De Interés: la parte buena del dolor (María Elena Araujo Torres)

De Interés: la parte buena del dolor (María Elena Araujo Torres)

María Elena Araujo Torres

María Elena Araujo Torres

El dolor es un mensajero. Y al parecer no sólo el dolor físico sino también el emocional. La gente se queja cuando siente ese desagrado y busca medicamentos para calmarlo, acude a un médico o soporta hasta que se calme. Y si es dolor traducido más bien como tristeza profunda o sufrimiento entonces recurre al llanto, al retraimiento, a aislarse o a interactuar con quien pueda escucharlo ya sea por amistad o por servicio profesional.
El caso es que la gente rechaza el dolor porque obviamente a nadie en su sano juicio podría gustarle, pero resulta que gracias a la oportunidad de sentir esa desagradable sensación es que podemos detectar situaciones tras bastidores, darnos cuenta que algo anda poco bien, funcionando con dificultades. De no ser así entonces tendríamos sorpresas nada gratas pues ni siquiera sabríamos que debemos realizarnos exámenes médicos para reconocer alguna enfermedad incipiente. Y en cuanto a la parte emocional es una especie de alerta a atender para evitar sucumbir.
El dolor es la señal de aviso inicial de que algo va mal en tu cuerpo, lo que permite seguir los pasos necesarios para corregir la dificultad. Si no se pudiera sentir y se toca por ejemplo un horno muy caliente, no nos enteraríamos de que se está quemando la mano. Gracias precisamente al dolor el cerebro recibe el mensaje que provoca retirar la mano del horno de inmediato para que no quemarse.
Es una sensación de los sentidos ligado a los órganos a través del sistema nervioso. Al mismo tiempo tiene un importante componente psicológico subjetivo. En ambos casos, dolor físico o emocional (que usualmente se complementan) se involucra el sistema nervioso, tanto en la captación de la sensación dolorosa como en la posterior transmisión hasta el cerebro, que es el órgano que percibe realmente ambas formas de dolor.
Mientras que, por su parte -y a veces conjuntamente con el físico- el dolor emocional es el sentimiento negativo que surge ante determinadas situaciones o problemas, usualmente relacionados con alguna pérdida o un problema que afecte de manera importante. La ruptura de una relación sentimental, un divorcio o la pérdida de un ser querido suele traducirse en tristeza, estrés ante la necesidad de enfrentar el problema, frustración, o rabia, por referir algunas emociones.

Algunas personas se hacen adictas al dolor emocional. Les gusta que la gente sienta compasión por ellos, asumen la posición de víctima frente a amistades y familiares, en una especie de disfrute ante la sensación de que las personas sientan lástima. Suelen ser adictos al dolor sentimental aunque tiendan a no reconocerlo, afectando usualmente a sus seres queridos quienes suelen sentirse impotentes ante la poca posibilidad de aliviar el dolor vehemente de su pariente.
La parte no tan buena es que -según han determinado estudios médicos- conforme el dolor emocional invade la cotidianidad, las enfermedades pueden llegar a invadir el organismo con afecciones como cáncer, problemas cardíacos alergias, entre otras. Se conoce como somatizar.
En todo caso, tanto el dolor físico como el emocional van de la mano y pueden generar consecuencias inestimables si se canalizan de manera inadecuada. Es menester buscar las verdaderas causas, la raíz, el origen verdadero, para atenderlos y resolverlos, ya sea por resoluciones propias o con asistencia profesional, según sea el caso. Lo importante es tratar de entender que la sabia naturaleza nos ha dotado de la posibilidad de sentir el aviso ante las dificultades sicosomáticas que puedan avecinarse para tomar medidas adecuadas a tiempo. El primer paso para salir bien librados del dolor ya sea físico o emocional es aceptarlo sin miedo. Si nos escuchamos realmente sabremos cuando estamos listos para enfrentarlo, resolverlo, superarlo y dejarlo ir.
María Elena Araujo Torres

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