Complicaciones: Lectura para viejos

Complicaciones: Lectura para viejos

Viejos zapatos de Grant DeVolson Wood

Después de los 55 años la vida comienza a sonar como una carreta. A los 60 el panorama está bastante claro: si vas a ser hipertenso, diabéticos, artrítico ¡lo serás! o, espero esa no sea su suerte, eres saludable, fuerte y aparentas digamos la mitad de la edad. Ese  no es el caso.

Los 60 llegaron con complicaciones. Los huesos, las articulaciones, los músculos, los nervios y el cerebro  actúan como un perol.

  • Pagas por los excesos, te sueltan en la cara. Entonces sonríes porque en verdad fuiste un tren desbocado desde la adolescencia hasta que te llegó el día que comenzaste a envejecer.

Todos recordamos la primera vez que nos llamaron “señor”, es una imagen imborrable cuando te cedieron el asiento en un autobús o, por instinto, fuiste a la fila de la tercera edad donde te atendieron sin  reclamo ¡para mas joder!

La edad es una complicación. Se nos complica el dormir, las necesidades básicas como orinar o lo otro, en esto de lo otro aparece un fantasma horrible: el estreñimiento.

Con los anteojos o lentes hemos resuelto la complicación de ver, sin embargo, la memoria nos hace de las suyas y, por lo general, nunca sabemos dónde dejamos los lentes.

También se complica el sueño, el respirar, el tomar agua.

Hay complicaciones del pensamiento. El cerebro funciona con cortos circuitos, vienen las lagunas, los olvidos. Palabras que se pierden y cuesta hallarlas aún cuando están “en la punta de la lengua” y aparecen en el momento menos esperado. Pasa con las canciones: podemos recordar una melodía, la cadencia musical, saber que era preferida, que la cantábamos completa, pero, nos queda un retazo, algunas veces sabemos la letra y se nos pierde la música.

Quienes han leído tienen la sensación de haber perdido los recuerdos como si un tobo de agua tuviese un agujero. Se suele mezclar personajes de tramas distintos como creer que Doña Bárbara va por el Magdalena con Florentino Ariza y Fermina Daza remonta el Arauca en un bongo.

Sin saberlo, la vida se llena de momentos tristes, la nostalgia asalta, buscas un gesto, una caricia, un mimo, en tanto los años  y los días pasan pesados sumando silencios.

La fortaleza de los brazos y las manos va yéndose para recibir un ligero temblor. Ya es imposible atenazar con  un alicate un pelo de alambre dulce.

Claro está, hay personas distintas. A los 25 años escuchamos y observamos a mayores jactarse de su buena salud, de sus fuerzas. Al llegar donde ellos estaban te das cuenta que muchos mentían haciendo ejercicios de auto ayuda, dándose ánimos para no sentir ese peso, esas complicaciones.

Si no estás próximo a los 50, tal vez, deberías reflexionar, prepararte para lo que viene que no será fácil.

Agunos corren con la suerte de tener hijos preocupados y bondadosos para quienes la vida ha sido buena y pueden sostenerte, esa es la excepción no la regla, lo mas común es que dependas de ti y, no te extrañe, que tus hijos ya grandes también.

De tantas complicaciones existentes la mas dura es perder las ilusiones porque la vida te ha atropellado de realidad, sentirte mas cerca del final que del principio.

JC