Acuerdo de paz ¿Cuál paz? (Aquileo Narváez Martínez)

Acuerdo de paz ¿Cuál paz? (Aquileo Narváez Martínez)

Aquileo Narváez Martínez

Aquileo Narváez Martínez

Anteayer se firmó el acuerdo de paz entre el gobierno colombiano y Ejército de Liberación Nacional (ELN) aquí en Venezuela, país que es una “una amenaza inusual y extraordinaria para la seguridad nacional y la política exterior de EE UU”. Así mismito.
Acuerdo que se suma al suscrito por las Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia hace tres años atrás. Pactos antecedidos por más de cincuenta años de beligerancia desgarradora de la vida social, cultural y espiritual de poblaciones enteras cuyos habitantes quedaron a la suerte de la desintegración familiar y las migraciones. Cruentas heridas que el pueblo llano con hijos desaparecidos, huérfanos y desplazados, jamás podrá olvidar. Para ellos, ya resignados a vivir el destino que les tocó, un acuerdo más como el firmado tal vez no tiene la importancia que los políticos y los poderes económicos y mediáticos le confieren, que en última instancia son los que direccionan el gran debate.
Para Santos y su gente, supone un triunfo político que deberá sostener de caras a las próximas elecciones, para lo cual las mesas de diálogo que se instalarán para avanzar en dicho acuerdo serán determinantes. Para Uribe y sus acólitos es un alerta para afinar sus armas diversas en procura de demostrar que sin tener en sus manos la Presidencia, es timonel soterrado de esa nación.
Del otro lado, el ELN en el caso específico de este acuerdo, a pesar ser protagonistas y sabiéndose claros de cómo el statu quo mueve las piezas del ajedrez político, dejan ver sus recelos al precisar que será un proceso gradual condicionado por las circunstancias que propicie el gobierno.
Es tan compleja e intrincada esa realidad colombiana, que particularmente me hace dudar de la conquista de una paz sostenible, duradera y sobre todo integral. En el contexto de esta nación, la paz social no se podría decretar mirando solo una supra dimensión del quehacer político, conflictiva, beligerante con altísimos saldos negativos en la población.

Una paz integral deseable, pasa por atender la elevada desigualdad social y sus consecuencias. Por ejemplo, amparar a la población indígena de la Guajira donde en los últimos meses han muerto miles de niños por desnutrición. Estudiar y tomar acciones sobre la calificación de Colombia como principal productor de cocaína del mundo, y determinar en consecuencia, a donde van y a quienes benefician los miles de millones de dólares que genera ese negocio, en definitiva, quiénes son los grandes “cacaos” de las drogas en Colombia. Señalar las vinculaciones que tiene con las instituciones del Estado, el paramilitarismo u otro sector. Destronar el paramilitarismo. Desmontar las bases militares de Estados Unidos que violentan la soberanía interna y de las naciones vecinas.
Sobre esas bases debe suscribirse una paz real e integral en Colombia, donde no existan los institucionalizados estratos sociales que estigmatizan y marginan a un ciudadano del otro. Una paz, que no la decrete la burocracia, una paz que la construya el pueblo día a día en igualdad de condiciones.

Aquileo Narváez Martínez