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Noticia al Dia

Una historia, un retrato (por Gustavo Bauer / cuarta entrega)

A los 8 años, su papá le dio la mano para montarlo en una canoa, ese día no solo aprendió a remar, aprendió a sobrevivir.

Le enseñó a lanzar la atarraya, a usar el anzuelo y a entender el lago, ese mismo que puede ser tan generoso como peligroso, así comenzó la historia de Darío Delgado.

Nacido en Santa Rosa hace 68 años, creció bajo la luz de la luna y las estrellas, saliendo a pescar en silencio, buscando el sustento para su familia.

Padre de 8 hijos, abuelo de 8 nietos, hombre de agua, de oficio y de resistencia.

La vida también le tocó duro, quedó viudo, pero volvió a apostar por la vida junto a Lisbeh Morán, trabajadora de los bohíos, esos restaurantes que dan sabor y vida a la zona, hoy Darío lo dice claro, ser pescador ya no es como antes, ahora es más difícil, más costoso y más peligroso, se invierte mucho para ganar poco, hace tiempo que no sale a pescar como antes, pero el lago no se abandona del todo,
cuando vuelve, lo hace como quien no quiere olvidar quién es, lanza un anzuelo, saca una curvina, una palometa o algún bagre, solo para mantener viva la costumbre, la memoria y el oficio, hoy trabaja como seguridad en una empresa de la zona, pero hay cosas que no cambian, sigue viendo la aurora con los mismos ojos de aquel niño de 8 años, los de un hombre que aprendió a vivir entre el riesgo, la paciencia y el agua.

Porque hay vidas que no se cuentan, se reman.

Texto y Foto: Gustavo Bauer

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