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¿Qué sabes del Tamborcito de Tacuarí?

¿Qué sabes del Tamborcito de Tacuarí?
¿Qué sabes del Tamborcito de Tacuarí?

En los anales de la historia, donde el estruendo del cañón suele silenciar las voces de los pequeños, resuena aún un redoble que no conoce el olvido. La épica no siempre se escribe con espadas de acero templado, sino a veces, como en esta tragedia gloriosa, con las baquetas de madera de un niño.

Él era Pedrito Ríos, nacido en las tierras correntinas de Yaguareté-Corá, quien, con apenas doce años, sintió el fuego de la libertad ardiendo en su pecho. Ante la negativa inicial del General Manuel Belgrano —quien buscaba proteger su inocencia—, fue la insistencia de su propio padre, un maestro rural, lo que abrió las puertas del ejército a aquel niño que solo quería servir a la naciente Patria.

El día del destino

El escenario fue la Batalla de Tacuarí, un 9 de marzo de 1811. En la desembocadura del río homónimo, cerca de la actual Carmen del Paraná, el destino de la Expedición al Paraguay se sellaba bajo el humo y el fuego.

Allí, en el fragor del combate, Pedrito no flaqueó. Mientras el mayor Celestino Vidal avanzaba, cegado por el fragor de la lucha y la pérdida de visibilidad, el pequeño tambor se convirtió en su sombra y su guía. Con inquebrantable valor, Pedrito batía el parche de su tambor, lanzando al aire un redoble que servía de aliento a los soldados patriotas, una melodía de coraje frente a la superioridad numérica del enemigo.

La caída del héroe

La muerte no le llegó como un acto de cobardía, sino en el cumplimiento de su deber, protegiendo a su capitán. Dos proyectiles realistas, destinados a segar la vida de Vidal, encontraron el cuerpo del niño. Al caer, el redoble cesó, pero el silencio que dejó fue más ensordecedor que cualquier tambor de guerra.

El mayor Vidal, quien sobrevivió gracias a la pausa que hizo para socorrer al pequeño —un acto que lo apartó del fuego directo que aniquiló a su unidad—, recordaría siempre aquel momento con estremecimiento:

"Lo recuerdo y me estremezco. Me parece estar viéndolo impasible avanzar a mi lado. Yo lo he visto caer y abandoné la lucha para socorrerlo. Murió de dos disparos en el pecho".

Pedrito Ríos, el Tamborcito de Tacuarí, pasó a la inmortalidad no por su edad, sino por la inmensidad de su entrega, convirtiéndose en el símbolo imperecedero del niño que, en la hora más oscura, eligió ser el corazón valiente de su ejército.

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