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domingo, febrero 5, 2023
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La sonrisa del béisbol

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Conocido como el «Niño», la bondad y el carisma del venezolano trasciende a las grandes ligas y encarna una pasión y un impulso hacia el éxito que son insuperables. Salvador no conocía de la existencia de Kansas City cuando era un niño y hoy en día es su hogar.

Desde muy joven quería llegar a grandes ligas y lo logró. Conozcamos un poco más sobre la vida del receptor carabobeño a propósito de su estreno con el uniforme de Águilas del Zulia.
Salvador Johan Pérez Díaz se crió, y aún tiene residencia allí, en Valencia.

A los seis años vivía en un sector cercano a la zona industrial de la capital del estado Carabobo. A esa edad sus padres se separaron y él y su mamá, Yilda Díaz, se fueron a vivir en casa de su abuela materna. Estaba en un barrio llamado La Bocaina. La sra. Yilda trabajaba 12 horas desde las 6 de la mañana. La abuela de Salvy, como lo llaman en Estados Unidos, Carmen Ramos, se encargó de criarlo. Desde muy niño ya Salvador amaba el béisbol. Pero ese amor llegó con un poco de ayuda.

Johan, su segundo nombre, era la manera como lo llamaban por su barrio, comenzó a los 4 años en la práctica del béisbol. Trabajaba incansablemente. Lo hacía en tercera base y en el campo corto. En el año 2006 Pérez llegó a un pequeño campo de beisbol al lado de una base militar. Allí sería observado por algunos scouts. Estiró, calentó y comenzaron las pruebas. La primera era correr 70 yardas. Prueba que no era del agrado de Salvy pero igual la asumía con pasión. Y allí intervino la diosa fortuna. Parte de la seguridad en el lugar era la presencia de policías y uno de ellos tenía un pastor alemán. Cuando comenzó la carrera, el perro de la Policía se soltó y pensando que estaba huyendo, persiguió a Salvador.

Afortunadamente un policía detuvo al can pero Salvador siguió corriendo y el cronómetro también. Hizo 7.3. Era lo más rápido que había corrido la distancia. El hombre del cronómetro se fijó en él. Era Orlando Estévez, supervisor en Latinoamérica de los Reales de Kansas City.


Estévez había participado en la firma de otros prospectos venezolanos como Humberto Arteaga y Samir Dueñez entre otros. Cuando los jefes le preguntaron por Pérez dijo: «Tengo cuatro hijos en casa. Salvy es mi quinto muchacho» El vínculo entre Pérez y Estévez ha durado hasta hoy y continuará toda la vida. Estévez siempre decía que Salvador era un receptor jugando al campocorto. Trabajó con él en la posición. Resaltaba su brazo que era como un cañón. Tenía una actitud que era absolutamente fuera de serie.

Quería ser el mejor receptor posible para Kansas y lo logró posteriormente. Estévez luego llamó a su jefe, René Francisco, asistente del gerente general de la organización. Le dijo que había encontrado a un niño que quería llevar al club. Francisco le dio 60 mil dólares para firmar a Salvador.

Tiempo después, Estévez y representantes de los Reales tomaron rumbo a La Bocaina, el barrio donde vivía Salvador. Al llegar a su casa, el propio pelotero los recibió. «Bienvenidos a mi casa, no es mucha pero es nuestra», fueron sus palabras de recibimiento. El cuarto de Pérez tenía piso de tierra. No era el mejor vecindario pero el muchacho nunca permitió que lo doblegara. Estaba orgulloso de su vivienda. Estévez quedó impresionado por el aplomo e ingenio del muchacho. Tuvo que darle 5 mil dólares más. Su jefe no estaba contento pero todo funcionó muy bien. Es cierto. Solo 65 mil dólares fue el bono que recibió Salvador Pérez por su firma. En La Bocaina comenzó la leyenda de Salvador a escribirse con letras de éxito.

Después de ser parte del título de la Serie Mundial de 2015, Pérez observó un cambio en la organización. Se estaban reabasteciendo hacia el futuro. Salvy se convirtió en uno de los principales líderes en el equipo, un rol en el que ha estado preparándose para su vida entera. «Diviértanse pero jueguen duro. Siempre juego duro y siempre me divierto», palabras que escuchan frecuentemente en voz del venezolano. Tiene el apoyo de un país, su mamá, su esposa y sus dos hijos. El apoyo necesario que hace que sus tareas sean posibles todos los días.


Siempre positivo y ayudando a su club en todo, quiere terminar su carrera en Kansas. Firmó recientemente un contrato por cuatro años más con los Reales. Espera tener la oportunidad de que retiren su número y poder dar un discurso delante de todos.

Quiere estar en el salón de la fama de Kansas City. Quiere estar, por supuesto, en Cooperstown. Pero por ahora quiere que su número esté al lado de los de Frank White y George Brett. Eso lo hará sonreír. La sonrisa del beisbol.

El beisbol es lo mejor
Wenceslao Moreno Jr.

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