Cuando la marea nacionalista populista se convierta en una inmensa ola indetenible a nivel global, el fenómeno migratorio llegará a su fin. Los marginados de sus tierras, oprimidos por el hambre y acosados por la violencia, tendrán que resignarse a vivir, morir o trascender, en sus respectivas circunstancias históricas.
El pragmatismo de las sociedades capitalistas desarrolladas, inspirado en sus raíces étnicas y lo más apreciado de su identidad originaria, funge como corriente política que busca conservar su cultura ancestral y el estado de bienestar adquirido. Es parte de la justificación doctrinaria de los partidos ultraderechistas.
En otros términos, ese pragmatismo se expresa en odio hacia el extranjero, desprecio a la diversidad humana e intolerancia a la convivencia y la fraternidad. Estimula la discriminación y la xenofobia. profesa un sentimiento supremacista que infunde repugnancia por la idiosincrasia cultural de los pueblos «tercermundistas» y solo admite relaciones a distancia entre sus pares ideológicos de países desarrollados. Sus sectas más extremas, son abiertamente anti- unión europea.
Por eso millones de personas que han huido del hogar donde nacieron, buscando protección y refugio en Europa y los EE. UU., tendrán que volver a sus lugares de origen y asumir sus realidades existenciales. El denominado ultraderechismo no admitirá a quienes deseen asimilarse a sus valores nacionales e integrarse al desarrollo económico del país de acogida: igual serán deportados.
Esto toca en forma sensible a la mayor emigración mundial en términos cuantitativos y cualitativos: ocho millones de venezolanos que huyeron despavoridos del régimen que destruyó todos los bienes de sustento económico del país (y hoy los regala); redujo a la mediocridad la educación pública, corrompió a niveles de decadencia los valores éticos de la población por medio de la coacción social y apagó el futuro de las nuevas generaciones.
Ahora pretenden negociar la permanencia en el poder, regalando el porvenir de los venezolanos a una cleptocracia voraz residenciada en «Mar a Lago», deseosa de hacer buenos negocios a costa de lo que sea, donde la reputación y los escrúpulos no tienen cabida.
Esa cleptocracia por su parte, Intenta detener el impulso histórico de la sociedad venezolana, torcer su voluntad, adaptarla a sus intereses y apropiarse de por vida de las reservas petrolíferas y las riquezas mineras del país, queriendo emular los protectorados franceses y españoles en Marruecos a finales del siglo XIX: pueblo oprimido y régimen sumiso y entreguista.
Para salir al paso a estos desmanes, los venezolanos, igual que en los EE. UU., debemos invocar la consigna: «haz de Venezuela grande otra vez», que se traduce en recuperar y hacernos dueños de nuestro propio destino, asumiendo nuestra soberanía popular y nacional. Sacudirnos la inmoralidad e ilegitimad del tutelaje.
Estamos preparados. Hemos aprendido de la peor catástrofe vivida por pueblo alguno, cual es, la emigración compulsiva y la disgregación familiar en términos irreparables. Ni siquiera el tiempo podrá cicatrizar las heridas morales y físicas que llevamos los venezolanos víctimas de esta fatal crisis humanitaria inducida.
¿Cómo hacer a Venezuela grande otra vez? Evidentemente con un nuevo gobierno, un nuevo liderazgo y una nueva ruta pragmática, viable y funcional, nacida del impulso histórico de la sociedad venezolana, basada en sus necesidades a corto, mediano y largo plazo.
Hacer a Venezuela grande otra vez es borrar para siempre de sus instituciones y organismos funcionales, los nombres de quienes causaron esta debacle. Debemos construir barreras pedagógicas para evitar ideologías populistas que reverencien una falsa noción de «pueblo y patria» para manipular los sentimientos nacionales.
Esa vuelta a la grandeza solo puede direccionarla una nueva ética social, una nueva élite política, un nuevo gobierno inspirado en valores netamente venezolanos. Todo apunta en una sola dirección: el liderazgo de María Corina Machado, una de las pocas figuras políticas libre de manchas del pasado, quien además posee un proyecto multidisciplinario llamado «Venezuela, tierra de gracia».
Muchos que en su momento fueron indiferentes o engañados, estaban equivocados, o andaban en otro rumbo, hoy están a la diestra de la realidad nacional y aceptan el liderazgo de MCM. Algunas posiciones de viejos y decrépitos demócratas venidos a menos, simplemente son revulsivas.
¿Estamos preparados para unas elecciones? Si las elecciones se realizaran el próximo domingo con el viejo y corrupto CNE; si se restituyen los dirigentes y partidos políticos inhabilitados y se asegura una imparcial veeduría internacional, las calles de Venezuela se convertirán en ríos de gente acudiendo a las urnas electorales.
Tendría lugar otra rebelión pacífica y popular como el 28j24, reclamando libertad y democracia. Se produciría una nueva paliza aun sin el voto de la diáspora. Mienten los codiciosos burócratas de la Casa Blanca. Los venezolanos exigimos ¡elecciones ya!, y defenderemos el voto hasta sus últimas consecuencias.
Si ese impulso histórico espontáneo se concreta y Venezuela inicia los pasos a su recuperación, la diáspora venezolana no tendrá motivos para seguir dispersa y podrá regresar y dejar atrás los días de la humillación y la persecución.
Los venezolanos aspiramos ver desde lejos, unidos y en casa, el reacomodo mundial que se cierne en los días por venir auspiciado por la ultraderecha populista. A la larga, se estrellarán contra un nuevo espíritu de los tiempos, y el mundo, si sobrevive, tendrá opción a un nuevo renacer. [email protected]
