La convergencia entre el bienestar, la literatura y lo retro tiene un espacio único en la zona norte de la ciudad. Se trata de un enclave diseñado para el encuentro de intelectuales, amantes de la lectura y apasionados por las antigüedades, donde el ritmo cotidiano se detiene para dar paso a la contemplación de piezas que rescatan la memoria visual y cultural del siglo pasado.
Concebido originalmente como una tienda naturista, este interesante lugar trasciende ese concepto para ofrecer además la experiencia de un café exclusivo. Su fundadora y propietaria, Tamara Marín, ha cuidado con minucioso esmero cada elemento decorativo, transformando su local en una suerte de museo íntimo cargado de piezas vintage e historias compartidas.
Durante una entrevista exclusiva con el equipo reporteril de Noticia al Día, esta emprendedora relató que la idea de su espacio nació hace más de una década como respuesta a una necesidad familiar y un vacío en el mercado local, ante la escasez de productor libres de gluten, lactosa y demás opciones aptas para el control de la glucemia. Por ello, su proyecto fue pionero en ofrecer productos para personas con intolerancias alimentarias en la capital zuliana.
Al ingresar, la mirada queda atrapada de inmediato por el frontal restaurado de una vieja furgoneta Volkswagen y una motocicleta Vespa en tonalidad rojo brillante, erigida en el centro del espacio como la gran protagonista de la escena. A su alrededor conviven tesoros de distintas épocas: una icónica rock-ola que evoca melodías de antaño, retroproyectores, proyectores, cámaras de video y de fotografía que datan del siglo pasado y una variada colección de discos de vinilo que preservan la música en su formato más puro.
Café, música y lectura
La atmósfera del lugar se complementa con elementos icónicos de la cultura popular como por ejemplo viejos ejemplares bien conservados de Mafalda y Condorito. Entre los objetos más representativos de esta máquina del tiempo destaca una estufa de cocina con más de 120 años de antigüedad, símbolo del calor de hogar de principios del siglo XX, así como una entrañable colección de peltre. Fiel enamorada de este tradicional material, Tamara conserva cuidadosamente una muestra de ollas, jarras, cafeteras, vasos y diversos enseres que remiten a las cocinas familiares de antaño.
Asimismo, también tiene una bicicleta de los años 50, varias radios de diferentes modelos, máquinas de escribir y hasta un pick-up que aún reproduce discos de vinil. Estar dentro de Pita Piú (nombre con el que Tamara Marín bautizó su acogedora tienda naturista) es como estar en la casa de la abuela, un viaje al pasado lleno de recuerdos y nostalgias por todos los objetos que con gran recelo resguarda.
Tamara destacó que la mayoría de los objetos que tiene en exhibición fueron donados por familias que se fueron del país a vivir en el extranjero, mientras que otros tuvo que comprarlos para seguir enriqueciendo su acogedor espacio. Amante de las antigüedades que le han dado el toque personal que identifica su negocio, aseguró que no tiene a la venta ninguno de los artículos que posee porque son para el disfrute de sus clientes. Agregó que en más de una ocasión le han hecho ofertas que ha tenido que rechazar, a pesar de la insistencia de la gente sobre todo por los objetos que son de peltre.
Pita Piú se consolida así no solo como una opción saludable y de bienestar en la ciudad, sino como un refugio imprescindible para quienes buscan pausar la rutina y saborear un buen café entre libros, historias, dejandose llevar por el encanto imborrable de la nostalgia. Este santuario, espacio donde el ritmo convulso de lo cotidiano se detiene para dar paso a la contemplación, el confort y la calidez, ideado para intelectuales, amantes de la lectura, el coleccionismo y la tranquilidad, se ubica en la segunda etapa del Centro Comercial Delicias Norte y abre sus puertas de lunes a sábado desde las 9 de la mañana hasta las 6 de la tarde.




















































José Gregorio Flores
Noticia al Día
