Ir al contenido principal

Noticia al Dia

Espiritualidad y religiosidad en la ingancia (por la Dra. Elizabeth Ferrer B.)

Desde la curiosidad maternal del niño, el asombro comienza con la capacidad innata para hacer preguntas profundas sobre la vida. La espiritualidad es su conexión con el mundo, y la religiosidad es la práctica que aprenden en casa, explica la Dra. Elizabeth Ferrer B., pediatra con amplia experiencia clínica en el desarrollo infantil.

Manifestando la espiritualidad como una búsqueda intuitiva de conexión y sentido, la conexión interior es libre, mientras que la religiosidad vive dentro de dogmas y templos, adaptando ritos y tradiciones transmitidos por el entorno familiar. "Son dos parámetros que mueven al mundo, aunque no signifiquen lo mismo. Se unen como conexión interna con Dios y las prácticas y normas de la comunidad", señala la especialista.

Dentro de la perspectiva espiritual, los niños representan la pureza de corazón: una fe sin doblez ni orgullo, una confianza total en Dios como Padre y un amor sin egoísmo que busca una inocencia interior conectada con lo divino. La perspectiva religiosa, en cambio, enseña a la sociedad y a los niños la doctrina, la comunidad y la guía.

La espiritualidad es innata y se manifiesta en el asombro por la naturaleza. Fomentarla implica observar y hacer preguntas sin prisa, enseñando valores, bondad y gratitud. El contacto con el entorno desarrolla la sensibilidad y la conciencia de un mundo fuera de uno mismo, cultivando humildad y el uso de los sentidos para conocer el mundo.

Los niños necesitan contextos familiares y escolares que ofrezcan relaciones significativas basadas en el amor, el respeto, la compasión y la alegría. Así descubren quiénes son y desarrollan habilidades que moldean sus vidas, aprendiendo a participar y contribuir a la sociedad. El desarrollo de la espiritualidad en la infancia está estrechamente vinculado a la felicidad.

"El niño tiene un interés natural en Dios y un sentido innato de lo divino, alimentado por la familia y la comunidad. El fundamento para la fe comienza su desarrollo espiritual desde la concepción", afirma la Dra. Ferrer. Las interacciones con adultos cristianos sensibles refuerzan constantemente ese vínculo, mientras los niños aprenden conceptos básicos sobre el pecado, el perdón y las lecciones bíblicas.

La transición de lo concreto a lo abstracto ofrece una nueva perspectiva de la teología: los niños comienzan a entender los sacramentos y a considerar la oración como una verdadera comunión con Dios. Sus necesidades espirituales están ligadas a las necesidades físicas y emocionales, así como a la fe, la esperanza y el amor.

Debemos abordar en los niños la diferencia entre espiritualidad y religiosidad: el sentido innato de asombro y las estrategias prácticas para acompañar este desarrollo sin imponer dogmas. La espiritualidad es experiencia interior y conexión existencial; la religiosidad, ritos, doctrinas e instituciones.

Los niños muestran su espiritualidad mediante la imaginación, los dibujos y las dinámicas libres, así como en sus dudas sobre la muerte. La religiosidad evoluciona según la etapa cognitiva, la imitación familiar y la formación moral. El niño imagina a Dios de forma parecida a sus padres y, con el crecimiento, comienza a separar la figura divina de lo terrenal, buscando respuestas lógicas sobre el origen y el sentido de la vida.

Desde la perspectiva médica, la Dra. Ferrer enfoca la espiritualidad conectada con la salud física y mental del niño a través del eje neurobiológico. "La conexión y el asombro estimulan la plasticidad cerebral, fortalecen el lóbulo frontal y las áreas asociadas a la emoción, y modulan el estrés tóxico, protegiendo el cerebro del impacto de traumas tempranos", explica.

Un desarrollo espiritual fuerte reduce la depresión y la ansiedad, siendo pilar fundamental de un modelo biopsicosocial-espiritual con impacto inmunológico y endocrino. La gratitud, la compasión y la paz interior ayudan a los niños con patologías crónicas a procesar el dolor, moderando el miedo y el sufrimiento mediante la resiliencia existencial.

Durante los primeros tres años, la espiritualidad es indiferenciada y se construye desde el apego seguro y el amor incondicional de los cuidadores. En los siguientes seis años surge una espiritualidad intuitiva-proyectiva, con fantasías y una capacidad innata de asombro ante la naturaleza. La escolaridad marca después una etapa mística-literal, de orden, justicia y elaboración de narrativas y rituales propios.

En síntesis, la espiritualidad muestra que el centro de una vida con fe es la sencillez y la humildad, lo que promueve relaciones interpersonales significativas y mayor calidad de vida, es decir, mayor felicidad. "Forma parte del ser humano desde el nacimiento", concluye la Dra. Ferrer, quien recuerda que espiritualidad y religiosidad pueden coexistir o vivir de forma independiente, y que ambas cumplen un papel determinante en la construcción de un futuro pacífico para los niños.

…..” dejad que los niños vengan a mi “ .

“ El Reino de los Cielos es de los niños “. Mateo 19:14.

Por: Dra. Elizabeth Ferrer B.

Pediatra

Y no olvides visitar...