De Interés: hablar para dañar (María Elena Araujo Torres)

De Interés: hablar para dañar (María Elena Araujo Torres)

María Elena Araujo Torres

María Elena Araujo Torres

Hay quienes no analizan las consecuencias de sus actos, gestos, palabras, cuando de expresar lo que primero se les atraviesa por la cabeza se trata. Incluso existen quienes se jactan de ser transparentes, sinceros, directos, sin subterfugios, a la hora de manifestar sus puntos de vista sobre cualquier asunto, sin importarle las consecuencias de su desenfreno emocional.
Lo peor es que quienes manejan esta práctica se consideran intelectuales capacitados para dar clases magistrales a cualquier ignorante, neófito que le rodea. Usualmente pareciera que les aconteciera una patología de conducta, pues la supremacía que consideran poseen por encima del resto de los humanos les daría licencia para atropellar e irrespetar a los demás.
En la familia a más de uno le ha generado sinsabores que rompen con la armonía del hogar pues en nombre de la familiaridad se permiten reiteradamente insultar a sus más cercanos, quienes algunas veces se quedan sin opción de escoger si escucharle o no, pues la convivencia del linaje obliga a veces a compartir espacios físicos a diario.
Más de una familia se ha debilitado, separado, desintegrado, por la presencia de miembros con este tipo de conducta. “Yo digo lo que siento, yo digo lo que creo, yo digo la verdad, les guste o no”. La arrogancia y desconsideración en su máxima expresión, decir lo que se piensa creyéndose dueño de la verdad aunque esté a leguas de distancia de la verdad verdadera o sin considerar que cada quien puede tener su verdad de acuerdo a la situación que le rodee, desde su propia óptica y circunstancias.
Y las personas que se pavonean de su claridad al expresarse suelen causar malestares a la mayoría de la gente pues son capaces de insultar con términos altisonantes o disfrazados de decencia a quienes no sean de su gusto o a quienes consideren estorben sus planes. Obviamente jamás son “claros” con gente a quienes considere puedan alterar su estabilidad económica o de poder. Y si lo hacen es de una manera disfrazada más bien adulante para mantener buena relación y no poner en juego sus propios intereses.
En los diferentes espacios de la cotidianidad conseguimos este tipo de persona. Unos son más impetuosos y realmente no analizan las consecuencias que puede traer expresar cualquier barbaridad aunque perjudique al prójimo y están quienes calculan exactamente cómo hacerlo para justamente perjudicar o ganar indulgencias, pues al considerarse capacitado, instruido e intelectual subestiman a quienes callen ante sus improperios. Las personas con estas características parecieran tener un ego muy grande cuando realmente suelen carecer de autoestima por no lograr sus aspiraciones con trabajo honrado, diligente y productivo.
Esta conducta puede generar desagrado en gente desprevenida ante personas que manifiesten este tipo de comportamiento. Sin embargo, es importante tratar de entender que las personas aparentemente directas o crudas en sus aseveraciones sin considerar las consecuencias o daños a terceros, afectaran emocionalmente solo a quienes se lo permita porque dependiendo de cómo se asuma así puede afectar o dañar. El problema no es que alguien hiera con sus aseveraciones, ya sea con intención o no, es el poder que se le otorgue, es aceptar como ofensa lo dicho, es asumir emocionalmente como agravio lo expresado por esas personas.
Nadie tiene la capacidad de hacernos sentir mal, salvo que se lo permitamos. Lo importante no es lo que otros pretendan (molestar, descalificar, herir), sino lo que se haga con lo que estas personas ofrecen. Si se le entrega el control de las emociones a los demás entonces es momento de reflexionar, pues ir por la vida como marioneta haciendo depender nuestra estabilidad emocional de lo que diga o haga otra persona entonces es bastante probable que vayamos por el camino equivocado. Los únicos responsables de los sentimientos o emociones que tengamos somos nosotros mismos.
María Elena Araujo Torres