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Noticia al Dia

Wilfredo trabajó hasta las 11:00 p.m. y al llegar a casa se fue la luz: El Zulia ya no aguanta más racionamientos

El calor no da tregua en el Zulia. El sol cae con fuerza sobre calles polvorientas y techos ardientes, mientras la vida cotidiana se organiza —o se desorganiza— al ritmo incierto de los cortes eléctricos. No hay reloj más exacto que ese: el momento en que se apaga todo.

En Maracaibo y otros municipios del estado, los apagones han vuelto a instalarse como parte de la rutina. Son cortes de tres, cuatro, cinco horas o más, a veces repetidos en una misma jornada, sin previo aviso. Para muchos, la electricidad se ha convertido en una especie de visitante impredecible: llega, se queda un rato y desaparece sin explicación.

Wilfredo lo sabe bien. Ese día trabajó bajo el sol hasta las once de la noche. Caminó, resolvió, cumplió. Cuando finalmente cruzó la puerta de su casa, lo que esperaba era sencillo: una ducha, algo de comer, unas horas de descanso. Pero apenas se acomodaba, la luz se fue. Cuatro horas de oscuridad.

La noche se volvió pesada. El ventilador en silencio, el aire inmóvil, el calor pegado a las paredes. Dormir fue apenas un intento.

A la mañana siguiente, el cansancio era más que físico. Sentía que el descanso no existió, que el tiempo se esfumó sin cumplir su propósito. Se levantó sin ganas, con el ánimo por el suelo, luchando contra esa sensación de agotamiento que no se quita con café. No quería levantarse, pero lo hizo. El deber lo llamaba. Su familia también.

Historias como la de Wilfredo se repiten. Comercios que adelantan horarios, familias que cocinan temprano “por si acaso”, vecinos que sacan sillas a la acera esperando que regrese la luz. En medio de la oscuridad, la vida sigue, pero más lenta, más pesada.

Se han mencionado trabajos, pruebas y anuncios, como evaluaciones en instalaciones termoeléctricas del estado y la intención de incorporar miles de megavatios al sistema eléctrico nacional. Sin embargo, en paralelo, la presidenta encargada, Delcy Rodríguez, hizo un llamado directo a la población a ahorrar electricidad y agua en un contexto marcado por el intenso calor asociado al fenómeno climático de El Niño.

Más allá de los anuncios, el día a día transcurre entre interrupciones. La incertidumbre es constante: no se sabe cuándo se irá la luz.

En el Zulia, el tiempo parece medirse distinto. No en horas completas, sino en intervalos de energía. En ratos de luz que hay que aprovechar y en largas pausas obligadas donde todo se detiene, menos el calor.

Y aun así, cada mañana, como Wilfredo, miles de zulianos se levantan. Sin ganas, a veces sin descanso, pero con la determinación de seguir adelante.

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