El pueblo del Zulia la amó y le dijo Santa: Los méritos de la madre Francisca

El pueblo del Zulia la amó y le dijo «santa»: Los méritos de la madre Francisca (y III)

Haber nacido en El Carmen de Viboral, en el departamento de Antioquia en Colombia, no fue impedimento para que la hermana Francisca de los Ángeles se sintiera como una zuliana más, para que amara a esta tierra y recibiera las más cálidas expresiones de afecto de quienes le conocieron y valoraron su obra tanto humanitaria como religiosa.


La hermana Dolores, miembro de la congregación de las Dominicas de la Presentación de la Santísima Virgen, recuerda el multitudinario sepelio de Francisca, en la Basílica de la Chiquinquirá. “Fue impresionante… para mí fue impactante. Santa, le decían. La hermana murió con olor de santidad y eso lo reconoce todo el pueblo zuliano”.

 

Sitio de oración de la hermana Francisca en la Casa de la Misericordia – Foto: F. Reyes

Ese fervor es palpable entre quienes visitan la capilla del Cementerio San José de Maracaibo, donde reposan los restos de Francisca de los Ángeles, frente al altar. Cada domingo, en el lugar se realiza una eucaristía a la que acuden reverentemente quienes la amaron en vida y confían en sus favores.

 

 

Lea también: Hermana Francisca: Tras los pasos de la santidad (I)

“En el cielo, más que en la tierra, le seré útil a los que amo” se le escuchó decir a la hermana Francisca cuando se refería al momento de su muerte.

[/perfectpullquote]

 

En su despacho se conservan algunos objetos y recuerdos de la hermana Francisca – Foto: F. Reyes

Existe el testimonio de personas que recibieron sanidad, gracias a que Dios habría respondido a las oraciones de la hermana, quien les imponía manos y dedicaba extensas jornadas para interceder ante el Señor por quienes acudían a ella procurando alivio a sus males. Todo esto está siendo recopilado y documentado por su congregación, quienes en el momento oportuno presentarán los recaudos ante el Arzobispo de Maracaibo, para su consideración, quien pudiera designar una comisión o gestionar la petición en instancias eclesiásticas superiores.

Sobre este particular, la hermana Dolores afirma que el proceso va “más bien lento”, a raíz de las restricciones impuestas por la pandemia y otras circunstancias que han impedido acelerar los pasos preliminares, entre los cuales está plasmar “su realidad de vida”. Una de las sobrinas de la hermana Francisca está a cargo de la redacción de una biografía detallada, lo cual figura entre los requisitos a presentar.

 

Foto: Cortesía

En lo que respecta a los testimonios, ya se cuenta con algunos que llegaron espontáneamente a manos de las hermanas de la Casa de la Misericordia y del Colegio La Presentación.

Actualmente, la hermana Dolores es la encargada de recopilar y organizar cartas escritas por la hermana, correspondencia que recibió, tarjetas de felicitación, condecoraciones, entre otros materiales que estaban bajo la custodia de la hermana Marina, quien también falleció.

 

Lea también: Hermana Francisca, ejemplo de devoción cristiana: «Dios respondía a sus oraciones por los enfermos» (II)

En cada documento está reflejado el cariño que recibió en vida la hermana Francisca. “Qué reconocimiento, qué respeto, qué valoración tan grande recibió”, expresa Dolores.

Quien desee aportar evidencias de los favores extraordinarios concedidos por Dios a través de la hermana Francisca, debe consignarlas oportunamente, por escrito, debidamente firmadas, indicando datos personales como número de cédula, correo electrónico, número telefónico, dirección, grado académico, profesión. De tener informes o documentación que complementen lo expresado, deben adjuntarse.

En el colegio La Presentación se recibirán esos insumos a partir de una fecha aún no precisada, ya que se desea habilitar una oficina, personal y establecer un horario para la atención de estos casos.

 

Los pobres fueron su predilección

 

“Fui testigo de largos ayunos, algunos de viernes a lunes; también de su enfermedad de la columna que la afectó mucho, era doloroso, sin embargo, ella decía ‘algo tenemos que ofrecerle al Señor’…”, afirma la hermana Dolores.
A otros aconsejaba “cuando tengan dolores, únanlos a los de Cristo y serán más llevaderos”.

Su compañera de congregación resalta que “los pobres fueron su predilección, ella invirtió su vida en ellos”. Por tal razón acudía a todo aquel que contara con los recursos económicos suficientes para socorrer a quienes se encontraban golpeados por las necesidades. Ella servía de articuladora, de puente, para que la ayuda llegara a quien debía llegar.

