A 23 años de su partida: Cantinflas sigue siendo el verbo de los pueblos latinoamericanos

A 23 años de su partida: Cantinflas sigue siendo el verbo de los pueblos latinoamericanos

Foto: Archivo

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Cantinflear significa «hablar de forma disparatada e incongruente y sin decir nada», según la Real Academia de la Española.

¿Y cómo no exaltar la memoria de Mario Moreno Cantinflas, si su obra se convirtió en verbo, en acción y emblema de la actuación cómica en el continente latinoamericano y el mundo?.

Hoy se cumplen 23 años de su muerte a causa del cáncer de pulmón que le fue detectado un mes y medio antes del fatídico 20 de abril de 1993, cuando partió a otras latitudes desde su México natal rodeado de familiares y amigos más cercanos.

Mario Moreno nació el 12 de agosto de 1911 en la Ciudad de México, en el seno de una familia humilde de 11 hermanos. Antes de iniciarse en el mundo del arte escénico se paseó por muy diversos roles, desde torero hasta boxeador.

Fue en 1930 cuando empezó a explotar su talento actoral en carpas ambulantes montadas en los barrios populares. «Esos eran verdaderamente los teatros del pueblo, donde el pueblo convivía con uno y uno con ellos, muy cerca. Esa fue una de mis mejores escuelas», era lo que pensaba el actor sobre esa etapa de su vida, según manifestó durante una entrevista en 1967, reseñada por el diario El Economista de México.

 A lo largo de las 50 películas que protagonizó, popularizó innumerables frases, como «no que no, ¿chato?», «por un lado es mucho, pero por otro es poco», «usted no se despreocupe…»; pero sus diálogos también estaban llenos de reflexiones que iban mucho más allá de la mera intención de parecer graciosos.

– «La primera obligación de todo ser humano es ser feliz, la segunda es hacer feliz a los demás».

– «Todas las ideas son respetables aunque sean ideítas o ideotas».

– «Algo malo debe tener el trabajo, o los ricos ya lo habrían acaparado».

– «El mundo deberí­a reí­rse más, pero después de haber comido».

Fueron algunas de las frases más emblemáticas recopiladas de su filmografía.

«Con cualquier otro cómico estos parlamentos hubiesen sido extraordinariamente penosos, con Cantinflas adquieren brío, convicción, la fuerza de la épica del sin sentido», expresó en una oportunidad Monsiváis.

 Luego de rodar la última película, en 1982, «El Barrendero», se alejó del mundo del espectáculo y se dedicó a compartir con sus más allegados, entre ellos su hijo Mario Arturo Moreno Ivanova, producto de la unión con la rusa Valentina Ivanova Zuvareff, el 27 de octubre de 1934, quien murió en 1966.

Su legado no solo se reduce a las películas que protagonizó, pues su talante altruista lo llevó a fundar de forma benéfica la Casa del Actor y en 1952 emprendió una campaña a favor de los pobres para construir un hábitat social.

 Numeroso fueron los reconocimientos en América Latina y el mundo. La Organización de los Estados Americanos (OEA) lo designó embajador de la paz y fue nombrado maestro honorario en Venezuela y jefe simbólico de la policía en Guatemala y de los Bomberos de Bogotá.

Noticia al Día/Agencias