Viernes 05 de junio de 2026
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El policía más sinvergüenza de Maracaibo

El aire de la Maracaibo de 1939 no solo traía el salitre del Lago y el calor húmedo que aplatana a los cuerpos; traía también el aroma a modernidad, a celuloide y a sueños recién bajados de los barcos. En esa geografía de tranvías chirriantes y casas de altos techos, un hombre llamado Pedro Vallejo decidió levantar un templo para los ojos. No era un palacio de mármol para la alta alcurnia, sino un refugio con alma de barrio, sembrado estratégicamente allí, donde la Avenida Libertador se inclinaba buscando el abrazo del viejo Puente España.

El policía más sinvergüenza de Maracaibo
El policía más sinvergüenza de Maracaibo
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Al voltear la mirada hacia el ayer nos topamos con hermosos recuerdos de una Maracaibo llena de color, bullicio, historias divertidas y curiosidades. Hoy viajamos al año de 1939, cuando al pasar Puente España, frente a la Plaza de los Ilustres, Pedro Vallejo construyó el cine al que puso su apellido. Ese lugar lo ocupa hoy en día el Mercado Popular de Las Playitas, con sus despiertos pasillos colmados de mercancías, clientes y comerciantes.

Lo borraron todo

La Plaza de los Ilustres, la Plaza de la Cruz y la iglesia pentecostal que tomó ese mismo nombre desaparecieron; fueron borradas, demolidas y derribadas en el año de 1970 en nombre del llamado progreso.

El cine

El aire de la Maracaibo de 1939 no solo traía el salitre del Lago y el calor húmedo que aplatana a los cuerpos; traía también el aroma a modernidad, a celuloide y a sueños recién bajados de los barcos. En esa geografía de tranvías chirriantes y casas de altos techos, un hombre llamado Pedro Vallejo decidió levantar un templo para los ojos. No era un palacio de mármol para la alta alcurnia, sino un refugio con alma de barrio, sembrado estratégicamente allí, donde la Avenida Libertador se inclinaba buscando el abrazo del viejo Puente España.

El Cine Vallejo nació con el color de la madera crujiente, el brillo de los proyectores de carbón y el carmín de los labios de las actrices que, desde la pantalla, enamoraban a los marabinos por unos pocos centavos. No tenía el frío aséptico de los cines modernos; era un espacio vivo, de paredes que sudaban el mismo calor de su gente y un techo que vibraba cuando el público aplaudía a rabiar las peripecias de los héroes de turno o lloraba en la penumbra con los dramas mexicanos que endulzaban las tardes.

Frente a sus puertas, la Plaza de los Ilustres abría su círculo de frescura. Los bustos de los próceres, imperturbables bajo el sol canicular, parecían custodiar las largas colas de hombres con sombreros de cogollo y mujeres con faldas de volantes que esperaban ansiosos la matiné. Al salir de la función, con los ojos todavía encandilados por la luz de la calle, el gentío se fundía en un festival de sabores y pregones: el amarillo encendido de los cepillados de colita, el crujir de los pasteles coloniales y el murmullo constante de los camiones que cruzaban el Puente España rumbo a Los Haticos.

En esa esquina se acuñó la leyenda: el tráfico y la algarabía eran tales que un policía vigilaba el cruce con celo eterno, inmortalizando en el habla maracucha el refrán de aquel que vigila demasiado: “Estáis hecho el policía del Vallejo”.

Pero el progreso, con su paso de asfalto y hormigón, es a veces un monstruo ciego. A principios de los años 70, las piquetas y las olas de la modernización barrieron el centro. La hermosa redoma redonda, las butacas que guardaban risas de décadas y las paredes del Cine Vallejo cayeron bajo el polvo de la demolición.

Sobre sus cenizas de nostalgia se levantó el asfalto del Mercado Las Playitas. Hoy, el color del celuloide fue sustituido por el arcoíris de las lonas, la música de las películas por el grito rítmico de los comerciantes y el aroma a cine por el de la mercancía fresca. El Cine Vallejo ya no proyecta luces en la oscuridad, pero su silueta sigue viva en la memoria de los viejos marabinos, flotando como un fantasma de poesía y nostalgia justo debajo de los ruidosos pasillos donde hoy late el comercio de la ciudad.

El policía anclado en la memoria

Del cine y de la Plaza de los Ilustres quedan solamente recuerdos. Puente España es un testigo silencioso de ese ayer; sin embargo, un personaje parece flotar en la memoria: El policía más sinvergüenza de Maracaibo.

