De Interés: entendernos aunque pensemos diferente (María Elena Araujo Torres)

De Interés: entendernos aunque pensemos diferente (María Elena Araujo Torres)

María Elena Araujo Torres

María Elena Araujo Torres

Quienes creen que las cosas del mundo son estrictamente como ellos las conciben limitan sus posibilidades de entender las diversas opciones en cualquier área y -en reiteradas ocasiones- entorpecen sus relaciones interpersonales. El fanatismo, la terquedad, el egocentrismo son algunos de los defectos que conducen a mantener este tipo de apreciación respecto a casos como religión, política, deporte, ética, moral, sexo, etcétera.

Las personas que mantienen creencias o posiciones herméticas ante cualquier situación están convencidas de que su idea es la mejor y la única válida, en consecuencia subestima las opiniones ajenas. Por lo general, tratan de imponer sus propias opiniones y desprecian a quienes son diferentes.

Sabemos -y seguro a todos nos ha tocado de cerca- que en materia religiosa por ejemplo, nos encontramos con personas que no sólo creen que sus credos son los únicos válidos, sino que también descalifican con desdén a quienes no asumen sus dogmas. Según demuestra la historia, este tipo de posición es la que más daño ha ocasionado a la humanidad, generando cualquier cantidad de enfrentamientos y hasta guerras, actos terroristas, asesinatos.

En materia deportiva se han suscitado numerosos casos de violencia protagonizados justamente por fanáticos de determinados equipos -ya sea de fútbol o cualquier otro deporte de consumo masivo- contra sus rivales más inmediatos igual de intransigentes. Incontable cantidad de heridos y muertos han quedado como saldo por enfrentamientos entre quienes defienden los derechos de sus respectivos equipos o jugadores. Todo producto precisamente del ánimo exaltado por quienes le despiertan suma admiración y alegría.

En la política -el pan nuestro de cada día- las posiciones herméticas donde no tiene cabida ni siquiera la posibilidad del análisis concienzudo entre algunos seguidores de determinadas posiciones políticas divergentes, de otras tendencias, hace más difícil la concordia, razón de ser para beneficiar a los votantes que en cada jornada de sufragio depositan votos cargados de esperanzas por beneficios colectivos. Quienes mantienen posiciones rígidas sin autocrítica en vez de beneficiar terminan perjudicando más que generando bienestar a la gente.

Al igual que en la religión y el deporte, las posiciones cerradas, inflexibles, unidireccionales, generan malestar, odio, intolerancia en la sociedad, hasta el punto de impulsar enfrentamientos no solo entre vecinos sino entre naciones donde se amalgaman con intereses personalistas, individualistas, que redundan en graves  daños a todos los niveles de la humanidad.

Las personas que creen tener la verdad sin poder ser cuestionadas por nada ni por nadie,  no razonan, no admiten discusiones sobre sus puntos de vista, tratan de imponer sus propias creencias sobre los demás, no creen en la diversidad de pensamientos ni en la posibilidad de abrirse a nuevas ideas.

Si se insiste en creer que somos dueños de la verdad en cualquier ámbito de la vida entonces seguramente tendremos una vida bastante accidentada, llena de sinsabores, malestares, disgustos. Cuando limitamos las posibilidades de tratar de entender la posición de otras personas en determinadas situaciones -aunque no las compartamos- entonces estaremos perdiendo la capacidad de análisis, de discernimiento.

Observar, escuchar, tratar de abordar desde diferentes perspectivas, nos permite fortalecer o dimensionar nuestras consideraciones respecto los conocimientos que nos abren el compás de asumir determinadas posiciones ya sean políticas, religiosas o de cualquier índole. Se trata de permitirnos realizar verdaderos análisis -en lo posible imparciales- de situaciones o posiciones diferentes a las nuestras para entender a otros, entendernos  y mantener la perspectiva plural, diversa, propia de espacios geopolíticos donde vivimos tantas personas con criterios y culturas diversas. Se trata de tratar de entendernos, aunque pensemos diferente, para poder convivir en paz.

María Elena Araujo Torres