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Víctor Private Barber, 62 años esculpiendo historias con tijera de oro en el Lago

En el corazón de la barbería del Hotel Tibisay del Lago, el chasquido del metal no es un simple corte de cabello; es una sinfonía de precisión que lleva más de seis décadas ejecutándose sin fallar un solo compás. Víctor Julio Rodríguez, conocido entre su distinguida clientela como "Don Victor Private Barber", encarna la esencia viva de un oficio en extinción. A punto de cumplir 75 años en enero, ostenta una trayectoria ininterrumpida de 62 años moldeando patillas, perfilar barbas y tallar rostros con la maestría de quien ha hecho de la barbería una rama de la psicología y del arte analógico.

Sus inicios se remontan a finales de la década de 1950, cuando apenas era un niño de 12 años que recorría las calles vendiendo café para colaborar en el hogar. "Paseé por una barbería y el barbero me dijo que le repartiera café a sus clientes. Cuando él cortaba pelo, yo miraba y miraba. A los dos días me soltó una navaja original de acero templado y una piedra, y me dijo: ‘esto se afila así’. A los 8 años ya sabía afilar", recuerda Víctor mientras sostiene con celo profesional las herramientas que han marcado su vida: una máquina manual de trasquilar que conserva desde sus comienzos, un atomizador metálico de más de 60 años de antigüedad y aquella navaja clásica que aprendió a asentar contra el cuero o contra su propia palma de la mano.

El reconocimiento a su virtuosismo técnico no tardó en llegar. Es una de las pocas leyendas del rubro en poseer dos trofeos de la "Tijera de Oro", galardón obtenido en célebres competencias de corte en vivo celebradas décadas atrás y recibido de manos de doña Alicia Pietri de Caldera. Su técnica impecable lo llevó a ser durante casi una década el barbero personal del célebre escritor y expresidente Rómulo Gallegos, con quien entabló una entrañable relación. "Fui nueve años barbero de él. Íbamos a ser compadres… quedamos siendo compadres del alma. Conversábamos mucho, me hablaba de Guatire y de Petentire. Era un hombre muy capaz", evoca sobre aquellas jornadas de navaja y alta literatura.

Diplomacia de espejo y clientes de cinco generaciones

El sillón de "Victor Private Barber" no solo ha visto desfilar a figuras del espectáculo nacional e internacional como José Luis Rodríguez "El Puma", Alfredo Sadel, Simón Díaz o Joselo, sino que ha servido como un territorio neutral de diplomacia política inusual. Rodríguez recuerda haber atendido en el mismo salón y de manera simultánea a figuras de polaridad opuesta como Francisco Arias Cárdenas y Manuel Rosales, demostrando que bajo el paño de afeitar y el rociado de la loción, todos los hombres buscan el mismo respeto y perfeccionamiento visual.

Su filosofía de trabajo trasciende el simple uso de la tijera de esculpir o el degradado de moda. Para Víctor, el secreto de la atención radica en la empatía y la observación detallada del cliente. "Yo me he dado cuenta de que, de acuerdo a la fisonomía que uno tenga, uno tiene una ventaja o un problema. Uno está en el deber de ver cómo ayuda, y normalmente uno ayuda es con el corte de pelo… para que empiece a suavizar su sonrisa", afirma el maestro barberil, cuyo servicio ha trascendido a tal punto que hoy atiende hasta cinco generaciones consecutivas de una misma familia en Maracaibo.

Con la humildad de quien domina las técnicas más complejas —incluyendo exhibiciones históricas de corte con fuego o a ciegas con los ojos totalmente vendados—, Víctor Rodríguez deja un mensaje claro para las nuevas generaciones que hoy se forman entre trimmers y navajas desechables: "Defiendan por encima de lo que sea el gusto que tengan para hacer su trabajo. Cuando hagan un trabajo, procuren que sea como si fuera para ustedes mismos. Mientras mejor hagan el trabajo, la gente se lo agradecerá más, y cuando alguien te agradece, es porque comienza a quererte". Una lección de vida pulida a filo de navaja y grabada en la historia zuliana.

Texto/Foto/Video: Luis Miguel Flores
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