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NAD habló con Franco, el trovador del aeropuerto: La voz que aún vive en La Chinita

Hay voces que se las lleva el viento y otras que se quedan suspendidas en el aire, resonando en la memoria de toda una ciudad. Desde su inauguración en 1.969, el Aeropuerto Internacional La Chinita no solo ha sido la puerta de entrada y salida del estado Zulia; sino que también fue por más de tres décadas el escenario natural de Adolfo Ramón Franco Madriz (70), a quien todos aprendieron a querer y reconocer simplemente como "Franco".

Invidente de nacimiento, Franco nunca necesitó de la vista para entender el mundo. Le bastaba el oído para descifrar los pasos apresurados de los viajeros, el rugir de los motores de los aviones y, sobre todo, el compás de la música que aprendió a amar desde los cuatro años, cuando las ondas hertzianas de un viejo radio le revelaron su verdadera vocación en la vida. Por la textura de los billetes, con su tacto aprendió a reconocerlos y a saber cuanto recibía en propinas durante todo un día de trabajo.

Nacido en Coro, estado Falcón, el destino lo trajo desde muy niño a tierras zulianas. Ante las limitaciones visuales y los desafíos de la época, sus padres lo inscribieron en la Asociación Zuliana de Ciegos, institución donde forjó su carácter y aprendió a desenvolverse con dignidad. Sin embargo, su verdadero instrumento no estaba en las manos, sino en la garganta.

Cuando Franco llegó al aeropuerto

Corría el año 1978 y Franco tenía apenas 20 años. Sin micrófono, sin instrumentos ni amplificadores, con mucho nerviosismo pisó por primera vez las instalaciones del Aeropuerto Internacional La Chinita y dejó sonar su voz a capella, entonando canciones que comenzaron a gustarle cuando apenas era un niño. Entre sus cantantes favoritos están Simón Díaz, Cristóbal Jiménez, Frank Sinatra, Ricardo Aguirre, Rafael Orozco y Oscar D´León.

Lo que comenzó como una tarde de canto informal se convirtió en una residencia artística de más de 30 años. Día a día, las areas comunes del terminal aéreo se transformó en su templo. Viajeros ejecutivos, familias entre lágrimas de despedida y turistas extranjeros detenían su andar al escuchar a aquel hombre que, apoyado en su bastón y con una sonrisa franca, regalaba boleros, rancheras y canciones del recuerdo con una calidez inconfundible.

Entre aplausos de gigantes: El amigo de los artistas

Su presencia constante y su talento natural lo convirtieron rápidamente en una figura icónica del aeropuerto. Por allí pasaban las grandes estrellas de la música nacional e internacional, y ninguna lograba eludir el encanto de su voz. Franco compartió momentos, abrazos y contrapunteos improvisados con figuras como José Luis Rodríguez "El Puma", Argenis Carruyo, Guillermo Dávila, e incluso estrellas de las nuevas generaciones como Chino y Nacho.

Sin embargo, entre todos los encuentros, hubo uno que marcó un hito imborrable en su vida: su encuentro con Oscar D’ León, el "Sonero del Mundo". Al escuchar la potencia y el sentimiento de Franco en los pasillos de La Chinita, el gigante de la salsa quedó tan conmovido e impactado con su talento que no dudó en apadrinarlo.

Oscar D’ León no solo compartió tarima con él, sino que lo llevó a cantar al histórico Teatro Baralt de Maracaibo y impulsó su proyección nacional al llevarlo hasta Caracas para presentarse en las pantallas de Sábado Sensacional. Para Franco, ese gesto representó la validación suprema de su arte: pasar del pasillo de un aeropuerto a los escenarios más importantes del país junto a uno de los más grandes de la música latina.

El retiro por la pandemia del Covid-19

El tiempo pasó y, con él, la vida cotidiana del aeropuerto dio un giro drástico. En el año 2020, la llegada de la pandemia del Covid-19 sumada a sus limitaciones físicas y al peso de los años, obligaron a Franco a recoger su canto y resguardarse en el calor de su hogar.

Ahora, lejos de los aplausos apresurados de los viajeros, Franco transcurre sus días tranquilamente en una humilde vivienda en el sector Santo Domingo de Haticos por Arriba de Maracaibo. Allí, rodeado del cariño familiar, comparte su retiro junto a dos de sus hermanas, quienes se encargan de cuidarlo con amoroso esmero y atender cada una de sus necesidades.

En ese sencillo hogar marabino aún se respira música y se guardan intactos las memorias, las vivencias y los recuerdos de una vida dedicada a regalar alegrías. Adolfo Ramón Franco Madriz permanece en el recuerdo colectivo como un referente cultural y humano inestimable. Su historia es el testimonio vivo de cómo la pasión por la música puede derribar cualquier barrera física y convertir a un hombre sencillo en "El Trovador del Aeropuerto", una leyenda cuya voz quedó para siempre grabada en el alma de La Chinita.

José Gregorio Flores

Leila González

Noticia al Día

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