¿Cuáles fueron las heridas que mataron a Cristo?

¿Cuáles fueron las heridas que mataron a Cristo?

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¿Cuáles fueron las heridas que mataron a Cristo? – Foto: Agencias

Jesús era un hombre joven, saludable y en óptima condición física gracias a su oficio de carpintero y a las largas caminatas que realizaba dando a conocer su mensaje de arrepentimiento de pecados y salvación. Sin embargo, el castigo y las heridas que sufrió fueron de tal magnitud que hicieron colapsar su humanidad.

El martirio y la muerte por crucifixión no fueron propios de los romanos. Aunque estos los perfeccionaron, ya eran usados siglos antes por los asirios y los persas. Por la agonía que provoca en el condenado, Cicerón la calificaba como el castigo más cruel jamás imaginado.

Los romanos oficializaron el uso de un madero transversal llamado patibulum, al cual se ataban y clavaban las manos, y ese era el madero que el condenado debía llevar en hombros, hasta el sitio del ajusticiamiento. Por tanto, probablemente, Jesucristo cargó un solo y pesado madero en su trayecto hacia el monte Gólgota.

 

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Momentos de agonía

La agonía para Jesús se inicia en el monte de los Olivos, cuando ante la certeza del martirio suda sangre. Este fenómeno es conocido como hematidrosis, y ocurre en ocasiones de estrés extremo que aumenta la presión arterial hasta romper los pequeños vasos que rodean las glándulas sudoríparas. Es reflejo de un sufrimiento extremo.

Luego de ser arrestado, caminó varios kilómetros a marchas forzadas, hasta el cuartel, a merced de las agresiones de sus captores, quienes eran reconocidos por el maltrato que infligían a los prisioneros. No se sabe si le dieron algún alimento o bebida en ese lapso, pero es poco probable.

Poncio Pilatos ordena la flagelación, que según la ley era de 39 golpes, y fue aplicada probablemente con un flagrum, consistente en al menos cinco correas de cuero, al final de las cuales se insertaban fragmentos de metal y de hueso. Este instrumento, en manos de verdugos experimentados, dejaba heridas por contusión y por arrancamiento de la piel y los tejidos más profundos, exponiendo los músculos y parte de los huesos de las costillas. Aparte del dolor y la pérdida de sangre, la suma de las heridas dejó un área expuesta similar a una extensa quemadura profunda.

La corona de espinas es el siguiente elemento que se describe, como parte de los maltratos físicos (golpes con varas) y verbales causados por los guardias pretorianos, que se extendieron por horas sin permitir descanso. El cuero cabelludo es particularmente rico en vasos sanguíneos y terminaciones nerviosas; así el sangrado y el dolor debieron ser considerables. Existen ahí algunas especies como el Poteriumspinosum o el azufaifo, dotados de espinas largas y agudas, que sin dificultad pudieron llegar hasta el hueso.

Ya, en este momento, nos encontramos ante una víctima a punto de caer colapsada por las lesiones, las pérdidas de líquidos vitales y el estrés extremo.

La carga del pesado madero, en el trayecto desde el sitio del cuartel pretoriano hasta el Gólgota (menos de un kilómetro), bajo el sol de la hora tercia (aproximadamente las 9:00 a. m.), significa un esfuerzo casi mortal para quien ha sufrido los maltratos anteriormente citados. Tras tres caídas que, por supuesto, le causan nuevas heridas, comisionan a Simón Cirineo para que le ayude, y no vaya a fallecer en el camino.

 

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Crucifixión y muerte de Jesús

Una vez en el lugar fue despojado de las ropas y lo acuestan para clavarlo en el madero transversal. Los clavos de ese tiempo eran toscos y forjados. Contrario a las representaciones artísticas que los ubican en las palmas de la mano, el lugar anatómico que puede soportar sin desgarrarse el peso del cuerpo se ubica en los huesos de la muñeca o inmediatamente debajo de ellos.

Un clavo al penetrar en esos lugares colapsa vasos sanguíneos y nervios principales, como el nervio mediano, provocando contracturas, inflamación y dolor agudo, que aumenta en el momento en que debe soportar el peso del cuerpo.

