Entre páginas y fotogramas: Memoria del tiempo aquel en La misteriosa llama de la reina Loana

Entre páginas y fotogramas: Memoria del tiempo aquel en La misteriosa llama de la reina Loana

Andreina Isea, cineasta y guionista zuliana

Ahí estaba él, sentado en el sillón mirando de un lado a otro, buscando el elemento emisor de un brillo de luz que se movía entre las paredes del patio en unos de esos largos y oscuros apagones. Hablo de mi abuelo, aprendiendo palabras que ahora se le hacen nuevas, en ese juego tan extraño de la vida en el que lo que le era cotidiano se convierte en novedad con el pasar de los años; un ir y venir de recuerdos. Me senté junto a él a enseñarle, o más bien a recordarle de dónde venía aquella luz que tanto le llamó la atención, – es la luz del celular-, le dije; entre retozos, en ese vaivén de imágenes de una vida cargada de experiencias y palabras, no recordó qué era eso de “un celular”. No sé qué llegó a imaginar, pero creo que lo hizo como cuando yo jugaba a descubrir el mundo. Con una vasta vivencia, no debo enseñarle nada a alguien que me lo enseñó casi todo.

A algunos les parecerá raro o rarísimo este entremés, pero fue lo primero que se me vino a la mente cuando pude saborear las primeras letras de esta historia. He pensado en varias ocasiones en borrar situaciones, como chiste de momento, pero ¿cómo?, es que somos todo aquello que se ha quedado guardado en el disquete de la memoria, aunque tenga quejas de esa por no prestar atención a ciertos detalles como fechas de cumpleaños o nombres, (estos me cuesta mucho tiempo recordarlos), la misma continúa para muchas sensaciones, intacta. Giambattista Bodoni despertó el 25 de abril de 1991, con tantas dudas y cuestionamientos, sin saber quién era, es o fue; suspendido en un largo sueño que se encargó de arrancarle los recuerdos, sí, la memoria de sus vivencias más íntimas, aquellas que lo hicieron actuar de alguna manera u otra.

Nacer de nuevo a los sesenta años ha de ser una nueva oportunidad de vivir o seguramente un viaje tortuoso hacia la melancolía, diría yo. Los sorbos del vino tinto con el que te embriagaste alguna vez hoy se tornan como las migas de pan a seguir para llegar a tu nuevo destino, el pasado y el presente. Yambo no sabe dónde está, tampoco sabe si es una broma o si le intentan crear una nueva vida, elaborando recuerdos que realmente nunca existieron. Para Yambo, los sabores, los olores, los sonidos y las palabras se unen cónsonos para componerle las sensaciones que le ayudarán a quizá recuperar su memoria episódica; aunque extraño, resultó que para Giambatista las líneas de poemas brotan de su lengua como si el tiempo se hubiese detenido allí, su memoria semántica se conserva casi impoluta, mientras que los retazos de sus vivencias se desvanecen como humareda.

Con esas ganas de redescubrirse, Yambo se va a Solara, la tierra donde nació y a la que en sus lúcidos años, antes de todo este borrón y cuenta nueva, jamás visitaba. Giambattista siempre bloqueó la nostalgia de los rincones, las muñecas de su hermana y el desván de su abuelo, pero ahora cada objeto que encuentre será el tesoro más preciado para confeccionar sus memorias, títulos como “El pequeño correo” o “Buffalo Bill, el héroe italiano de la pradera”, aparecen dándole pistas, hasta una edición ilustrada por Mussino en 1911 de “Pinocho”, que le rememora el cuento de hadas pero al mismo tiempo le hace sentir escalofríos con los dibujos aterradores, mientras recuerda que quizá la había utilizado para adormilar a sus nietos.

“Las hazañas de Fantomas” junto a la serie de “Rocambole” y aquellos dramas parisinos; Un “Corriere della Sera” del 6 o 7 de enero de 1941. La raza itálica y por supuesto la aquilina más todo reconocimiento de la Italia fascista de cuando Mussolini.

Umberto Eco, el amo del signo y los códigos, uno de los semiólogos más importantes, nos regaló esta novela ilustrada como pasaje a un mundo lleno de códigos sintácticos y semánticos para ir con Yambo en el recorrido de la literatura para el consumo en masa o los ricos textos de la gente culta y apoderada. No sé cómo sería que un día por la mañana no reconociera mi rostro en el espejo, mi letra o a mi madre; es posible que comience a sentir la necesidad de darle nombre a la misteriosa llama, la misma que le generaba a Giambattista el encontrarse con quien fue, para luego reencontrarse con sí mismo, porque todo empezó así.

“La misteriosa llama de la reina Loana” es una novela ilustrada del italiano Umberto Eco, publicada en 2004.

Andreina Isea

IG: @ninaisea