Es así como en el sector Las Tuberías, de la parroquia Idelfonso Vásquez, llegó a entregar siete casas a personas que no tenían un techo que les cobijara. En ocasiones la ayuda se concretaba en materiales de construcción o en insumos que les permitiera ganarse el sustento o emprender.

“No hay rincón del Zulia que se quedara sin su presencia, sin su apoyo, sin su consuelo; visitó cada clínica y hospital”, refiere la hermana Dolores al detallar el alcance de la obra desarrollada por la fundadora de la Casa de la Misericordia.

 

Su obra de caridad se mantiene en pie gracias a los voluntarios que respaldan la misión de la Casa de la Misericordia – Foto: F. Reyes

 

Dones extraordinarios

 

En lo que coinciden todos los que la conocieron en vida es en afirmar que la hermana Francisca era incansable y que tenía una vida de permanente oración, que no estaba reñida con su buen humor.

María Luisa Abreu de Colmenares ha sido voluntaria de la Casa de la Misericordia durante 27 años, lo cual la convierte en uno de los testigos de excepción del día a día de Francisca de los Ángeles. “Tenía una capacidad que me dejaba asombrada; iba a visitar a los enfermos todos los días, excepto los jueves porque tenía asamblea en el colegio y oración en María en Pentecostés. Era incansable, tenía una energía increíble… mientras las voluntarias quedábamos agotadas”.

“Ella oraba todo el tiempo, incluso mientras íbamos en el carro… pero también era ocurrente, cercana, con una palabra era capaz de levantarte el ánimo (…) Es una gracia de Dios que la hayamos tenido cerca”, dice María Luisa, quien recuerda que la hermana era enfática al aclarar que al orar por los enfermos es Dios quien hace la obra de sanidad. “No son mis manos, son las manos del Señor”, les decía.

 

María Luisa, quién ha sido voluntaria de la Casa de la Misericordia durante 27 años. Foto: Cortesía

En opinión de Dolores, quien compartió con ella durante una década, el que su cuerpo anciano y aquejado por las dolencias no desmayara “sin duda, era una fortaleza del Espíritu Santo, a quien ella vivía prendada, al amor a ese Padre, a la Sangre de Jesús, a la Madre de Jesús. Ella hacía una comunión con todos”.

La apretada agenda de la hermana Francisca incluía no menos de tres misas diarias, lo cual justificaba ante sus compañeras diciendo: “yo voy a celebrar todas las eucaristías que después de mi muerte no voy a poder”.

“Llegaba a las 10 de la noche luego de visitar a los enfermos, comía una cena frugal y después de eso no se retiraba a su habitación, sino que se dirigía a la capilla a orar, de rodillas, frente al crucifijo, muchas veces hasta la madrugada”, relata la hermana Dolores.

Esa intensidad que le ponía a su labor en cierta ocasión le valió el reclamo de una superiora. “De seguir ese ritmo de vida puede enfermar y no le va a poder servir ni a Dios, ni al prójimo”, fue – palabras más, palabras menos – el llamado de atención que recibió.

 

Foto: Cortesía

Ella respondió que el Espíritu Santo era quien que la llevaba y la dirigía, pero en un acto de obediencia, empezó a desocuparse de sus actividades más temprano.

Francisca de los Ángeles fue una consejera y guía espiritual como pocas. “De mi hermana aprendí a sufrir, porque a mí los sufrimientos me derrumbaban y me entristecían. En unos de esos momentos, debido a una enfermedad de mi papá, entré a la capilla a rezar y llorar ante el Señor. La hermana Francisca me encontró allí a la 1:30 de la madrugada, le confesé mis problemas y agobios. Ella me dijo: ‘Eso es orgullo. Nosotros no estamos llamados a resolver los problemas que le tocan a Dios. Esos son problemas de Dios’. Me recomendó orar y entregarle mis preocupaciones al Señor”, relata Dolores.

La hermana Francisca vivió la tristeza de ver gente con hambre, enfermos, huérfanos, sin trabajo, sin casa y también lloró ante Dios por los dolores ajenos. “En la oración descubrí que Dios es quien obra por el mundo; mi misión es interceder por todos ellos”, habría dicho.

 

Hechos inexplicables

 

Además de todo lo descrito en esta y en las dos entregas anteriores sobre la vida y obra de la madre Francisca, existen hechos que resultan inexplicables y sobre los cuales nos adelanta la hermana Dolores.

