De Interés: Tolerar no es soportar con impotencia, dolor o rabia (María Elena Araujo Torres)

De Interés: Tolerar no es soportar con impotencia, dolor o rabia (María Elena Araujo Torres)

María Elena Araujo Torres

María Elena Araujo Torres

Tolerar el comportamiento de algunas personas pareciera ser uno de los grandes retos que debemos superar a diario, sobre todo cuando nuestro entorno depende de la afluencia de gente, ya sea por razones académicas, laborales, religiosas, deportivas, sociales.
Y seguramente para otras personas nosotros también representamos ese personaje a quien no toleran, no soportan, ya sea por la personalidad, expresiones, opiniones ante determinadas situaciones o comportamiento en algunos escenarios de cotidiana interacción social. Esto, por aquello de que nos somos monedita de oro para caerle bien a todo el mundo.
Ocurre que cada quien tiene su propio mundo aunque interactúe en el común para todos. Bajo sus conceptos de lo que debería ser el comportamiento de las personas, se forma parámetros propios, y desde ese punto consideran los modelos que deberían ser los correctos. Otros comportamientos o personalidades ajenas a su concepto del deber ser, entonces representan lo adverso, contraproducente y desagradable.
El caso es que nos toca tolerarnos cuando no coincidimos en comportamientos, opiniones. También cuando las conductas -que algunos de nosotros detentamos en determinadas situaciones- sobrepasan los límites del respeto al prójimo, se necesita una alta dosis de tolerancia para poder convivir en comunidad.
Hace falta trabajar profundamente en nuestros comportamientos en relación con el prójimo y a veces hasta con nosotros mismos, para reconocer comportamientos agresivos, desagradables, destructivos, autodestructivos. Comportamientos que a veces se muestran en pequeñas dosis pero que van afectándonos y perturbando a la gente de nuestro entorno, provocando daños en la salud y siquis personal y rechazo entre quienes tengan que compartir espacios con el agresor, altanero, abusador, irrespetuoso.
El caso es que casi siempre consideramos que quienes asumen esos comportamientos son otras personas, pero si realizamos un análisis verdaderamente sincero podemos llevarnos sorpresas. Sería recomendable analizar el comportamiento personal un día cualquiera que toque salir a estudiar, trabajar, hacer alguna diligencia. Observarnos para constatar qué nos molesta, quiénes nos desagradan, cuáles cosas perturban nuestra tranquilidad y cómo reaccionamos ante ello. ¿Acaso callamos y nos dejamos consumir con la rabia, el dolor, la tristeza?; ¿sencillamente vociferamos reclamos ante lo que consideramos contraproducente?; o ¿tratamos de mantener la calma para expresar nuestra posición, opinión, sin ofender ni dañar a otros, aunque le consideremos culpable o dañino?.
A veces es poco fácil mantener la calma ante algunas situaciones o personas, sin embargo, si consideramos el daño que podemos hacernos o hacer a otros con reacciones desaforadas, entonces empezaríamos a tomar medidas personales, de comportamiento, de higiene mental para aprender como tolerarnos y tolerar, sin dañarnos ni dañar.
Tolerar es hacer un esfuerzo para tratar de entender el comportamiento que nos pueda parecer adverso de otras personas, hasta que de tanto hacerlo se haga natural, espontáneo. Es tratar, sin prisa pero sin pausa de encontrar las causas verdaderas de nuestras incomodidades ante determinadas situaciones que escapan de nuestro control para aceptarlas como parte del mundo que nos toca vivir o para transformarlas, para mejorarlas, si es posible hacerlo. Entender que muchas veces es mejor callar que entablar una discusión vacua, sin sentido, sobre cualquier punto, pues discutiendo difícilmente se solucionan los problemas o las diferencias, hasta ahora no existen ejemplos demostrables al respecto.
¿Qué ganamos?: mejor salud, pues ya sabemos y está demostrado que las molestias, tristezas y rabias se somatizan, cobran al cuerpo a través de diversas dolencias leves y hasta mortales. Ganamos espacios de tranquilidad, que pudiendo ser pequeños al extenderse se constituyen en terrenos ganados para la paz mundial, que aunque suene a utopía podríamos empezar a hacer realidad con nuestros comportamientos al labrar la tolerancia con la familia, vecinos, amigos, compañeros y cualquiera que comparta esta casa grande llamada tierra.
María Elena Araujo Torres