas, solo contaremos con el agua del período de invierno.

A nosotros nos dieron una bendición y una maldición en el mismo sitio, nos dieron el Auyantepui, el Caroní, el Caura y una gran selva para vivir cómodamente durante siglos, sin embargo, debajo dejaron la maldición del oro, los diamantes, la  dolomita, el coltán y pare usted de contar, en una época oscura de la historia donde las personas creen que la riqueza es la fuente de la felicidad, es imposible evitar la destrucción de la selva para sacar de sus entrañas un montón de metales codiciados por la poderosa escoria que gobierna el mundo, claro, ahora es una destrucción organizada, a través del arco minero.

No es el deseo ni estoy de acuerdo con lo que está sucediendo, es labor de un analista de fallas el tomar un problema, evaluar sus causas y, en este caso, presentar la posibles consecuencias con el propósito de que cada quien aplique la estrategia que más se adapte a su situación, sin pasiones, de los culpables se encargará la historia o la justicia divina, lo que llegue primero.

Queda entonces prepararse, con la tranquilidad del desesperado, para una nueva forma de manejar nuestras vidas por un tiempo, según mi criterio, existe sólo un 5 % de posibilidad de salir indemnes de esta situación, será de sabios prepararse para la misma, quienes apuesten al cambio de gobierno, yo creo que esta crisis podría llevarse tranquilamente dos gobiernos, uno detrás del otro.

Para mí, todo pasa por una razón, estoy seguro de que saldremos fortalecidos como Patria y como Personas de esta coyuntura, debemos mostrar a las futuras generaciones los daños de la ambición desmedida y la falta de respeto con nuestra madre naturaleza, aprenderemos a encontrar la felicidad donde siempre ha estado, en nosotros mismos.

Namasté

Gilberto L. Cortés G.

Twitter @gilbertocorts