Algunas personas aseguran que la hermana Francisca tenía el don de bilocación, es decir que se le veía visitando a un enfermo, mientras ella se encontraba en la Casa de la Misericordia o en otro lugar. De ello, según se ha dado a conocer, pueden dar testimonio otras religiosas y algunos médicos. Es parte de los testimoniales que deben recopilarse.

El pueblo del Zulia la amó y le dijo Santa: Los méritos de la madre Francisca. Foto: Cortesía

Por otro lado, algunas hermanas refieren que tuvo momentos de éxtasis, donde se elevaba en su espíritu. “Yo no tuve la oportunidad de presenciarlo”, lamenta la hermana Dolores.

Por otro lado, María Luisa de Colmenares, refiere un hecho curioso, pero similar a otros eventos donde lo milagroso se hace presente. “Aunque la hermana Francisca nunca visitó mi casa, cuando murió, mientras la velaban en la Basílica, mi habitación se impregnó de olor a rosas, algo que atribuí a ella y que pudieron percibirlo otros miembros de mi familia”.

Lo cierto es que la capacidad de amar de la hermana Francisca era incomparable. “Ella hacía que cada persona se sintiera la más querida, la más apreciada, la más especial. Ella vivió en un alto nivel la fraternidad y la comunión con las personas. Todos las querían y todos se sintieron queridos por ella. Con la gracia de Dios iba repartiendo alegría y servicio”, dice en sus reflexiones la hermana Dolores.

En esto coincide María Luisa quien, además, asegura que gracias a la hermana Francisca su vida es más espiritual, aprendió a conocer más a Jesús, a leer la Biblia y a entender que la Palabra de Dios es sanación. “Todo lo aprendido lo entregamos a quienes aún siguen acudiendo a la Casa de la Misericordia buscando ayuda”.

 

Una obra que no ha concluido

 

La hermana Nairuth Sánchez, oriunda del estado Monagas, es quien está a cargo de coordinar actualmente las labores de la Casa de la Misericordia y mantener viva, junto al voluntariado y compañeras de congregación, la obra de caridad que fundó la hermana Francisca.

Relata que parte de su formación religiosa transcurrió en la Casa de la Misericordia pero que, en aquel entonces, los horarios y las asignaciones que tenía no le permitieron tener un contacto regular con la hermana Francisca. “Pero sí pude constatar la experiencia de oración que se compartía acá, la cercanía con los más pobres y necesitados, así como la labor que se desarrollaba en el barrio Las Tuberías. Nosotras apoyábamos, cada sábado, la catequesis en esa comunidad, así como en la distribución de alimentos. La hermana Francisca asistía, pero siempre había alrededor mucha gente que quería conversar con ella”, relata.

 

Foto: Cortesía

“Era de admirar su edad, su condición, pero también su fortaleza para poder atender a la gente”.

Ahora el legado de la hermana Francisca está bajo su dirección. “Cuando sabemos que algo viene de Dios uno se siente chiquito; gracias a Dios cuento con mucha gente, trato de sentir que Dios me ha regalado la oportunidad de estar aquí y quiero vivirlo desde aquí. Me falta mucho por aprender y dar un mayor testimonio de servicio”.

La Casa de la Misericordia tiene las puertas abiertas a quienes deseen apoyar la obra que realizan. Se puede apoyar de forma material o a través del servicio. “Estamos abiertos a todos los que puedan ayudar, porque la necesidad se está multiplicando, recibimos a mucha gente y tenemos la oportunidad de responder”, destaca la hermana Nairuth.

 

Foto: Cortesía

Cada semana, en el lugar se entregan alimentos, medicinas, se brinda atención médica general y especializada, se ofrece servicio de barbería, al tiempo que se asiste espiritualmente a quienes allí acuden.

Entre esas voluntades que han dicho “presente” para respaldar la labor de la Casa de la Misericordia está Bárbara Blanco, quien se incorporó a colaborar desde septiembre 2021, para la atención de los abuelitos los miércoles y viernes. “Es una labor ardua, por el bien del más vulnerable y necesitado”, señala esta dama joven y entusiasta, representante de una egresada y una estudiante del colegio La Presentación.

Al preguntársele sobre la hermana Francisca, a quien vio en pocas ocasiones, sostuvo que era alguien que “inspiraba paz” y cuya presencia le parecía “resplandeciente”.

 

Para recibir en tu celular esta y otras informaciones, únete a nuestro canal en Telegram haciendo clic en este link: https://t.me/NADZulia.

Además, puedes seguirnos en Instagram y Twitter como @noticiaaldia o síguenos en nuestra página de Facebook Noticia al Día.

 

 

F. Reyes

Noticia al Día