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Noticia al Dia

Crónica: El mediodía donde el Zulia se detenía por los G.I. Joe (Por un maracucho que todavía extraña el Toddy con leche)

Eran las 10:55 de la mañana y el sol de Maracaibo ya estaba "picando" de lo lindo. Pero a esa hora, el calor no importaba. La misión era una sola: sintonizar Televen. Mientras en la cocina ya se escuchaba el choque de los calderos y el olor al arroz con pollo o lentejas empezaba a invadir la casa, nosotros estábamos hipnotizados frente al televisor que no tenía control, sino una ruedita para cambiar los canales.

A las 11:00 en punto empezaba la acción. Los G.I. Joe no eran solo dibujitos animados; eran la razón de nuestra existencia antes del almuerzo. Ver a Snake Eyes, Duke y Scarlett dándole bofetadas a los de Cobra era el ritual sagrado. Pero la verdadera batalla no estaba en la pantalla, sino en el piso de granito de la sala.

Foto IA NAD

Ahí, entre las piernas de uno, se armaba el despliegue militar. Teníamos los juguetes, esos de articulaciones de liga que a veces se partían y terminábamos operando con un alambre de pan. Pero, seamos claros: el que tenía la colección completa, el que llegaba con el "H.I.S.S. Tank" o la base de los Joe, ese era el "riquito" de la cuadra, pero solo de la cuadra porque si se daban cuenta que agarrabas más allá del perimetro permitido, ibas pa’ pela. Los demás, humildemente, combatíamos con un par de soldados, un Storm Shadow sin espada y mucha imaginación.

El combustible de los campeones: Tutti Frutti y Toddy crudo con leche.

El maridaje perfecto para ver la serie en plenas vacaciones no era cualquier cosa. Si tenías suerte, tenías un Tutti Frutti frío —ese elixir rojo que hoy los chamos conocen como Juky Pack, pero que jamás tendrá ese sabor a gloria—. Si la vieja andaba inspirada, te batía un Toddy, pero de esos que quedaban con la "nata" de polvo arriba porque nos gustaba el Toddy crudo, masticando el chocolate mientras la leche fría nos quitaba el sofocón.

Apenas terminaba el capítulo, venía el "palo de agua" (el almuerzo) y la orden de la vieja: "¡Reposen la comida". Pero el espíritu de comando no se quedaba quieto.

Apenas abrían la puerta, el barrio se convertía en un campo de entrenamiento. Si no era pelotica ‘e goma que terminaba en el techo del vecino, era el perrito, el quemao o sacar los trompos y las metras para demostrar quién era el más "arrecho". Volaban las petacas (papagayos) aprovechando la brisa de la tarde, y las piernas nos quedaban canzadas de tanto jugar al toqui-toqui.

Agencia

Pero el verdadero "G.I. Joe" maracucho se graduaba en la noche. Cuando el sol por fin nos daba tregua, llegaba el momento del escondido o de jugar ladrón y policía. Correr por las veredas, saltar cercas y esconderse detrás de las matas de mango era nuestra propia misión secreta.

Hoy, esos juguetes están guardados o se perdieron en alguna mudanza, pero el recuerdo de esos mediodías de Televen, con el bigote de Toddy y el sueño de salvar al mundo desde una vereda en el Zulia, no nos lo quita nadie.

Haroldo Manzanilla

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