La escena musical de Maracaibo palpita con un compás diferente, uno que huele a válvulas de amplificador gastadas y a la complicidad de calle. A finales del año 2022, tras los silencios y distancias impuestos por la pandemia, la música local encontró un nuevo refugio. Así nació el Trío Devil Blues, una cofradía sonora integrada por Gabriel Torres en la guitarra, Mauro Pérez en la batería y Juan Ordóñez en el bajo. Lo que comenzó como un pretexto para juntarse, tocar un rato y desafiar el tedio cotidiano, terminó por consolidarse en una propuesta de peso dentro del género.

Influidos por la estética cruda y visceral de las grandes bandas de finales de los cincuenta y principios de los sesenta, este proyecto supo desde un inicio que su camino no transitaba por los rieles de la voz convencional. «Ninguno de nosotros es vocalista como para hacerlo, y ese es precisamente uno de los motivos por los cuales hacemos música instrumental», comenta con honestidad el baterista Mauro Pérez. Y es que, en su propuesta, la melodía de las seis cuerdas, el peso del bajo y el golpe seco de los tambores suplen con creces cualquier necesidad lírica.
De la trinchera del estudio a la magia del formato físico

El trayecto de la agrupación no se ha limitado a replicar fórmulas. Si bien el proyecto germinó bajo el concepto de recrear un "viaje transatlántico" con un repertorio inicial de siete temas, la necesidad creativa mutó de manera orgánica. No buscaban fabricar un disco de laboratorio; el disco se convirtió en la consecuencia ineludible de su propio proceso.
La grabación del material discográfico homónimo se gestó en apenas doce horas dentro de un estudio local reactivado para la ocasión. Para lograr esa atmósfera de época, el ingeniero Andrés Rojas asumió la batuta técnica permitiendo una dinámica muy particular. «El material se generó y se gestó efectivamente en el estudio donde ensayamos regularmente», explica Juan Ordóñez, bajista de la banda, al recalcar el valor de haber registrado el noventa y ocho por ciento del sonido en riguroso vivo, con los tres músicos tocando simultáneamente y sin la frialdad de los canales separados. «Esa huella humana se nota; cuando una cosa es fría y se graba por instrumento, el metrónomo manda. Aquí hay humanidad en el resultado final», apunta Ordóñez.

Por su parte, Gabriel Torres, guitarrista del trío, profundiza en la filosofía instrumental que sostiene el proyecto: «El trabajo instrumental demanda del músico el desarrollo del lenguaje en su instrumento. No necesariamente la palabra lo dice todo; los instrumentos también pueden sugerir, hablar y porponer melodías».
Una noche de comunión sonora y guitarras al rojo vivo

El auditorio Gastón Parra Luzardo —en la sede del Banco Central de Venezuela, seccional Zulia— presenció la consagración en vivo de este trabajo. Ante un público que abarrotaba la sala, la banda desgranó un setlist contundente que incluyó piezas como Shuffle de Bob, Osobuco, Palmarejo blues, Mal de páramo, Kurdas chinas y la electrizante Rockhabilitarte, con titulos que reafirman la relación de cada uno de los miembros de la banda con el blues y sus referencias históricas, sin perder la conexión con lo propio, el pulso de lo nuestro.





La velada estuvo impregnada de esa electricidad tan característica del género, donde lo humano no se oculta, se abraza. Gabriel asumió los riffs con la certeza de quien sabe que el blues habita en el alma y no en la perfección quirúrgica; el bajo de Juan caminó sobre las escalas en un baile de notas profundas que sostenían el pulso de la noche, y Mauro en la batería terminó de amarrar ese ensamble de diablos con un swing espeso y cadencioso, marcando el latido exacto de la madera y el metal.


Al final, lo que quedó flotando en la atmósfera fue el recordatorio de que el formato físico —ese cedé de edición limitada, arropado por el diseño de Camila Torres— sigue siendo un tesoro invaluable para los coleccionistas. "No se llama homónimo", bromeó Gabriel sobre el chiste generado a partir de un juego de palabras en la convocatoria, ya que no se permite verter líquidos sobre el escenario del BCV, ingeniosamente el bautizo fue realizado en cinta de cassette, dando así el cierre perfecto al motivo principal de la reunión.






Para adquirir la obra, sumarse a esta cofradía del buen sonido y apoyar la movida independiente, los interesados pueden seguir sus coordenadas digitales a través de su cuenta: @Triodevilblues.
Texto/Foto/Video: Luis Miguel Flores
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