De Interés: Combatir el miedo (María Elena Araujo Torres)

De Interés: Combatir el miedo (María Elena Araujo Torres)

Insistir en un tema recurrente como el miedo, es necesario siempre. Y en estos tiempos de revueltas, nuevos enfrentamientos bélicos entre algunos países, pandemias inesperadas, agresiones diversas entre miembros de una misma familia, daños físicos a menores, obligan a reflexionar qué estamos haciendo o qué venimos haciendo para evitar que estas escabrosas situaciones afecten a gran parte de la humanidad, por no decir a toda.
Quienes hemos recibido educación escolar, estudiamos a la familia como principal soporte de la sociedad. La familia integrada por papá, mamá, hijos, hijas, como núcleo, con integrantes colaterales partícipes en actividades sociales que abarcan estudio, trabajo, actividades deportivas, sociales, entre otras, para conformar el grosso social.
Sin embargo, con los avances tecnológicos y comunicacionales, se ha demostrado la relación inversa que existe con el desarrollo, no sólo intelectual sino humanístico, por llamarlo de alguna manera. A mayor globalización menor interés por la cultivación del individuo per se. Obviamente esta consideración la referimos como apreciación general, proyectada a través de las mismas redes sociales y de los medios formales conformados por profesionales preparados para proyectar informaciones previamente investigadas, confirmadas.
Y hacemos estas estimaciones porque, considerando las nuevas características, carencias, abandonos o desmembramientos que puedan existir en numerosas familias de hoy en día, está demostrado es el resultado de haber dejado a un lado la moral, la ética, el respeto, la solidaridad, como principales bases de un sistema social, donde sus integrantes valoren la importancia de reconocerse como integrantes de redes que en la medida en que se apoyen mutuamente, definitivamente, serán más fuertes.
Lo contrario a lo anterior es el individualismo, donde cada quien ha aprendido, a través de las redes sociales -por ejemplo- que no necesita el apoyo de nadie para vivir, para decidir, para lograr aspiraciones materiales. Donde se entiende que ni siquiera hace falta formarse académicamente para lograr fama o dinero. Donde ni siquiera hace falta tener talento sino acumular mayor cantidad de seguidores como resultado de publicar nimiedades, usualmente sinsentido, pero que distraen a rebaños. Circo, lo llamarían en otros tiempos.
Y porqué nos referimos al principio al miedo. Pareciera que nos hubiéramos ido por la tangente, pero no. El miedo, como ya muchos saben, es el temor a lo desconocido, que entre más desconocido sea pues mayor miedo genera. Es precisamente ante la situación social que someramente hemos referido, que el miedo se convierte en un peligroso caldo de cultivo, pues no se sabe ni siquiera qué sentir ante todos los cambios que ocurren alrededor a cada momento.
Sino se estudia, ya sea académicamente o por iniciativa propia (consultando información fidedigna de fuentes respetables) entonces el miedo seguirá latente. Sino se promueve la introspección, como primer paso al autoconocimiento, a reconocer porqué reaccionamos de determinadas maneras ante cada situación que a diario nos toca vivir, a descubrir qué antecede a nuestra vida actual, qué situaciones vivimos que hoy nos hagan reaccionar de determinada manera, entonces seguiremos sumergidos no sólo en la ignorancia sino en el miedo como nociva consecuencia.
Una de las principales herramientas que podemos promover desde el núcleo familiar es, como siempre ha sido, la educación. La educación para conocer, para conocernos, para que el individuo se prepare para la vida y no para vegetar. La educación que permita a niños, jóvenes y hasta adultos, practicar valores sin esfuerzo, como procesos naturales para enfrentar y resolver con sabiduría cualquier situación adversa que afecte en lo individual, que afecte a la sociedad. Si nos educamos en el apoyo sincero al prójimo, en el entender que no son los apegos y las ambiciones materiales las tablas de salvación entre tantos infortunios, entonces podríamos enrumbarnos hacia el amor auténtico, donde el miedo definitivamente se esfumará, si es que así lo decidimos.

María Elena Araujo Torres