Las cifras no mienten y, lo que es peor, no descansan. En las calles de Maracaibo, la tragedia se ha vuelto una constante que se mide día a día, con un saldo que debería encender todas las alarmas. Según los balances manejados por las autoridades locales, no hay jornada en la que la imprudencia no cobre su factura: el promedio diario oscila entre los seis y los catorce accidentes de tránsito, consolidando una cifra mensual preocupante que se mantiene, en promedio, entre diez y doce incidentes graves.

La situación, descrita por el Jefe de Bomberos de Maracaibo, quien ha estado en la primera línea de respuesta, informa que es un ciclo de "descontrol". "No hay un día en que no haya un accidente", señalan las fuentes, quienes han intentado mitigar el impacto a través de simulacros, campañas de concientización y hasta la colocación de urnas en puntos críticos de la ciudad para llamar a la reflexión. Sin embargo, el mensaje parece perderse entre la velocidad y el irrespeto a las señales de tránsito.
La realidad es que, en el asfalto de nuestra ciudad, parece haberse instaurado una ley del más fuerte donde la moto es vista como un vehículo de segunda categoría frente al automóvil, y donde la juventud, a menudo, subestima los riesgos de la vía. La falta de atención, el desconocimiento de las normas y el exceso de confianza están transformando las esquinas de Maracaibo en escenarios de luto.
La pregunta que queda en el aire, tras cada sirena que se escucha en la distancia, es cuántas vidas más se necesitan para que la conciencia tome el volante. Las autoridades insisten: el respeto a la luz roja y el uso del casco no son solo normativas, son la única línea que separa la vida de una estadística más en este balance de dolor.

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Fotos: Emely Martin/cortesia referencial
