Disturbios en el paraíso: disputa de tierras en el Jardín Botánico de Rio

Disturbios en el paraíso: disputa de tierras en el Jardín Botánico de Rio

Disturbios en el paraíso: disputa de tierras en el Jardín Botánico de Rio

Es la versión urbana del Jardín del Edén en pleno Rio de Janeiro, con pobladores que enfrentan un destino similar a los de aquel paraje bíblico: la expulsión.

Desconocido incluso para muchos habitantes de la segunda mayor ciudad de Brasil, la comunidad de Horto está encajada en una esquina del Jardín Botánico.

Los árboles aquí lucen tonalidades de amarillo, rosa y blanco, en un mundo que parece a leguas de distancia de las ruidosas y colapsadas calles vecinas.

Trepadoras propias de la selva se enroscan en los postes telefónicos y pericos verdes revolotean en las copas. Un mono se balancea entre las ramas y, en el aire húmedo, el ruido más sonoro es el canto de los pájaros.

«Esto es el paraíso», se extasía Nelia Vasconcelos, 61 años, una de los 3.000 habitantes de Horto.

Las autoridades, respaldadas por los tribunales, ven las cosas de otro modo.

Para ellas, Horto es una de las numerosas ocupaciones ilegales de Rio, con el matiz de estar implantada en un espacio catalogado como Reserva de la Bioesfera por la Unesco, donde funciona un centro de investigación de importancia internacional, en una parte mágica del plano de la Cidade Maravilhosa.

«Lo que no podemos permitir es que haya gente viviendo dentro del perímetro» del Botánico, dijo su director, Sergio Besserman, en una entrevista con la AFP.

«Lo lamento, pero ¿existe un jardín botánico en el mundo dónde la gente pueda vivir? ¿Puedes imaginar a alguien viviendo en el Kew Gardens (de Londres) o en el jardin de Plantes de París o en Nueva York?», agregó.

Con el desalojo a la vuelta de la esquina, los días de la comunidad parecen contados.

Abriéndose paso a través de caminos frondosos, Vasconcelos señala un lugar con troncos apilados y docenas de llantas de carros. Objetos similares – para construir barricadas contra la policía – se apilan en otros puntos estratégicos.

«Estamos en una comunidad pacífica», dice Vasconcelos, una funcionaria universitaria retirada. «O somos pacíficos, hasta que ellos traten de quitarnos nuestros derechos», advierte.

AFP