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Bety, la cóndor nacida en cautiverio en Polonia, conocerá la libertad en Chile

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Bety espera volar pronto en los Andes. Cuando termine de desacostumbrarse de los humanos, la cría de dos cóndores cautivos en Polonia, que fue trasladada en agosto a Chile, podrá ser finalmente liberada.

De plumaje marrón, esta “condorita” de dos años está en una “terapia” de adaptación a la vida silvestre, tras haber nacido en un zoológico a miles de kilómetros de su hábitat natural. 

Sus cuidadores estiman que de aquí a la primavera austral de 2024 podría sobrevolar las montañas de donde su padre fue arrancado hace décadas.

Bety es la consentida del Centro de Rehabilitación de Aves Rapaces (CRAR) de la Unión de Ornitólogos de Chile en la localidad de Talagante (40 km de Santiago), que lleva a cabo un programa para reintroducir cóndores. Desde el año 2000, 16 ejemplares nacidos en cautiverio han sido liberados en la zona central de Chile y en la Patagonia.

El programa es financiado por la fundación Filantropía Cortés Solari y Rewilding Chile.

Bety llegó desde Polonia muy mansa, acostumbrada a los humanos, pero en sólo seis semanas ha mostrado progresos. 

“Bety está con una conducta muy distinta de la que llegó. Ya no acepta al ser humano, se escapa, le tiene temor, e interactúa bien con los otros cóndores”, explica Eduardo Pavez, director del proyecto para la reintroducción de cóndores Manku y fundador del CRAR.

El cóndor, el ave voladora más grande del mundo y emblemática para los países andinos, es una especie calificada en la Lista Roja de Especies Amenazadas de la Unión Internacional para la Conservación de la Naturaleza (UICN). 

Se estima que hay unos seis mil 700 ejemplares en libertad en ambos lados de la cordillera andina, desde Venezuela hasta la Patagonia.

En Chile, su población de calcula en alrededor de dos mil.

“Hoy día el cóndor está enfrentando problemas por la ausencia de alimentos, de envenenamiento masivo, problema de accidentes con infraestructura humana”, explica Pavez.

Prole polaca

El padre de Bety, Carlos, nació en libertad alrededor de 1952, pero fue a parar a un zoológico argentino. En 1979 fue vendido al zoológico de Cracovia, en Polonia.

Hoy tiene más de 70 años y ha logrado procrear diez veces. Todos los pichones fueron entregados a otros zoológicos europeos, salvo Bety, la menor de esa prole.

Su madre es Księżniczka (princesa, en polaco), que nació en 1992, proviene de una pareja de cóndores de origen silvestre.

Luego que Bety rompió el cascarón en junio de 2021, fue criada por sus padres. El zoo de Cracovia decidió entonces introducirla en su ambiente natural, en la cordillera de los Andes, a miles de kilómetros de su cuna. 

Llegó a Chile desde Polonia el 9 de agosto. Pasó por una cuarentena de 21 días antes de ser llevada al CRAR.

“Cuando ingresó a la bandada (de adaptación) rápidamente vimos que desarrolló un vínculo estrecho con la abuela, una condorita adulta, bastante mayor, (…) que tranquiliza a los pichones que vamos a liberar. Además, rápidamente vimos que Bety comenzó a interactuar con otros cóndores”, señala Pavez.

Hoy se mezcla con los otros cóndores de su grupo y vuela con ellos de un lado a otro en la jaula donde ejercita sus alas.

Una vez que termine su proceso de adaptación a la vida silvestre, sus cuidadores darán por finalizada la terapia y será liberada.

“A través de la historia de Bety pretendemos llegar al corazón, al conocimiento, a la conciencia de la gran población humana, para que aprenda a querer a los cóndores, a respetarlos, y que los cóndores sean unos embajadores del mensaje de conservación de la naturaleza”, se emociona Pavez.

AFP

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