Los pies solían ser fijados con uno o dos clavos, algunos indican que en la parte media e inferior del pie, en los espacios entre los huesos llamados metatarsianos, lo que implicaría flexionar las rodillas y ajustar la planta del pie al madero. Otra opción práctica para los verdugos era clavar atravesando el hueso del talón llamado calcáneo. Se han encontrado restos de crucificados con clavos en ese hueso. Así, el crucificado tenía mejor soporte para alzarse y respirar, lo que prolongaba días el tiempo de su martirio. Si se quería evitar esto, luego de unas horas les quebraban las piernas.

Una vez clavado y alzado en la cruz, la dificultad para respirar se añadía al cuadro del martirio. En esa posición, el peso del cuerpo y el estiramiento impiden que los músculos respiratorios, especialmente el diafragma, cumplan sus funciones para exhalar el aire.

Entonces, el condenado debe hacer estiramientos dolorosos que acaban por agotarlo más y producirle asfixia. Esto conduce a lesiones neuronales, renales y cardíacas. Sin una adecuada oxigenación y con dificultades para la circulación, los pequeños vasos sanguíneos del cuerpo colapsan y los líquidos escapan de ellos hacia los tejidos, provocando edema que al final daña la función de las células. Esto podría explicar el fenómeno de la sangre acuosa que salió del costado de Cristo al ser herido por la lanza.

Para ese momento, en menos tiempo que el que demoraba la crucifixión por sí sola, producto de la suma de las lesiones y el agotamiento de su metabolismo, es muy probable que ya hubiese fallecido.

 

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Cada una de las heridas que sufrió

El médico español José Cabrera, especialista forense, realiza un recuento de las siete heridas sufridas por el Mesías, según publica La Opinión de Málaga:

Cuero cabelludo por un casco de espinas:

Los estudios de José Cabrera señalan que Jesús llevó un casco tupido de espinas en lugar de la corona de la que se tenía constancia hasta ahora.

Nariz fracturada a golpes:

Los legionarios romanos golpearon en diversas partes del cuerpo a Jesús. Los impactos en la cara provocaron una fractura de la nariz, entre otras lesiones, según Cabrera.

Hombro derecho desollado por la cruz:

La cruz que Jesús cargó hasta su muerte pesaba unos 50 kilos. Este peso provocó que su hombro derecho se desollara de camino al Gólgota.

Costillas golpeadas con látigos:

Durante su camino al monte donde moriría, Jesús recibió hasta 300 fuertes golpes en las costillas con unos látigos acabados en bolas de plomo.

Rodillas heridas hasta la rótula:

El camino hasta el Gólgota estuvo lleno de caídas, debido al peso de la cruz. Jesús se desolló las rodillas hasta la rótula.

Muñecas atravesadas por clavos:

Las muñecas de Jesús fueron atravesadas entre los huesos con clavos, que se reservaban para “ocasiones especiales”.

Corazón atravesado para asegurar la muerte:

Uno de los centuriones romanos tenía la misión de asegurar la muerte del crucificado. Para ello, atravesó con una lanza de arriba a abajo y de izquierda a derecha el corazón de Jesús.

Pies atravesados con un solo clavo:

A pesar de que lo habitual era atar con cuerdas a los crucificados, a Jesús le clavaron un solo clavo en ambos pies, que entró por los empeines.

Causa de muerte

En opinión de Jorge Valenzuela, profesor de la Escuela de Medicina de la Universidad de Monterrey (México), la causa de muerte de Jesús fue un paro cardiorrespiratorio, tras la sistemática tortura a la que fue sometido.

“Si nosotros fuéramos a hacer un certificado de defunción, ¿qué escribiríamos? Muerte por paro cardiovascular y respiratorio, debido a choque traumático e hipovolémico, todo causado por crucifixión. Otros factores que probablemente estuvieron involucrados en la muerte fueron la deshidratación; arritmia del corazón producidas por estrés; derrame pericárdico, acumulación de agua entre el corazón y el pericardio; derrame pleural, inducida por los traumatismos, y coagulación intravascular diseminada, es decir, la sangre se coagula y por lo tanto no hay flujo”, concluyó.

El profesor Valenzuela expresó que es importante conocer y reflexionar sobre el sufrimiento de Jesús, algo que no es muy explorado en el cristianismo, pero hizo hincapié en que esta evaluación médica fue construida con evidencia histórica y análisis médico experto.

 

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La Nación (Costa Rica) /udem.edu.mx / La Opinión de Málaga