"El mismo de siempre"

«El mismo de siempre»

"El mismo de siempre"

«El mismo de siempre»

Sentados en la jardinera conversaban. La humildad de sus rostros conmovedores. Detenido frente a ellos les dio los buenos días. Respondieron felices «buenos días». Procura el teléfono celular, les dispara una fotografía. «Ah, nos va a entrevistar», dice un hombre conversador. ¿Cómo se llama? , le pregunta, «Antonio Delgado», ¿Eres albañil?, inquiere porque ve el tobo muy propio del oficio, «No, soy técnico petrolero, he trabajado en todas las filiales de PDVSA, Maravén, Lagovén….». Filiales es una palabra compleja para alguien vestido tan modesto y las condiciones en que se encuentra. Su compañero de tertulia esquiva el foco de la cámara del celular. Logra atrapar una mirada. ¿Cómo se llama?, le precisa directo, «El mismo de siempre», esa frase retumba en la mente. Recordamos una tarde de misa en la iglesia Padre Claret, justo en frente de los personajes que lo hicieron detener. 

Era como si una de las esculturas de Cristo hubiese tomado vida, descendido del madero para sentarse en la jardinera de Banco de Venezuela para charlar un rato con Antonio Delgado.

 «El mismo de siempre», ese que dijo «estuve entre ustedes y no me conocieron». Aquel que bajó a las aguas del Jordán para recibir el bautismo de su primo, Juan el Bautista. Ese Jesús que habló del amor inconmensurable, que estuvo entre los pobres, ese que en su Sermón del Monte o de las bienaventuranzas dijo: «Bienaventurados los pobres porque de ellos es el reino de los cielos».

Le miraba con su barba blanca-castaña, la gorra verde, los dientes blancos y perfectos, como asustado, como incómodo del extraño que se interesa por conocerle. Con un palpitar visible en el pecho de pajarito.

 

Almas nobles

 

Vemos a «El mismo de siempre» deambular por las calles. Las almas nobles ven con su sola presencia el mensaje. Se mueven a la compasión y le dan un trozo de pan. Por las tardes, cuando se apaga el sol, llega la noche, «El mismo de siempre» vuelve a Padre Claret para tomar el lugar de la cruz, como escultura y como imagen sagrada. 

Después de conversar con ellos, la frase no ha dejado de darle tumbos en la cabeza: «El mismo de siempre» el nombre de alguien demasiado claro en sus metas y propósitos en la vida. Alguien desprendido de toda la avaricia, de toda la ambición. Un Cristo y un Quijote.

 

 

Soñar

 

Antonio Delgado, más atado a lo normal, dice «una entrevista a ver si nos ayudan», quiera Dios lo tomen en cuenta, alguna de las instituciones sepan de él, lo consulten, lo interroguen, averigüen, si en efecto, es un técnico petrolero calificado. Mientras aquel hombre, quien se detuvo para saludarlos sueña a Antonio Delgado echando a andar un taladro petrolero, y a «El mismo de siempre» conversando a la diestra de su Padre.

JC

"El mismo de siempre"

«El mismo de siempre»

"El mismo de siempre"

«El mismo de siempre» y Antonio Delgado

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