De Interés: cuando se usan caretas por oportunismo (María Elena Araujo Torres)

De Interés: cuando se usan caretas por oportunismo (María Elena Araujo Torres)

María Elena Araujo Torres

María Elena Araujo Torres

Resulta contraproducente descubrir en algunas personas esa especie de transformación camaleónica para quedar bien con todo el mundo. Es algo así como quedar bien con Dios y con el diablo. Y no se trata de la diplomacia que permite establecer buenas relaciones con todas las personas incluyendo aquellas con las que estemos en desacuerdo respecto a algunas situaciones, es cuando se asume una posición de rechazo, indignación, desagrado ante las acciones de otros seres del entorno para congraciarse con el grupo del momento y cuando ocurre un acercamiento con los rechazados en cuestión, entonces –por congraciarse también -se les trata con la amabilidad que se trata al amigo, aunque horas antes se haya despotricado de las mismas personas en otros escenarios. Cuestión de conveniencia o de intereses.

Hay quienes actúan acostumbradamente de esta manera hasta llegar un momento en que lo hacen automático, cotidiano y hasta descuidan que pueden haber personas presentes del escenario opuesto, donde habló de otra manera, donde mantuvo una posición diferente. La verdad es que para mentir y en estos casos, para asumir diferentes caretas, hay que tener buena memoria.

La buena memoria es para recordar qué dijo anteriormente, qué posición asumió en otro lugar respecto a la conducta que luce hoy con respecto a la misma persona. Habría que hacer un gran esfuerzo, estar siempre alerta. Así es la tarea del mentiroso, vivir el estrés de tratar de recordar permanentemente su propia conducta en otros espacios, para evitar contradecirse. Sin embargo, es demasiado forzado, poco fácil.

Precisamente por todo el esfuerzo que implica cuidar hasta los gestos para evitar ser descubierto de falsas personalidades, es que se pierde credibilidad, porque no hace falta ser experto en materia de programación neurolingüística para reconocer a este tipo de personaje. Por mucho que se cuide, en el cualquier momento muestra quién es o una de las caretas que tiene. A veces no es fácil reconocer en verdad cuál es la verdadera apariencia, posición o personalidad de este tipo de personaje.

Lo peor del caso es que se deja colar entre las multitudes, pequeños grupos o áreas de estudio, trabajo, religión, etcétera, como un ser aparentemente ajustado al respeto por el prójimo, muchas veces con carisma y encaja en los grupos sin realizar aparentemente ningún esfuerzo. Es experto en el arte del disfraz, del camaleonismo.

Traemos a colación este tipo de personaje porque al haber tantos hombres y mujeres de buena voluntad por el mundo es importante reconocer el contraste. El blanco y el negro, oscuro y claro. Muchas veces la combinación de ambos. Dicen que incluso que para que exista uno debe existir el otro, porque cómo reconocemos la luz sino sabemos cómo es la oscuridad.

Pero cuando se trata de relaciones humanas es importante preservar esas condiciones que nos permiten ser solidarios, transparentes, sinceros, leales, para emprender el encuentro con habitantes de un mundo encaminado hacia el amor, hacia la fraternidad, sin dejar de cometer errores, fallar, ser imperfectos, pero evidenciándonos en la oportunidad diaria por corregirnos, para superarnos a nosotros mismos como gente.

Siempre, cada día, existe la oportunidad de resarcirnos y todos tenemos esas oportunidades y derechos. En la medida en que quienes puedan detentar este tipo de personalidad cambiante, acomodaticia, acorde con los intereses del momento, asuman con conciencia el daño que se generan a sí mismos, a sus propios descendientes o a quienes les amen, estarán dando los primeros pasos hacia la gran redención que nos brinda la sinceridad, la verdad, el amor del que tanto hablamos pero que pocos practicamos en su verdadera esencia.

María Elena Araujo Torres