Yo te saludo (Alejandro Vásquez)

Yo te saludo (Alejandro Vásquez)

Alejandro Vásquez

Alejandro Vásquez

 

Ella está sentada en el piso del pasillo. Asume una postura desganada. Comparte su descanso con tres estudiantes más, un varón y dos muchachas. Él se detiene frente al grupo. Expresa un buenos días insípido. La mira. Le pregunta:

 ¿Cómo está usted? 

La recuerda brumosamente. Como movido por un soplo de rendija del ventanal cercano, descabalga su  saludo torpe. Intenta corregirlo. 

Qué tontería, esa pregunta no debería hacerla, es muy estúpida.

 La joven del cabello encandilantemte negro, curiosea.

 ¿Por qué  piensa eso, profesor?

 El docente intenta satisfacer la duda medio simulada.

A una mujer con refusiles de princesa Navajo sobre su cuerpo y  el resplandor de la aurora boreal en sus ojos, no se le pregunta eso, posiblemente,  deberíamos abordarla  con un cómo  se siente, cómo le va. Quizás  con un solitario hola,  bastaría.

 Y Ella impunemente arisca.

Ah, la próxima vez le diré cómo le va.

 Él  aclara con modestia suavecita que es tan intrascendente, tan ínfimamente guapo que podría saludarlo solamente con un cómo está. Una sonrisa traviesa de la muchacha, se cuela entre su blanca dentadura. Fluye sobre un halo  similar a una promesa de coito sin garantía. A explosivo que hace astillas calideces rutinarias. Habitaciones de casados con televisor incorporado. A facturas de colegio. A cenas en familia.

De cualquier manera, cuando vuelva a encontrarlo le preguntaré cómo se siente.

 Él no ve nuevamente a los muchachos. Menos a su rostro. Siente el riesgo de extraviarse en esos ojos, en esos labios. Despotrica de las Nuevas Trovas: ´La cobardía es asunto de los hombres, no de los amantes…´. Lanza esas canciones al cesto de basura: reinicia su caminar interrumpido. Siente que flotase. Oye el ruido del pasillo como desencajado. Busca la luz intensa de la calle para sobrevivir. Para suicidar la  mirada prohibida. Cremar los deseos, para no borrar a otra gente que lo ama.