Aunque el primer tiempo cerró con un tenso cero a cero, la feria de comida y los pasillos del centro comercial Sambil registraron un lleno total. El marabino hizo suya la fiesta del fútbol y aguarda con ansias un segundo tiempo que promete definir el rumbo del torneo. En Maracaibo el fútbol se vive con una intensidad única. Quien camine por los pasillos del Centro Comercial Sambil durante las tardes de este Mundial 2026, difícilmente creerá que las canchas mundialistas quedan a miles de kilómetros de distancia. De unos días para acá, el recinto del norte de la ciudad se ha consolidado como el gran templo del fútbol y el punto de encuentro colectivo por excelencia para vivir las fases decisivas del torneo.
Este miércoles, 15 de julio, durante el electrizante choque de cuartos de final, la historia no fue distinta. A pesar de que el marcador permaneció inalterable en un tenso 0-0 durante los primeros 45 minutos, el fervor de los marabinos no dio tregua en una feria de comida que operó al límite de su capacidad. La parcialidad de la fanaticada local quedó clara desde el pitazo inicial. El marabino, entregado por naturaleza a la pasión del buen fútbol, se volcó de lleno a apoyar a sus favoritos en las pantallas del centro comercial. Las camisetas de distintas selecciones dominaron la visual, confirmando que en esta esquina del país el Mundial se juega en cada mesa y pasillo.
Más allá de los colores de cada camiseta, el ambiente se mantuvo netamente festivo. En una Maracaibo que busca respiros en su rutina diaria, este espacio techado sirvió de desahogo y catarsis colectiva. El lamento por un remate desviado, la discusión técnica de pasillo entre jóvenes y adultos, y la mirada fija de quienes se escaparon un rato de sus puestos de trabajo frente a cualquier pantalla disponible, retrataron la vibrante jornada. La expectativa de los 45 minutos finales Con el silbatazo que marcó el entretiempo, la masa de espectadores se mantuvo firme en sus puestos. Nadie se mueve de la tribuna improvisada; por el contrario, la tensión y la expectativa crecen a medida que se acerca el pitazo de la segunda mitad.
Los marabinos saben que se viene un segundo tiempo de infarto, donde cualquier jugada puede cambiar el destino del partido y definir quién avanza a la semifinal. Con las gargantas preparadas y el corazón acelerado, la afición local aguarda por ese gol definitivo que desate el grito de desahogo en la tarde zuliana.

Fotos y videos: Arelys Munda
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