Un abogado hace sonar el mariachi como charro solitario en Santa Rosa

Un abogado hace sonar el mariachi como charro solitario en Santa Rosa

 

Era domingo. Un sol espléndido. La calle abarrotada de autos. Un camión de barandas hace montar los carros pequeños a las aceras de una Santa Rosa de Agua llena de un color, de una fragancia, un ruido únicos. Desde los palafitos una voz se desperdiga, es un tema de Javier Solir «Se te olvida/ que me quieres/A pesar de lo que dices/Pues llevamos en el alma
Cicatrices/ imposibles de borrar», al cruzar el puente grande el camino lleva a los puentecitos, el viento trae de nuevo una canción, esta vez, Vicente Fernández con » A pesar de todo, de todo lo que yo sufrí/ Todavía lamento aquel día cuando te perdí/ A pesar de todo, de todo lo que tuvo que pasar/Todavía te amo/ Y ni por un minuto yo te pude olvidar» ¿De dónde vinen las melodías? Caminan los turistas. Pasan frente al decano de los bohíos «El palafito encantado». Allí las mesas ocupadas y el sonido de un stereo. Más adelante, el lomo de madera se interna a la izquierda: Paradero turístico indio Miguel, así se llama el lugar donde un hombre blanco, alto, canta mirando el lago, su garganta se impone por encima del bullicio, Javier Rondón, abogado y Mariachi, muestra en su mirada el amor por esa comunidad de pescadores a la cual halla un parecido enorme con El Macondo de García Márquez.

«Aquí tenemos a Mamá Anita, tejedora de las raices del mangle y de quien descendieron estos muchachos, estas familias», cuenta Javier.

Es abogado, locutor, inquieto por la historia, allí en Santa Rosa conoció el amor de su vida, en los palafitos entre tragos de un ron evocador, Javier habla con los personajes típicos, muestra un libro de antología escrito por el forastero que mas ha querido y mas ha hecho por la cultura de Santa Rosa: Giovanny Villalobos.

Las demandas crecen. Los meseros no se dan abasto. Las Zulia frias, la polarcita negra en los tobos donde perecen los cubos de hielo desgastados por la brisa. 

Una lanchita surca sobre las olas y bordea la costa de casitas sembradas en el agua. El lago es un espejo. Desde lejos se les ve la alegría, la dicha en los rostros.

En las mesas los platones esperados por comenzales hambrientos. La curvina frita, la lisa, el bochachico, las huevas. Yuca, arepitas, patacones y ensalada cruda. Cada servicio es una obra maestra de la cocina popular y originaria. 

Javier Rondón canta sin pretenciones. No busca ser famoso. Es un mariachi solitario que ha sumado su voz a un emprendimiento familiar. Paito Ortega, decimista, hijo de un figura con impronta magnífica, El Indio Miguel le sirve un trago. Ríen, tal vez, meditando como el tiempo ha pasado, como se han llenado de canas sus cabellos. Los jóvenes tienen rasgos de quienes ya no están. La playa es eterna, Se lleva con el marullo historias y trae otras.

Santa Rosa es un sitio para viajar hacia el pasado o hacia el futuro. Bajo esos techos de palma han florecido amores, se han sellados promesas, besos, familias con nexos de oro como el de Marga y Gamo, cerca de cumplir 60 años juntos, una vida que nunca dejará de germinar y florecer.

JC