De Interés: la genialidad del malasangre (María Elena Araujo)

De Interés: la genialidad del malasangre (María Elena Araujo)

Todos conocemos gente que pareciera disfrutar generando molestias a algunas personas que no son de su gusto por diferentes razones. Se encargan e invierten tiempo en hacer comentarios, gestos o acciones que supone desagradan al sujeto de su rabia o descontento.

Este tipo de personaje pareciera fortalecerse cuando cree lograr reacciones incómodas. Si la persona en cuestión responde con molestia o sencillamente asume gestos de disgusto, entonces lograron el objetivo, entonces se regocijan, sonríen y se creen triunfadores al salirse con la suya. Muchas veces actúan en grupo.

Tristemente para ellos, pierden parte de su vida en causarse daño a sí mismos, porque al cargarse con la energía negativa que requiere pensar, decir o hacer acciones contraproducentes contra otra persona, indudablemente lesionan sus propios órganos internos con la rabia requerida en ese momento.

Los médicos advierten sin cansancio. Las personas que usan rabia, disgusto, mala intención, como modo de vida  a quienes dañan indefectiblemente son a sí mismos, a su organismo. Se autoinfligen problemas de salud, incluyendo cuadros de depresión. También daños y dolores físicos de índole psicosomático, como úlceras, padecimientos de fuertes dolores de cabeza y migrañas. En muchos casos la ira sentida para disgustar a otra persona puede ser mortal, ya que el continuo malestar emocional producto de los arrebatos coléricos produce problemas cardíacos, arritmias, que hasta provocarían la muerte.

En Venezuela se llama a este tipo persona: malasangre, entre otros calificativos. Y si vamos a la etiología del término sí tienen mala sangre pues ellos mismos se la envenenan con mala intención que despliegan contra otros. Los malasangre suelen sentirse inteligentes, geniales, intelectualmente superiores a quienes consideran sus enemigos, opuestos, o gente que sencillamente creen carecen de importancia.

Suelen hacer comentarios quisquillosos para generar reacciones desagradables entre las personas con quienes no pueden ser directos por circunstancias de entorno social, ya sea porque pertenecen a un mismo grupo gremial, laboral, religioso, político o que amerite el respeto entre sus miembros. Sin embargo, se jactan y son directos en comentarios o expresiones soeces, negativas, contra gente a quienes subestiman, ya sea por edad, condición económica o por considerarles inferiores.

Existen tratamientos psicológicos eficaces para dominar la rabia, la impotencia, desdicha y creencia de que alguna gente es una amenaza potencial. Sin embargo, es muy poco probable que quienes están inmiscuidos en esta mala forma de vida se reconozcan como paranoicos, rabiosos, malintencionados. Se pueden autocalificar como malasangres y sentirse orgullosos de ello, pero jamás reconocen que tienen un grave problema que les puede costar la salud y hasta el deceso prematuro.

Las personas que usan con frecuencia este modo de expresarse contra otros suelen frustrarse ante los logros no alcanzados y culpan a otros de sus desdichas, sin reconocer sus propias fallas ya sea por no haberse formado académicamente, provenir de familias disfuncionales en extremo, por estar pendiente de la vida de otras personas en vez de ocuparse de la propia para cultivarse, de mentirse a sí mismos -y a quienes puedan- acerca de su propia personalidad, aparentando éxito y alcance de logros extraordinarios cuando realmente están tratando se sobrevivir rodeándose de una coraza o careta alejada de los verdaderos infortunios de su vida cotidiana.

Si tuvieran conciencia de que con sus acciones solamente se hacen daño a sí mismos y a su propia familia, seguramente darían un viraje a su estilo de vida, ocupándose más de cultivarse, aprender, forjar la humildad verdadera como estilo de vida, dejar de aparentar superioridad absurda, en fin, de quererse más, practicar la bondad y entender que ser malasangre a nadie ha generado ganancias para tener mejor vida.

María Elena Araujo Torres