Pedro Vallejo contrató a un oficial de seguridad para que infundiera el orden, evitara las picardías de quienes intentaban entrar sin boletos o de aquellos que generaban aglomeraciones perturbando la tranquilidad. Cuentan que el policía del Cine Vallejo era todo un personaje, mejor actor que los protagonistas de las películas. Era un maestro del disimulo, un artista para “hacerse de la vista gorda” y dejar pasar a los colados recibiendo a cambio sobornos. Este funcionario fue despedido finalmente debido a su irresponsable conducta.

Aquello dio pie para que los maracuchos lo inmortalizaran. Entonces, cuando se quería insinuar que alguien no cumplía con su deber y permitía abusos o irrespetos, se le decía de forma burlona: “Vos estáis como el policía del Vallejo”.

La historia de este personaje es una de las crónicas urbanas más sabrosas, auténticas y comentadas de la ciudad. No se trata de un mito inventado; el refrán tiene su raíz en un cruce vial real, el rigor del orden público de mediados del siglo XX y la chispa inigualable del maracucho para inmortalizar la cotidianidad.

El escenario: Un caos con sabor a trópico

Imagina la esquina de la Avenida Libertador con Puente España entre los años 40 y 50. Aquello era un hervidero humano indomable. Por un lado, tenías el desfile incesante de camiones de carga, carros particulares y carretas que venían del sur. Por el otro, el ir y venir de los peatones que salían de las funciones del Cine Vallejo y los compradores del mercado.

Para rematar el cuadro, por esa misma calle pasaba el tranvía eléctrico de Maracaibo. El cruce era una licuadora de ruidos, cornetas, frenazos y pregones. Si alguien no ponía orden, la esquina se convertía en una trifulca vial en menos de lo que canta un gallo.

El nacimiento del mito (Datos confirmados)

Para embaular ese caos, la Jefatura de Policía (que para la época correspondía a la histórica Policía Regional del Estado Zulia, el cuerpo civil más antiguo del país) apostaba diariamente a un oficial de punto justo en esa intersección. El trabajo de ese uniformado no era apto para flojos:

  • Vigilancia extrema: El policía se paraba en una pequeña tarima o directamente en la calzada, bajo un sol canicular que derretía el asfalto, moviendo los brazos como un director de orquesta desquiciado.
  • Cero distracciones: El oficial no podía parpadear. Tenía que cuidar que los carros no atropellaran a los peatones que salían embobados del Cine Vallejo, evitar que los camiones colisionaran con el tranvía y mantener el área despejada.
  • La mirada de lince: Su actitud original debía ser la de una estatua hipervigilante. Mirar para los cuatro costados al mismo tiempo, con el ceño fruncido y el silbato listo en la boca. Nadie debía pasar sin su venia; el tipo se suponía que lo controlaba absolutamente todo.

El ingenio maracucho crea el refrán

Los marabinos, que tienen un ojo clínico para detectar la exageración y transformarla en humor, empezaron a vacilarse la conducta de este funcionario. El contraste era genial: mientras la gente salía del cine relajada, suspirando por las actrices de la pantalla, el policía estaba en la esquina aparentando una seriedad sepulcral, hiperactivo y supuestamente controlando hasta el aire que respiraban los transeúntes, cuando en realidad negociaba el paso de los avispados.

De allí se terminó de afianzar la famosa frase que quedó sellada en el habla popular zuliana: “Estáis hecho el policía del Vallejo”.

¿Qué significa el refrán en la práctica?

En el compendio de la jerga maracucha, la expresión evolucionó y se aplica hoy con humor y picardía en tres situaciones específicas:

  1. Al metiche o controlador: Se le dice a la persona que quiere mandar en casa ajena o supervisar todo lo que hacen los demás (“Dejá de revisar lo que hago, que estáis hecho el policía del Vallejo”).
  2. Al celoso compulsivo: Es la frase perfecta para el novio o la esposa que no le quita el ojo de encima a su pareja en una fiesta, vigilando cada mirada y movimiento.
  3. Al exageradamente estricto: Para aquel jefe o compañero de trabajo que se toma las normas de manera tan severa que parece vigilar hasta la hora en que pestañeas.

Al igual que la estructura física del Cine Vallejo, el icónico policía de punto desapareció de esa esquina cuando las demoliciones de los años 70 cambiaron la vialidad del centro. Sin embargo, su fantasma uniformado sigue parado espiritualmente en el Mercado Las Playitas, recordándonos a través del habla popular que en Maracaibo, hasta el trabajo más serio o la viveza más grande, termina convertida en poesía y buen humor.

Con recursos de internet

JC

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