El Día Mundial del Rock no nació de una simple coincidencia, sino de uno de los gestos humanitarios y culturales más grandes de la historia: el megaconcierto Live Aid celebrado el 13 de julio de 1985. Ideado por Bob Geldof para recaudar fondos contra la hambruna en África Oriental (principalmente Etiopía), este evento logró conectar en simultáneo el Estadio Wembley de Londres y el JFK Stadium de Filadelfia.
Aquella jornada, que reunió a más de 170.000 espectadores en directo y a cerca de 1.500 millones a través de la televisión, regaló al mundo algunas de las actuaciones más legendarias de bandas y artistas como Queen, U2, Led Zeppelin, Mick Jagger, Madonna y David Bowie. Desde entonces, cada 13 de julio se rinde tributo a la capacidad del rock para romper barreras y sacudir conciencias.

Un compás de resistencia y memoria en Venezuela
A diferencia del resto del mundo, la historia del rock en Venezuela tiene su propio hito en el calendario. El Día Nacional del Rock se conmemora formalmente en honor al "Festival de las Flores", llevado a cabo el 13 de junio de 1970 en la Concha Acústica del Parque del Este, en Caracas. Aquella cita, inspirada por el espíritu contracultural de Woodstock, marcó un antes y un después para el movimiento musical local con agrupaciones pioneras como Tsee Mud, Sky White Meditation y Gaslight, a pesar de haber sido interrumpida y reprimida por las autoridades de la época.
Este año, la fecha nos encuentra en una sintonía muy diferente. Debido a los difíciles e intensos acontecimientos recientes que mantienen al país sumido en un profundo luto y respeto por las ausencias, las habituales tarimas, las luces y los conciertos masivos han quedado suspendidos en todo el territorio nacional.
Sin embargo, el silencio de los amplificadores no significa ausencia de música. El alma rockera nacional sigue vibrando con fuerza desde la intimidad de los hogares, los audífonos y las distorsiones que suenan puertas adentro. En Venezuela, el rock siempre ha sido sinónimo de resistencia, un canal para procesar las realidades más crudas y un refugio para mantener viva la esperanza. Hoy no se salta frente a un escenario, pero se recuerda y se siente con la misma intensidad de siempre, demostrando que la verdadera esencia del género no depende de un micrófono encendido, sino de la memoria y la fuerza de su gente.
Luis Miguel Flores
Con información de ExtraNews Mundo/ Ministerio Cultura Ve
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