El hijo de p...

El hijo de p…

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A la próspera tienda llegó esa mañana un señor elegante. Camisa blanca, corbata desanudada, zapatos lustrados. Observó en silencio los estantes. Retiró una caja de cereal. Desde el cubículo con vidrios polarizados le observó Martín, propietario del establecimiento sin perder detalle en la manera como caía el pelo sobre la frente sobre la ceja derecha de la misma forma que a él.

Esa mañana con 35 años cumplidos empezó a sentir curiosidad por su padre. ¿Quién es?¿De qué vivía si aún vivía?.

Visitó a su madre en  el apartamento de Villa Las Brisas. Era una mujer de temple. Con 65 años había creado la tienda y otra media docena de comercios repartidos a sus 4 hijos.

– ¿Cómo van las cosas Martín?, preguntó.

Mejor imposible.

Es verdad quien iba a pensar que en este país la gente no más tuviese dinero para comprar comida. Todo se va en comer.

Así es, vieja, pero, vine por otro cosa.

A ver ¿qué te preocupa?

¿Mi padre está vivo?

 

¿Y eso?¿Qué bicho te picó?

 

Ha llegado un hombre al negocio que es mi vivo retrato cuando sea viejo. Lo describió de pies a cabeza. La madre le escuchó atenta. Cuando dijo que llevaba la corbata desanudada su rostro se llenó de tristeza o, más bien nostalgias. En la calle 12 se recordó entaconada, olorosa a rosas frescas, vestido a medio muslo, cartera terciada al hombro. El hombre llega. Le dice buenas noches. La invita a tomar unos tragos.

 

– Sé qué haces y a qué te dedicas, pero, te pagará para que charlemos esta noche. Así la enamoró. Así tres días después la llevó a la cama por amor y no por la paga.

 

Antes que nada voy a revelarte un secreto, dijo la madre y agregó, fui prostituta, mis negocios los levanté a punta de cama. No me arrepiento de eso. Eres un hijo de p…, pero, eres el único que hice por amor.

 

¿Ese señor podría ser mi padre?

Tal vez, ambos lo sabrán al mirarse de frente. 

 

Cada mañana esperaba ver al hombre de la corbata desanudada. Nunca llegó. JC