De Interés: la esencia de la comunicación (María Elena Araujo Torres)

De Interés: la esencia de la comunicación (María Elena Araujo Torres)

De Interés: la esencia de la comunicación

De Interés: la esencia de la comunicación

Desde que nacemos nos comunicamos para poder satisfacer necesidades físicas y emocionales. Con los avances tecnológicos de hoy día en materia de ecografía, ultrasonografía o ecosonografía, está demostrado que la comunicación entre los gestantes no sólo ocurre por interacción con su madre sino con el mundo exterior. Incluso, sin observarlo en imágenes, responde con movimientos ante voces o estímulos como la luz o caricias en la barriga materna.

El proceso comunicacional es inconmensurable, pues no se limita a la palabra hablada o escrita. Sabemos que nos comunicamos con gestos faciales, con las manos, miradas, cuando bailamos, caminamos, la forma en que nos sentamos, a través de la música, siendo calificada esta última como el lenguaje universal pues no requiere traducción para generar determinadas conductas, sentimientos o emociones, su uso en películas es la mejor muestra de esta aseveración. Incluso el silencio comunica, transmite un mensaje acorde con el contexto.

Vestirse de determinados colores para comunicar un mensaje siempre ha sido utilizado, en los uniformes escolares, militares, partidos políticos. En todas las interacciones humanas la comunicación es factor determinante para cualquier proceso ya sea familiar, laboral, académico, deportivo, social, etcétera. Los niños comunican infinidad de emociones a través de los juegos, incluso en sus actividades escolares transmiten sus condiciones no sólo en su conducta cuando interactúan con compañeros o maestros, sino desde la forma de caminar, sentarse, escribir o dibujar. Ya muchos saben que a través de dibujos los niños manifiestan sus sentimientos, si se sienten cómodos o incómodos en sus respectivos entornos familiares. Hace años esto se sabe a través de la sicopedagogía que aplican algunos docentes para conocer al niño más allá de lo que muestra o aparenta en su conducta.

Habría que hacer un aparte también a la naturaleza. El cielo nos comunica cuando hay buen tiempo o se avecina lluvia, tormenta o más, según el espacio que ocupemos geográficamente. Los árboles se comunican con energía emanada a través del oxígeno que generan para nuestra respiración. También se secan en respuesta la falta de riego, o bailan con sus ramas al compás del viento.

Los animales manifiestan una comunicación más cercana a nuestro entendimiento práctico. Muchos hablan, como los loros. Otros se comunican con su canto, como los pájaros. Los monos, perros y gatos, parecieran comunicarse más aún, con sus gestos, sonidos y conductas. Hace poco vimos un video de una muchacha sentada sobre un verde césped, mientras tocaba guitarra cerca de una vaca que lentamente se fue acostando y recostó su cabeza tiernamente entrecerrando los ojos al lado de las piernas de la joven, en un claro e indiscutible cuadro comunicacional.  

Hoy en día la gente se comunica vía telefónica, por las redes, aunque se encuentren a increíbles cantidades de kilómetros de distancia y -aunque nuestros ancestros no lo imaginaran- sin siquiera conocerse. Muchas personas aseguran comunicarse mentalmente con familiares cercanos, amigos o conocidos, por aquello de que al pensar en esa persona pues ésta manifiesta también haberlo hecho. Cuando se dicen que estaban pensando en llamarte y el pensamiento es recíproco. En los sueños hay comunicación. Incluso, mucha gente asegura haberse comunicado con personas que ya no existen físicamente.

La Teoría de la Comunicación (según Wikipedia), estudia la capacidad que tienen algunos seres vivos de relacionarse con otros intercambiando información. Es una actividad muy antigua registrada por la humanidad y la naturaleza. La aptitud para servirse de la información en la interacción la poseen especies animales que habitaban en la tierra mucho antes que el hombre…Finalmente una cita de suma importancia: “La conversación o comunicación más importante de toda tu vida es la que llevas contigo mismo cada día”.

María Elena Araujo Torres