Botas van y botas vienen (Javier Sánchez)

Botas van y botas vienen (Javier Sánchez)

Hace poco menos de siete años Nicolás Maduro en una de sus campañas políticas lanzó las llamadas “Botas de Chávez” y en aquel entonces dijo en cadena nacional: «aquí están las botas, miren, aquí están las botas de Chávez, las  del socialismo bolivariano, las de la juventud»

Lo dijo a todo pulmón en un encuentro con la juventud del PSUV y todo fue debut y despedida porque desde el anuncio con repique de tambores no se han visto más por ninguna parte, nisiquiera para mandarselas a poner a nadie y tener presente el régimen, para identificar el proceso desde los pies hasta la cabeza con esta prenda roja. Desaparecieron como por arte de magia.

En la mente del mandatario y sus acólitos siempre ha estado presente esta prenda de vestir, tal cual un adolescente que se obsesiona por las de marca gringa. A las del ministro de la Defensa se las mandan a poner a cada momento por los conflictos en la frontera, pero éstas se le ven lustradas, brillantes, impecables como si no hubiesen pisado tierra.

En abril del 2019 durante un mitín desde el estado Anzoátegui, Diosdado Cabello instó a los que critican a Maduro a que se sitúen en su posición y en aquel entonces dijo: “se distancian y empiezan a criticarlo todo, pónganse en los zapatos de Nicolás un día a ver si aguantan la presión. En estos tiempos no ha mandado a su gente a que se pongan las botas de Maduro, quizás sus razones tendrá.

Lo cierto es que el Jefe de Estado siempre ha querido que se pongan este tipo de calzado y desde comienzo de su gestión ha hecho un llamado a sus seguidores con este refrán, como una manera de sacar beneficios en situaciones que se presentan invitándolos a poner todo su empeño y trabajo.
Se recuerda la alerta que hizo en el 2015 a
los venezolanos cuando el precio del crudo llegó a 35 dólares por barril y dijo que el pueblo entero tenía que ponerselas ante esa situación.

En ese entonces, la oposición lo criticó fuertemente y respondió al mandatario que quien debía ponerse las botas era el Presidente, porque Venezuela era víctima de su propio crudo y ha visto disminuir el 35% de sus ingresos en divisas con la caída internacional del que obtiene más del 90% de su recaudación y se encuentra en sus niveles más bajos en los últimos años.
«Si a botas puestas vamos, comencemos por quien supuestamente dirige el país, quien debe llevarlas bien ajustadas con sus trenzas», respondió la mayoría opositora en esa oportunidad. Hoy en día no hay botas para la oscuridad en que se mantiene al país con un servicio eléctrico pésimo, no hay para la crisis alimentaria y hospitalaria, ni para la escasez de agua, ni para para detener la inflación galopante, para rescatar el mal servicio del transporte público y faltan botas para mejorar la calidad de vida y ofrecer un salario justo a los trabajadores.

‌ Recientemente se las mandó a poner al gobernador del Zulia Manuel Rosales, para que atienda las inundaciones en el Sur del Lago donde la situación es grave, amenazando con colocar un protector chavista en la gestión regional si no lo hacía. Todo quedó en botas dentro del agua en las inundaciones por parte de Rosales y zapatos brillantes debajo del escritorio presidencial.
‌Esta prenda de vestir de la oposición se ha metido en las cañadas de Maracaibo, en las inundaciones del Sur del Lago, en los basureros del Zulia de donde las nuevas alcaldías han sacado miles de toneladas de desechos producto de la mala gestión de Omar Prieto y Willy Casanova y las han llevado al relleno sanitario, como es el caso de Maracaibo.

Ese calzado sigue puesto en los funcionarios de la gobernación del Estado y alcaldes recién elegidos y no saben cómo quitárselos, están húmedos, mugrientos, desechos, mientras que los del oficialismo relucen y brillan por si solas.
A propósito del tema, se insiste en un aumento de la presencia de botas de Moscú en suelo venezolano. En este tiempo vemos que botas van y botas vienen.